“La agresión más importante la recibimos del Estado”

“La agresión más importante la recibimos del Estado”

Ciro D’Antonio analiza la compleja situación que atraviesa la industria pesquera desde su lugar en Frigorífico del Sudeste y como presidente de CAFREXPORT, la cámara de frigoríficos exportadores. El rol clave del Estado en la pérdida de rentabilidad en casa y de competitividad en el exterior.

Ciro D’Antonio analiza la compleja situación que atraviesa la industria pesquera desde su lugar en Frigorífico del Sudeste y como presidente de CAFREXPORT, la cámara de frigoríficos exportadores. El rol clave del Estado en la pérdida de rentabilidad en casa y de competitividad en el exterior.

Ciro D´Antonio integra el directorio de Frigorífico del Sudeste, empresa que exporta un millón de dólares en productos pesqueros por mes a distintos mercados internacionales. La empresa integra CAFREXPORT, la cámara que nuclea a empresas de su tipo, que a su vez comercializa unos 25 millones de dólares mensuales y genera cerca de 2.500 puestos de trabajo directos.

Pero en los últimos meses la rentabilidad del sector, como la del resto de las empresas exportadoras, se ha visto jaqueada por una serie de variables que parecen distorsionar el negocio pesquero. Y el empresario es una voz más que autorizada para analizar en profundidad la realidad que enfrenta el sector

REVISTA PUERTO: – ¿Qué cálculo tienen de la suba de precios en los distintos componentes que hacen al costo de producción?

CIRO D’ANTONIO: –Si bien la suba es generalizada, hay algunas cuestiones que no dejan de llamarnos la atención. Sufrimos el aumento de costos internos y lo más importante es la agresión que recibimos del Estado, a través de los organismos públicos. Las tasas municipales subieron un 40 por ciento en los últimos dos años, incluso aportamos a un fondo de promoción al turismo con el pago de la tasa de Seguridad e Higiene. Las tasas provinciales también subieron, lo mismo que la habilitación para los camiones, entre el 100 y 150 por ciento. Habilitaciones y trámites aduaneros, en un porcentaje similar. Los servicios de SENASA lo mismo, han subido mucho.

RP: – ¿Cuánto representan en la estructura de costos estos aumentos?

CD: –No es mucho, será del orden del 8 por ciento. Después tenemos los salarios, que representan un 20 por ciento en la estructura de costos, y tuvimos aumentos entre el 25 y 30 por ciento, según la rama. La materia prima ha subido pero no en estos térmi-nos. Lo que sí ha tenido un aumento significativo son los insumos, bolsas, cartón, entre un 30 y 50 por ciento, que tienen una incidencia de otro 20 por ciento. El combustible a nosotros no nos afecta mucho, pero si la energía eléctrica, que también ha sufrido variables.

RP: –Y como contrapartida, el dólar no se ha movido con esa velocidad.

CD: –Claro, en los últimos seis meses tuvimos una variación del 2,5 por ciento. Esto genera una paradoja que de no ser trágica, sería hasta cómica. Hoy en día, dadas las condiciones actuales del mercado, resultaría más conveniente importar pescado desde la Unión Europea, que exportarlo. El otro día fui a un supermercado y me encontré con cerveza italiana o aceite de oliva a un precio accesible. En estos últimos tiempos hemos perdido rentabilidad, a partir de la inflación que parece incontrolable y también competitividad, principalmente en Europa, donde nuestros productos se han encarecido un 20 por ciento por la depreciación del euro.

RP: –Y todavía no tocamos los conflictos generados por demandas sindicales.

CD: –Ahí también tenemos una espada de Damocles en la cabeza. Salimos o se abrió un paréntesis en el problema con el SOMU y ahora estuvimos 48 horas de paro con el personal y profesionales del SENASA, que creo, demandan aumentos salariales. Estos conflictos nos complican mucho la logística. Porque si no cargás hoy, no llegás al barco y tenés que esperar una semana, con lo cual llegás tarde a responderle a tu cliente. Y como ahora la crisis ha hecho que muchos no tengan stock sino que compren a medida que van necesitando productos, un desacople en el circuito del transporte y la logística, te mata. Cuesta tanto ganar un espacio en una góndola, y no sabés lo rápido que lo podés perder. Esas son cosas de las que pocos tienen conciencia; como que se reduce a un reclamo, una protesta, pero pocos tienen verdadera idea de las consecuencias que genera.

