Entrevista a Guillermo Cañete, coordinador del programa marino de la FVSA.
Entrevista a Guillermo Cañete, coordinador del programa marino de la FVSA.
Preocupado por ver un camino al colapso de la pesquería de merluza, advierte que se deben adoptar urgentes medidas de fondo. Además sostiene que persistir con el exceso de la capacidad de pesca y un sistema no transparente de administración conspira contra la actividad.
– Cada vez son más los diagnósticos sobre la crisis de la actividad pesquera, pero la realidad ya muestra signos sobre la crudeza de la situación.
– Es necesario seguir hablando de la crisis porque me parece que no está bien instalada, en cuanto a qué significa, qué la causa, y los problemas de fondo junto a la necesidad de solucionarlos. Es importante que la gente empiece a tomar conciencia que estamos en una situación muy delicada, nos parece que estamos en un camino muy peligroso de ir a un colapso pesquero. Colapso que traerá consecuencias económicas y sociales muy fuertes, pero que además generará un impacto sobre el ecosistema que no podemos permitir, es necesario hacer algo antes y no dejar que las cosas transcurran sin medidas de fondo.
– Pareciera que siempre se actúa sobre la coyuntura y no se proyectan políticas pesqueras de largo plazo. ¿Cuál es su visión?
– Es una discusión que tenemos con las autoridades, porque cuando se las consulta enumeran una serie de acciones que han tomado, pero habría que definir qué es una política pesquera. Es un conjunto orquestado de estrategias, actividades y una visión de mediano y largo plazo, que genere mecanismos de resolución de conflictos, que articule los diferentes intereses en juego, políticas activas que incentiven el valor agregado, instrumentos de administración e investigación pesquera. Y esto en la actualidad no existe.
– ¿Qué ha sido lo que llevó a la pesca a esta situación límite?
– Básicamente el aumento del esfuerzo pesquero, una falla muy fuerte de los sistemas de control y administración. En la década de los ’90 se declararon capturas por 1,2 millones de toneladas, superando las capturas máximas permisibles, eso es un signo claro de la falta de administración. Si no hay límites no hay sustentabilidad, y una cuota es un límite. Si uno no puede hacer negocios con una cuota, significa que hay un problema, o necesita más pescado o necesita mejorar su negocio, si no alcanza, la pesca no es sustentable. Y seguir pescando significa poner en riesgo el patrimonio de toda la sociedad, que son los recursos naturales.
– ¿A futuro habrá que pensar en un sistema muy distinto al actual?
– Decimos que el Estado aún tiene la posibilidad de hacer algo. Somos optimistas, es muy difícil, hay intereses muy fuertes y posiciones encontradas, pero hay que hacer algo y evitar el colapso. Y ese hacer algo depende de una decisión política que modifique el status quo, que dé señales muy claras al sector privado para respetar las reglas.
En este momento, el negocio pasa por no cumplir las reglas, y quienes quieren cumplirlas se ven perjudicados porque quienes las incumplen tienen ventajas competitivas. Hay que terminar con la corrupción en la pesca, hay que blanquear lo que realmente se está pescando que no es necesariamente lo que se declara en las descargas. El problema de fondo es un exceso de la capacidad pesquera y un sistema de administración corrupto, que de persistir nos quedaremos sin pesca.
– Si las empresas no cumplen, es porque también el Estado no controla ni sanciona. ¿La excepción se ha transformado en regla?
– La corrupción tiene dos lados, un corrupto y un corruptor. Lo malo no es cada hecho puntual de corrupción, sino que es un sistema instalado. Por ejemplo, hay cientos de sumarios por el no uso del DISELA o el DEJUPA, es decir que se puede estimar qué cantidad de juveniles han muerto por no utilizar un sistema de selectividad, quiere decir que la medida no ha sido efectiva, algo ha pasado.
