La abundancia de magrú apagó varias alarmas (Mar del Plata)

La abundancia de magrú apagó varias alarmas (Mar del Plata)

La buena zafra casi duplica los desembarques de 2014. Las buenas capturas devolvieron tranquilidad y certidumbre a un sector amenazado por la falta de stock y el ingreso de productos importados.


La buena zafra casi duplica los desembarques de 2014. Las buenas capturas devolvieron tranquilidad y certidumbre a un sector amenazado por la falta de stock y el ingreso de productos importados.

El año pasado pocos barcos salieron a buscarla y una colección de días de mal tiempo mantuvo al resto amarrado al muelle. Apenas se declararon desembarques por 7500 toneladas, cuando un par de años antes se había cuadriplicado esa cifra.

Su carencia provocó una crisis que encendió todas las alarmas en la industria conservera, la que procesa el pescado fresco que llega a muelle y para eso emplea a más de 700 trabajadores, en su mayoría mujeres, que enlatan los fragmentos que expulsa la máquina cortadora luego de cocinarla en proceso de auto clave.

Sin información fidedigna de por qué había pegado el faltazo ya que el Inidep no realiza campañas de investigación desde hace más de 18 meses, el año pasado las seis empresas conserveras que todavía siguen en pie produjeron todo lo que pudieron y lo que tenían en cámaras frigoríficas. Se quedaron con los inventarios en cero y comenzaron a rezar para que esta temporada fuera diferente.

El magrú o caballa (scomber japonicus), materia prima vital para la industria conservera y sus obreros registrados bajo convenio, es una especie pelágica que se distribuye a lo largo del litoral marítimo de Argentina y Uruguay desde los 34ºS y 46ºS. Las mayores concentraciones se ubican a la altura del 39º al sur de la provincia de Buenos Aires en la zona conocida como “El Rincón”.

Se lo considera un recurso zafrero porque el más alto nivel de extracción de la flota ocurre en la segunda parte del año, cuando el recurso se ubica a tiro de las redes de los barcos costeros y fresqueros que operan desde el puerto de Mar del Plata.

Hasta el 15 de octubre, de acuerdo a la estadística oficial que monitorea la evolución de los desembarques de la Subsecretaría de Pesca, se llevan desembarcadas 13.324 toneladas de magrú de buen tamaño comercial. Hasta los buques factoría trajeron mil toneladas a puerto.

Estos son días del epílogo de la zafra. Los barcos fresqueros “Florida Blanca”, “Promac”, “Ciudad Feliz” y “Canal de Beagle” están completando su último viaje de la temporada y podrán ubicar la cifra final por encima de las 14 mil toneladas.

Las conserveras compran todo el pescado que pueden. Para trabajar hasta fin de año y también el que viene hasta que se reanude el ciclo. La zafra fue rentable para los pescadores que armaron la red de media agua para perseguir a los veloces cardúmenes de magrú. Fundamentalmente porque el precio de venta fue bueno (arrancó en los $12 y terminó en los $10 siempre más IVA) y la captura no demandó mucho consumo de combustible.

Entre los más participativos de la temporada figuran el “Atrevido”, “Mar de Messina”, “Salvador R”, “Franca”, “Júpiter II”, “Raffaela”, “María Gloria”, “Desafío” y el “Rocío del Mar”. Las concentraciones estaban a poco más de un día de viaje de Mar del Plata y si bien muchos tardaban cinco días en llenar bodega, los capitanes más avezados, en 3 días estaban volviendo a puerto completos, con más de 2 mil cajones de 35 kilos.

Centauro, del Grupo Contessi, es la única conservera que dispone de barcos propios. El elegido para la zafra fue el “Atrevido”, que capturó caballa para ocupar a las más de 80 personas que tiene registradas. El personal temporario aguarda por el inicio de la temporada de anchoa.

El resto de las conserveras, como “La Campagnola”, “Natusur”, “Copeca”, “Marbella” y “Supremacía”, acuerdan de manera anticipada con los armadores para recibir materia prima fresca.

Se calcula que todo el sector producirá esta temporada entre 18 y 20 millones de latas de caballa de 380 gramos que se destinan exclusivamente al mercado interno. Materia prima, latas, aceite, cartón, todo producción nacional.

Si bien vender al mercado interno les permite ajustar los precios a la inflación, deben convivir con la competencia externa. Tienen que competir con productos importados que llegan a las góndolas a precios mucho más baratos provenientes de países como Ecuador, Brasil y Tailandia, donde los costos de producción son diametralmente más bajos.

El informe de coyuntura que resume la actividad del 2014 marca que el año pasado se importaron 22 mil toneladas de “Preparaciones y conservas de pescado” que generaron una erogación de 84 millones de dólares. En la Cámara de Industriales de Pescado, que agrupa a las empresas de la conserva y los saladeros, creen que en latas, la cifra representa más de 100 millones.

Las autoridades de la Cámara se han reunido en más de una oportunidad con Paula Español, subsecretaria de Comercio Exterior y demás autoridades del Ministerio de Economía para solicitarle medidas restrictivas a los importadores: grandes mayoristas y supermercados.

Las empresas notan algunos cambios; el flujo de pedidos de compra cobró mayor ritmo en los últimos meses, aunque no se relajan. Saben que sus clientes manejan muchas variables sutiles para hacer circular con rapidez los stocks, o congelarlos en lugares poco visibles para el consumidor.

Con buenas zafras como las que ha regalado el 2015 las fábricas locales podrían hasta duplicar la producción actual. Claro que también es cierto que la industria no puede plantar pilares sólidos a futuro si no cuenta con la certeza de disponer de materia prima en niveles regulares todos los años.

Recientemente el Consejo Federal Pesquero fijó la captura máxima permisible para caballa en 27 mil toneladas para el stock sur, el principal de la pesquería, y 14.200 para el efectivo norte. El organismo estableció en 4 mil toneladas la reserva para distribuir en caso de ser necesario.

Las cifras de los investigadores parecen despejar dudas sobre el buen estado de salud del recurso. Entonces aparecen las otras variables para cerrar y reducir el círculo. Si hubiese medidas que restrinjan la importación y los mayoristas comprarían más latas de caballa nacionales, los armadores podrían extender la zafra o más barcos podrían sumarse para aportar la materia prima que hace falta. Y eso generaría más puestos de trabajo sustentable que aumentarían el consumo en los mismos supermercados.

Pero mientras la industria conservera no reciba señales claras que le permitan caminar por una senda de previsibilidad, deambulará con altibajos por la orilla de un camino sinuoso y empinado. (Por Roberto Garrone; 0223)

23/10/15

 

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