Julio Alsogaray: un atleta con sueños de oro

Julio Alsogaray: un atleta con sueños de oro

Compite en Láser, un barco a vela olímpico, y será el representante argentino en los Juegos Olímpicos de Londres.

Compite en Láser, un barco a vela olímpico, y será el representante argentino en los Juegos Olímpicos de Londres.

Si fuera una máquina, representante olímpico argentino en los Juegos de Londres, estaría levemente descalibrado. Mide 1,81 y pesa 88 kilos. Sin embargo, cuando el regatista de San Pedro compite, lo hace con 82 u 84, dependiendo de cuán fuerte sea el viento. “La puesta a punto varía en dos kilos, dos kilos y medio, pero por mi contextura es mucho. Para bajarlos me tengo que mentalizar sesenta días antes.”
Sería una máquina arriba de un Láser, un barco sin motor, con una vela de 7 metros cuadrados, que usa el viento como único impulso para recorrer un circuito marcado con boyas fondeadas en el agua. Una a la que, debido al enorme desgaste de los entrenamientos, al disfrute de los buenos platos, a la ansiedad que de a ratos aparece, no le sería tan fácil regular la cantidad de combustible. Pese a eso, con un entrenamiento aeróbico intensivo, a veces pasando hambre y, si se lo propone, con estricta voluntad, en dos meses puede bajar 2 kilos y medio. “En la competencia, el peso es libre; pero influye mucho en la flotabilidad. Y si el barco se hunde, uno va más despacio.”
Si fuera una máquina, Alsogaray tendría 16 horas de autonomía: se prendería a las 8 de la mañana y se apagaría alrededor de las 12 de la noche. Varios motores: uno en cada cuádriceps (para sostener el cuerpo en el barco), otro, grande, en las lumbares y la espalda (para mantener ésta y los hombros erguidos hacia atrás) y un último, quizá más pequeño, en los abdominales (para no desmembrarse).
Sería una máquina compleja que no sólo navega a alta velocidad, sino que puede procesar videos, fotos y hacer un detallado análisis de su estilo y el de sus rivales a fin de mejorar la técnica y maximizar el rendimiento. “Soy un poco obsesivo en ese aspecto. Quizá me levanto pensando en algo, o varias veces durante el día se me aparece en la cabeza cómo mejorar lo físico, lo técnico, una situación determinada de la regata. El entrenamiento no termina cuando volvemos de navegar, sigue y sigue hasta que en un momento uno decide que tiene que frenarlo.”
Una máquina con la tranquilidad y la confianza que le dieron 12 años de antigüedad en clase Láser; años que le permiten, cuando se apaga, desconectarse totalmente sin encendidos repentinos ni problemas de insomnio. Una que decide, en un momento, a la noche, antes de comer, abstraerse de la competencia, hacer un corte mental: ver una película, cenar tranquilo y relajarse. “Si siguiera pensando, la cabeza me explotaría.”
Una máquina que necesita distintos tipos de combustible: cuatro o seis comidas diarias. Mate, café con leche, tostadas, cereales o yogur en el desayuno. Carbohidratos: pastas con alguna salsa liviana al mediodía. Barras de cereales y frutas para la merienda. Una cena proteica: ensalada y churrasco. Entre cinco y siete litros de agua por día. Nada de pan, manteca ni grasas. ¿Fritos? Menos que menos. “Si hay más viento, gastás mucha más energía y comés más. No tengo idea de cuántas calorías son, pero a veces, creelo porque es así, tengo un hambre terrible.”
Una máquina que empezó a funcionar a los 8 años, en el Náutico de San Pedro, en clase Optimist: salió tercero en un mundial, cuarto en otro, campeón mundial por equipos. Que luego, a los 19 años, ingresó en la clase Láser Standar. Fue campeón argentino en 2004, 2006, 2007 y 2009 al 2011 (en 2008 iba primero, pero la competencia se suspendió por falta de viento), subcampeón mundial en 2008, cuarto en 2009 y 2010; medalla de Oro en los Panamericanos de Guadalajara en 2011.
Una máquina que se esfuerza. Entrena de lunes a sábados. Navega, como mínimo, cuatro veces a la semana, veinte por mes. Va al gimnasio al menos cinco días. Generalmente, en doble turno. Que sabe que los descansos son importantes y, por eso, dedica un día entero a relajar los músculos y juntar fuerzas para volver a empezar. Entrena duro. A la mañana: bicicleta, buena para mantener el ritmo cardíaco. En dos horas y media recorre cincuenta kilómetros. O en el gimnasio: hace circuitos. En tiempos reducidos rota por distintas máquinas; o levanta pesas (sentadillas profundas adelante con 115 kilos). O corre. Y a la tarde, después del almuerzo, tres horas en el agua, arriba del barco, generalmente hace ejercicios técnicos.
Una máquina que se mentaliza. No piensa en ganar la medalla. Piensa en estar bien. Lo demás, sabe, es consecuencia de como interprete las cosas en el agua. Hay factores que no puede manejar; los tiene en cuenta, son los que algunos llaman “suerte”. Sin embargo, existen otros: factores controlables, como la lectura del campo de regatas y la lectura del viento. Lo más complicado de trabajar es la intuición. Pero hay técnicas para lograr estados anímicos, y la experiencia ayuda. “Si uno larga bien y lleva bien el barco y tiene buena velocidad, sólo falta una buena lectura del campo. El entrenamiento y la habilidad bastan para estar adelante.”
Antes de los Juegos, tendrá varias competencias importantes. Una en España, el mundial en Alemania, Londres en julio, Francia y, recién entonces, los Olímpicos. “No siempre se trata de ganar. En estos casos, con la vista puesta en los Juegos, quizás usemos un campeonato para entrenar algún aspecto en particular. Paralelamente a lo físico, buscamos otro objetivo, sin hacer un pico de rendimiento.”
Sería una máquina que una semana por año -en 2011 fue la última de diciembre- se humaniza, deja de lado la concentración, se reúne a comer asados con amigos, cena con la familia, sale por ahí. Para hacer un clic y arrancar de nuevo. Cada vez con más fuerza.
Máquina, pero no tanto. Porque Alsogaray dice que en Londres el nivel va a ser bastante parejo. Que luego de miles de horas de entrenamiento, habrá doce o trece competidores con posibilidad de estar entre los cinco primeros: un australiano, un inglés, un neozelandés, un brasileño, un español, él, un sueco, un holandés y otros más; y que, en ese momento, más allá de todo el trabajo aeróbico, técnico y mental, más allá de las horas y horas de ejercicio que cada uno de ellos tenga acumuladas, la gran diferencia la hará el que esa semana se sienta mejor, que tenga más picardía deportiva.
Máquina, bastante poco. Porque Alsogaray se tiene confianza. Se siente muy bien. Y piensa que si llega como quiere, físicamente excelente, con la puesta a punto arriba del barco, con el peso ideal, la concentración justa, una buena mentalización, la energía alta, puede andar bárbaro. “Pero los campeonatos hay que jugarlos”, recula, aunque luego se arriesga y comenta que las probabilidades de sacar una medalla, de estar entre los tres primeros puestos en los Juegos Olímpicos que se harán en Londres, en la bahía de Weymouth, resguardada en la costa sur de Inglaterra, andan entre el 70 y el 75 por ciento. “Yo me siento así. Y es alto. La verdad es que es un porcentaje alto.”

21/04/12

REVISTA BRANDO

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