Hay que tomar decisiones políticas que hagan temblar esta estructura de corrupción. Argentina tiene compromisos internacionales, si hay un colapso no cumpliríamos con lo que nos comprometimos en la Ley del Mar, la comunidad internacional nos está mirando. Hay que evitar el colapso, hay una oportunidad, estamos a tiempo, pero se requiere de decisiones políticas de largo plazo. Una crisis es un riesgo o una oportunidad para el cambio, y desde la Fundación Vida Silvestre decimos que no solo podemos ser testigos del deterioro de la actividad pesquera y de los ecosistemas marinos, somos una organización que busca la biodiversidad y la promoción del desarrollo sustentable. Por eso hacemos un llamado a la responsabilidad y al cumplimiento del marco legal que existe.
– Para tomar medidas se necesita de información científica sobre la salud de los recursos, y hoy no abunda.
– Otro de los temas es el acceso a la información pública. El INIDEP es un organismo que tiene una misión como asesor del Estado y hay que clarificar que ahora está en una crisis con sus barcos parados hace meses, pero no solo eso, vive una crisis institucional desde hace mucho tiempo donde no está definido el modelo que persigue.
En este momento hay desafíos gigantescos para un organismo de investigación como este, en el año 2006 el Consejo Federal Pesquero le dio un mandato de investigar bajo un enfoque ecosistémico, es una transformación de cómo ver el mar. Ya no se ve una especie, sino todo el ecosistema. A 6 meses de un conflicto gremial, no es razonable que no tenga solución.
– ¿A quien le conviene un INIDEP parado?
– Hay que ver los principios de prevención y precaución que hay en la Ley Federal del Ambiente. Antiguamente se pensaba que la falta de información habilitaba a hacer cualquier cosa, en este momento, los funcionarios están comprometidos con la actual legislación a aplicar un enfoque precautorio. Si hay una sospecha, aunque no esté confirmada científicamente de que el recurso está en riesgo, tienen que tomar medidas de precaución. Al recurso y al ecosistema no le convienen un INIDEP paralizado. El secreto de la investigación pesquera es encontrar el área y la época donde genere menos impacto la pesca, esto significa poder pescar sin comprometer el recurso. Si no hay datos, ni información no se puede hacer eso. La posibilidad que los barcos salgan del muelle y vayan a pescar depende de saber qué es lo que está pasando, cuánto se puede pescar, dónde y cuándo.
– ¿Cuál es su visión sobre la administración pesquera nacional?
– No hay una política pesquera nacional que pueda asegurar una sustentabilidad de los recursos. De hecho si vemos lo que ocurrió después de la crisis de la década del ’90, la merluza nos entregó generosamente varios años de éxitos reproductivos y de reclutamiento, pero esos juveniles fueron pescados y no se permitió recuperar el stock de adultos reproductores, eso fue una grave falla del sistema de administración.
Los objetivos de manejo no se cumplieron, y actualmente estamos con un sistema legal que hace que estemos en la ilegalidad. Nos guste o no hay una ley pero no se está cumpliendo. Si aplicamos un criterio de evaluación por resultados, una gestión en pesquerías debe verse sobre la salud del stock reproductivo, y si vamos a un colapso evidentemente algo falla en el sistema de manejo.
– ¿Cuál es el papel de Chubut en este esquema al tener áreas sensibles de reproducción?
– No venimos a juzgar los sistemas de manejo de Chubut, pero sí es cierto que esta provincia tiene un rol importante porque junto a Santa Cruz manejan un golfo importante desde el punto de vista biológico, económico y ecosistemico.
A su vez Chubut está enfrente de un área de veda, tiene áreas donde se producen procesos reproductivos importantes, y es muy importante que estén protegidos.
Las autoridades dicen que hay precaución, pero no se debe hacer en forma aislada, el esfuerzo que se hace debe ser integrado en una política nacional donde lo que se reserva acá no se descarte en otros sitios.
