Huelga de hambre en la puerta del INIDEP

Con los buques amarrados.

Con los buques amarrados.

(Mar del Plata) Los buques de investigación científica del INIDEP van para 3 meses de parálisis absoluta. Y el último registro de actividad lo tuvo sólo el Holmberg con su mentada campaña de juveniles de merluza con trabajo a reglamento. Los otros 2 barcos no se separan del muelle desde fines del año pasado.

Lo más preocupante es que parece no importarle a nadie que el principal instituto pesquero del país esté virtualmente paralizado por un reclamo salarial de los gremios marítimos.

Cuando no es por el reclamo salarial del personal técnico y científico, son las reparaciones de los propios buques o las protestas por mejoras laborales de los tripulantes. Lo cierto es que el INIDEP no está cumpliendo con sus funciones. A esta altura de los acontecimientos muchos se preguntan, y con razón, si existe verdaderamente voluntad de parte del Estado por encontrar las respuestas al pedido de los trabajadores en conflicto.

En ese contexto de apatía generalizada, no resulta extraña la decisión de Luis Pussetto, mozo del Oca Balda, quien el martes pasado comenzó una huelga de hambre, como un llamado de atención a las autoridades para que resuelvan la cuestión.

“Las soluciones no llegan y tengo que luchar por el sustento de mi familia”, dijo el mozo parapetado detrás de un par de carteles donde informa la coyuntura que lo llevó a tomar la medida. “El mes pasado sólo cobré el básico de 1.200 pesos; pagué el alquiler y no me alcanza para nada más”, cuenta mientras se queja de no percibir el plus de la comida. “Embarcado gano más de 4 mil pesos, pero no lo hago desde hace 5 meses”, especifica.

“Siempre consideré que la primera tarea es generar conciencia, en todos los ámbitos y actos de la vida. Ahora le pido al Ministerio de Trabajo que nos dé paritarias y poder conformar un Convenio Colectivo de Trabajo para regular la actividad. Trabajo 13 horas en el mar y sólo me pagan 8”, denuncia.

Sus compañeros del SIMAPE le trajeron unos colchones para atemperar la dureza de las baldosas del hall de ingreso al Instituto, el telefonista lo deja pasar al baño y tiene canilla libre de agua caliente. Con la radio colgada al cuello se hace compañía cuando llega la noche. No le hace falta más. Sólo pide que se conozca “el apoyo que me brindó el biólogo Mario Lasta”.

Atento a los tiempos que tienen las autoridades en atender las demandas laborales, o por lo menos éstas, Pussetto luce una anatomía compacta, capaz de soportar, al menos un par de semanas, la apatía oficial.

21/04/08
PESCA & PUERTOS

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