Entre ecologistas australianos y balleneros japoneses en la Antártida
Entre ecologistas australianos y balleneros japoneses en la Antártida
Mientras desde las tranquilas costas patagónicas nuestras campañas científicas y ecológicas se abocan a contar, admirar, clasificar y renombrar ballenas, en un horizonte no tan lejano como el antártico están “volando los platos”.
Esta semana, el Gobierno australiano ha pedido a los ecologistas y a los buques balleneros japoneses que "se controlen al máximo", después de que los activistas de la organización Sea Sheperd amenazaran con nuevas acciones para impedir la caza de ballenas.
Una verdadera batalla
Las cosas como están ya sobrepasan simples cruzadas intimidatorias o escraches. Los pesqueros clandestinos camuflados de científicos –además de estrategias de disuasión- aplican agresiones directas, y los ecologistas no se están quedando atrás.
La misión del barco ecologista ´Steve Irwin´, capitaneado por Paul Watson y con una tripulación de 17 personas, es abordar los balleneros japoneses, destruir sus equipos y detener a sus tripulaciones para sacarlos de la Antártida.
Watson opinó que la flota japonesa "está violando claramente la orden del Tribunal Federal australiano que prohíbe operaciones balleneras dentro de la Zona Económica Exclusiva australiana".
El ministro australiano de Exteriores, Stephen Smith, indicó en un comunicado que su Gobierno "se opone decididamente al programa de Japón de caza de ballenas con fines ´científicos´ y quiere que pare su caza en el Océano del Sur".
Sobre los ecologistas, Smith dijo que no aceptan "acciones violentas o inseguras que puedan poner vidas en peligro en alta mar".
El canciller apuntó que el enfrentamiento entre el Steve Irwin y los balleneros japoneses ocurre a una gran distancia de Australia, bajo difíciles condiciones meteorológicas y marítimas, y que no estarán en condiciones de responder de forma inmediata en caso de que se produzca un incidente grave.
Continúa la cacería ilegal
Japón puso en marcha el pasado noviembre su programa anual de captura de cetáceos "con fines científicos", pese a que la Comisión Ballenera Internacional solicitó en junio pasado a Tokio que lo parase, tras una resolución no vinculante auspiciada por Australia.
Desde entonces, Australia vigila a los pesqueros nipones con el "Oceanic Viking", que filma sus operaciones para que éstas puedan ser juzgadas algún día por un tribunal internacional.
El mes pasado, un juez australiano declaró ilegal la caza de ballenas en la reserva marítima de Australia en la Antártida, algo que Japón no reconoce al considerar que Camberra no tiene jurisdicción sobre ese territorio.
25/02/08
DIARIO DE MADRYN
