Si no se termina de ver como un problema por solucionar la estrecha correspondencia que existe entre las variables granos y cereales (su volumen exportado y cotización), costo de producción (con inflación en dólares), distancia y modo de llegada a puerto, costo de este flete, tiempos de carga en buques, eficiencia en la navegación y acceso a los puertos de los buques, pierde todo sentido hablar de una política de Estado de exportaciones.
Si no se termina de ver como un problema por solucionar la estrecha correspondencia que existe entre las variables granos y cereales (su volumen exportado y cotización), costo de producción (con inflación en dólares), distancia y modo de llegada a puerto, costo de este flete, tiempos de carga en buques, eficiencia en la navegación y acceso a los puertos de los buques, pierde todo sentido hablar de una política de Estado de exportaciones.
Si no se ve que hay que hablar de logística de los embarques de la producción argentina al exterior, es decir, de la logística de exportación, queda vacío de contenido todo discurso.
Pueden eliminarse las retenciones, puede adoptarse una promoción agresiva de exportaciones, puede instrumentarse un plan integral de financiación de la producción, subsidios de tasa, prefinanciación de exportaciones e incluso acuerdos comerciales con terceros mercados.
Pero si no cambia la forma, poco importa el contenido. Unos números para entender el problema: el recorrido del flete corto entre la chacra y el puerto participa con el 37% del costo total del transporte de cereales (medido en toneladas por kilómetros recorridos) a los mercados de exportación.
Si hay que viajar 12.000 kilómetros, los 300 kilómetros al puerto (2% del trayecto total) representan casi el 40% del costo total.
Es pura decisión política y compromiso empresario resolver las fallas logísticas de la exportación nacional.
Resulta ilógico, incomprensible, que existan puertos, como el de San Pedro, con calado y elevadores, que en esta cosecha no haya cargado ni una tonelada de cereal.
Para un pequeño productor de esa localidad, tener que mover su cosecha 85 kilómetros más a Ramallo porque el puerto local no opera equivale a la más palmaria inviabilidad de su ecuación económica.
Emiliano Galli
01/06/10
LA NACION