Del total de las exportaciones de la Cámara, un 40 por ciento lo generan las ventas al mercado brasileño. A partir de la conjunción de estos dos factores, la erosión de la rentabilidad y falta de competitividad, ese mercado está en peligro, con el ingreso de productos de Tailandia con el pangasius o China, con su merluza. Esto genera preocupación en el empresariado.

CD: –Brasil no ha autorizado a que los supermercados puedan fraccionar la materia prima en sus propias instalaciones. Esto nos abre una puerta impresionante para poder crecer en el mercado brasileño. Lo tenemos servido en bandeja. Ellos demandan mucho nuestros productos. Le vendemos a cadenas como Wall Mart, nosotros; como también Centauro, Solimeno. Pero ahora han comenzado a ingresar otros productos del exterior, de Oriente, que también cuentan con valor agregado-

RP: –Varios socios de la Cámara y otras empresas han realizado importantes inversiones para reformular el circuito y dejar de exportar commodities para vender productos con mayor elaboración. ¿Cómo repercute esta situación?

CD: –Nosotros apostamos a mejorar la rentabilidad dando valor agregado a nuestros productos, porque sabemos que es la única manera de generar trabajo. Varios socios de la Cámara emprendimos este proceso de desarrollo para transformar commodities en productos terminados, con la instalación de túneles de frío y alta tecnología. Con esto generamos un incremento de entre el 20 y 30 por ciento de la masa laboral. Pero del Estado recibimos nada más que discursos, nada de hechos concretos. Los hechos demuestran que no estimulan este proceso sino que nos sacan del mercado con impuestos distorsivos, como los derechos de exportación en algunos productos que verdaderamente son inverosímiles.

RP: –Recién se refería a la situación del mercado brasileño, ¿cómo es la situación en los Estados Unidos, otro mercado de los frigoríficos que integran la Cámara?

CD: –En los Estados Unidos el problema es de créditos, no de mercado recesivo, como ocurre en Europa. Y los precios no se han depreciado tanto, sino que es un inconveniente financiero. Otro inconveniente que tenemos en Brasil es la sobreoferta, incluso de productos marplatenses. Algunos empresarios, para hacerse de efectivo, dada la poca liquidez que existe en estos momentos, liquidan los stocks a precios muy bajos, un 10 por ciento por debajo del promedio. Sería necesaria la intervención del Estado para fijar valores de aforo.

RP: –Recién mencionaba productos que sufren retenciones que definió como inverosímiles. ¿Qué caso es el más lo molesta?

CD: –Estamos exportando alas peladas de raya en paquetes de 10 kilos, fraccionadas en bolsas de 400 y 800 gramos a Francia. Es un producto que demanda mucho valor agregado porque hay que cortarlas, pelarlas. Las vendemos a un precio de 3 mil dólares la tonelada. Ese producto abona el 10 por ciento de derecho de exportación. El mismo Estado que fomenta esta producción, se nos queda con 300 dólares por tonelada. Es descabellado. Exportamos 400 toneladas por mes para supermercados. Con esa erosión de la rentabilidad, sólo nos sirve para mantenernos en el mercado, para que no entre otro, para que conociendo la calidad de nuestros productos, nos pidan otras cosas.

RP: –No es el único sector que se queja de este doble discurso del Estado, que dice promover las exportaciones y por otro, levanta barreras y pone trabas…

CD: –Hoy tenemos dos tipos de cáncer que nacen de ese Estado que antes te decía que era el que más nos lastimaba. Por un lado el impuesto al valor agregado, que es un absurdo que lo tengamos que pagar y luego de seis meses, en el mejor de los casos, nos lo devuelven. Si la exportación pesquera estuviese exenta lo único que debería controlar el Estado es que el pescado no vaya al mercado interno. Y el otro cáncer es el derecho a la exportación. No sólo deberían quitarse, sino que debería haber reembolsos para productos que tengan más valor agregado porque crean puestos de trabajo. Si se fomenta eso estoy seguro que se pueden generar 2, 3 mil puestos de trabajo. La industria pesquera podría recuperar a la gente que se quedó fuera del circuito por esta crisis. No los pueden mandar a construir plazas o agarrar la cuchara para reconvertirlos en albañiles. Son fileteros, tienen una cultura en el oficio y podrían regresar a la mesa de corte.
Por Roberto Garrone / Fotos de Diego Izquierdo

28/06/10
REVISTA PUERTO

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio