Océanos, el documental marino más caro y espectacular de la historia.

Océanos, el documental marino más caro y espectacular de la historia.

No está escrito en ninguna parte. Pero debería: para ser un verdadero explorador de los mares es obligatorio llamarse Jacques. Obviamente, el ejemplo más claro es Jacques Cousteau (1910-1997), aquel Poseidón de la oceanografía que con su barco Calypso recorrió el mundo y grabó documentales alentando la conservación marina. Sin embargo, monsieur Cousteau no es el único explorador acuático de la historia con fama mundial.

Ahí están también el dúo de directores –sí, franceses– formado por Jacques Perrin y Jacques Cluzaud, cuyos nombres y apellidos están siendo últimamente repetidos una y otra vez dentro y fuera de los cines gracias a su flamante documental Océanos que, con toda seguridad, se convertirá en la película favorita de los biólogos marinos del planeta entero.

Aún sin fecha de estreno en la Argentina, esta producción comenzó a proyectarse en Francia en enero de este año y desembarcará en los cines de Estados Unidos y España por estos días. La expectativa es astronómica: no sólo porque se trata de la producción documental más cara en la historia (costó 50 millones de euros) sino porque este relato visual –de 164 minutos de duración y que tomó ocho años de trabajo– retrata como nunca se ha hecho aquel otro mundo en este mundo: las masas de agua –desde las lagunas tropicales y los témpanos polares– reguladoras del clima del planeta y el ecosistema que alberga.

Con música de Bruno Coulais –el mismo de Coraline–, este film de los mismos creadores de documentales como Himalaya y Le Peuple Migrateur invita a nadar a la par de delfines y peces espada, seguir de cerca a un tiburón blanco y a mezclarse en un mar de medusas como se ve en esta imagen hipnótica.

Todo con un derroche tecnológico de punta: por ejemplo, la utilización de cámaras subacuáticas de alta definición especialmente adaptadas para la escasa luz que llega a esos confines teñidos de azul.

Océanos, así, es una sublime tarjeta postal marina que no sirve de nada si se sale del cine con la misma y habitual conducta destructiva que caracteriza a la humanidad.
Por Federico Kukso

31/03/10
CRÍTICA DE ARGENTINA

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