Evidentemente el Consejo Federal Pesquero no ha logrado ser la caja de resonancia de una política federal. Quiero destacar que si la provincia de Chubut hace esfuerzos para proteger los recursos en sus aguas de jurisdicción esto tiene que estar integrado a un esquema nacional, sino les van a tocar las generales de la ley y un colapso que nos afecta a todos.
– ¿Que dice la experiencia internacional? ¿Los caladeros que han colapsado se han podido recuperar en el tiempo?
– Hay experiencias de recursos con presión excesiva y sobrepesca. Hay recursos que no se han recuperado, y especies que han sido reemplazadas en el ecosistema. Un colapso significa llevar a una población a niveles de abundancia que no hacen rentable su pesca. El impacto de una disminución poblacional de tal tipo puede acarrear consecuencias importantes sobre otros recursos, por eso insisto en que se debe analizar el impacto sobre el ecosistema y no en forma aislada. Las consecuencias de la sobrepesca, y continuar en el tiempo con estos niveles de mortalidad por pesca significan afectar otras cosas, incluso es algo que todavía se debe investigar con mayor seriedad.
– ¿Cree que si no se toman medidas urgentes, lo ocurrido en el stock norte puede también suceder en el stock sur de merluza?
– Es una cuestión de tiempo, si hay un exceso de barcos pescando, y no se puede controlar lo que realmente se está pescando y si coincide con lo que se declara que se descarga, es fácil pensar que nada nos haga sentir optimistas.
Cuánto vamos a tardar, no sé. Quizás nos queden dos años más, o tal vez la merluza nos regala otra reproducción exitosa como tuvimos en los años 2004, 2005, pero si no se toman medidas de fondo el futuro es previsible.
– ¿Es descabellado pensar en un esquema pesquero a 10 años, donde para que sea sustentable el recurso se requiera de menos empresas y consecuentemente menos empleo?
– Ese es un dilema muy serio para las autoridades, que requiere de una política con una visión muy amplia. Hay una respuesta muy fácil que es que si uno agrega valor por tonelada pescada está asegurando trabajo, pero eso es muy difícil hacerlo. Hay que ser realistas, es muy posible que no podamos sostener toda la capacidad instalada. Pero qué se hace con esa gente es el gran dilema, el Estado tendrá que salir a entregar subsidios para atemperar esa crisis social, es decir un colapso pesquero le saldrá muy caro a toda la sociedad. Entonces, es preferible invertir para un cambio que permita anticiparnos a los problemas.
– ¿No habrá sustentabilidad económica de las empresas, si no hay sustentabilidad de los recursos?
– El ambiente marca la cancha, por esto el Estado debe hacer cumplir los límites, buscar el mayor aprovechamiento del recurso con incentivos al valor agregado. Se requiere de un sistema razonable de manejo y administración que se anticipe y solucione los conflictos, de esa manera vamos a asegurar la sustentabilidad en su dimensión completa.
La FAO hace recomendaciones de principios y hasta de tipo éticos, pero en un mundo donde prevalecen los beneficios económicos a veces no son escuchados. No podemos ser ni ingenuos ni utópicos, lo que hay que tratar es que los objetivos de esos principios estén acompañados de prácticas que sean razonablemente rentables, que permitan negocios rentables, de esa manera vamos a ser realistas. Pero sin recursos no habrá negocios rentables. Sin peces, no habrá pesca, ni pescadores.
– ¿En este escenario, qué rol asume la Fundación Vida Silvestre?
– Estamos haciendo un trabajo de llevar toda la información a los actores, escuchar propuestas y movilizar a la opinión pública. La sociedad debe enterarse de estas cosas porque es parte de su patrimonio. Los actores económicos y los funcionarios deben saber que se puede hacer algo y que tienen que tomar compromiso con esta situación. Vida Silvestre está poniendo en juego su prestigio ante la comunidad y su capacidad de acción, somos una ONG que trata de influir para que haya una política superadora.
Por Nelson Saldivia
25/08/08
PESCA & PUERTOS
