Mientras en el mundo subía a un ritmo del 4 por ciento, en la Argentina, la producción de gas declinó poco más del 10 por ciento, en los últimos tres años.
Mientras en el mundo subía a un ritmo del 4 por ciento, en la Argentina, la producción de gas declinó poco más del 10 por ciento, en los últimos tres años.
Según un estudio de la Fundación Mediterránea, ello explica las profundas restricciones a las que apeló el gobierno nacional en los últimos tiempos, que afectaron con particular énfasis a plantas ubicadas en el Polo Petroquímico de Bahía Blanca, donde las pérdidas fueron considerables.
Justamente hace unos días, el presidente de Dow Argentina, Rolando Meninato, declaró a este diario que, si se dispusiera de materia prima (gas) en cantidad suficiente, la planta que la compañía tiene en el sector de Cangrejales podría incrementar su producción anual hasta un millón de toneladas, frente a las 600.000 de la actualidad. Pero tal meta, por el momento, aparece como muy difícil de alcanzar, atento a la evolución de los acontecimientos. O sea, que eventuales nuevas inversiones que la empresa norteamericana podría realizar en Bahía Blanca quedan en suspenso, al menos, hasta que se pongan en práctica otras políticas energéticas. Agregó el citado directivo que el gobierno está decidido a priorizar el consumo domiciliario, lo cual "nos paraliza" en las intenciones de expandir el escenario productivo.
Bahía Blanca es epicentro de las medidas aplicadas por el gobierno nacional para conjurar el déficit de gas. En lugar de instrumentar pautas que permitan incrementar la producción (sucede también con el petróleo), se ha optado por importar gas licuado desde el Caribe, a los efectos de luego someterlo en la zona portuaria al proceso de retorno a gas natural. La presencia de los buques regasificadores, que en primera instancia se suponía podría tratarse de un episodio circunstancial, hasta que se superara el cuello de botella, se ha convertido en un hecho permanente. Más aun: avanzan los estudios que llevarán a construir una planta regasificadora en terrenos de la Armada, dentro de la jurisdicción de la Base Naval Puerto Belgrano. O sea que, al menos por los años venideros, la situación no ofrecerá variantes: la Argentina seguirá dependiendo de la importación, que supone (dicho sea de paso) erogaciones que bien podrían haberse evitado.
Consecuencia de estos despropósitos es que Chile, al que abastecíamos hasta no hace mucho tiempo, podría convertirse ahora en proveedor de la Argentina, ya que (ante la carencia de yacimientos propios) ha levantado plantas regasificadoras a fin de satisfacer sus demandas internas, sin depender de la importación desde nuestro país.
Pata completar el enfoque, basta señalar que especialistas en cuestiones energéticas acaban de sostener que al país le falta un tercio del gas que consume en la actualidad, de manera que las importaciones representan (y así será por un tiempo aún indefinido) un recurso insustituible del cual podría haberse prescindido, si se hubieran aplicado políticas de aliento a la producción.
18/10/10
LA NUEVA PROVINCIA
