Cuando el viento viene del norte se nota más. Es una preocupación ambiental creciente, que se suma al basural a cielo abierto y a los camiones con productos de pesca que pasan por la zona urbana.
Cuando el viento viene del norte se nota más. Es una preocupación ambiental creciente, que se suma al basural a cielo abierto y a los camiones con productos de pesca que pasan por la zona urbana.
En plena temporada de turismo la ciudad aún adolece de varias fallas que al parecer no han sido percibidas por las autoridades municipales, aún cuando se trata de temas de larga data.
Es fácil percibir -cuando sopla una brisa del sector norte de la ciudad- un olor nauseabundo proveniente de las plantas de harinas de pescado, un tema recurrente que ya en otras oportunidades hemos analizado, pero que hasta el momento no se ha corregido. Sobre todo, cuando muchos camiones con estos productos pasan casi por el centro.
El mal olor inunda por completo la ciudad y se hace difícil a veces convivir con ello, ya que en la mayoría de las oportunidades esto sucede cuando cae la noche, momento en que residentes y visitantes se aprestan a la cena.
Ni hablar del putrefacto aroma que se huele en el acceso norte a Puerto Madryn, es decir que justamente quienes llegan a la ciudad y acceden por esa vía son recibidos, por un lado con una postal panorámica de la ciudad, pero con el otro con un olor nauseabundo que a veces se hace difícil soportar.
Somos una ciudad turística, con bellezas naturales extremas, pero todo eso contrasta con esta otra realidad que los madrynenses venimos soportando desde hace tiempo los 365 días del año, sin que hasta el momento haya existido una sola mención de las autoridades municipales respecto de cómo se podría solucionar el tema.
El acceso norte a la ciudad es un caos en materia ambiental. Por un lado un basural a cielo abierto que crece día a día, productor lógico de la densidad poblacional también en crecimiento y por el otro en verano la llegada de muchos visitantes que aumenta considerablemente la población estable.
Sumado a ello el Parque Industrial Pesquero, que también aporta lo suyo con las plantas procesadoras que en muchos casos, destilan un fétido olor producto de los líquidos residuales que quedan después del proceso que se le aplica al producto de la pesca, y como si esto fuera poco, una serie de cuencos a cielo abierto también que reciben la descarga precisamente de todos los residuos que descargan esas mismas plantas procesadoras.
Es decir que nuestro slogan de ciudad turística, que vela por la ecología y el medio ambiente, pareciera desaparecer a la hora de tomar las decisiones más correctas para poder avalar con hechos lo que declamamos en los papeles.
No son temas menores para una ciudad que crece y que debe dar el ejemplo, para seguir creciendo en forma ordenada y tomando decisiones de antemano y no trabajando sobre la coyuntura, como pareciera que viene sucediendo.
Una ciudad que mira al un golfo, que está rodeada de una geografía inigualable, que es la puerta de acceso a un Patrimonio de la Humanidad, tantas veces utilizado en aras de la preservación y el medio ambiente, no puede permitirse este tipo de desbordes y muchos menos acallarlo, porque más tarde o más temprano – en el futuro – terminaremos pagando muy caro los desatinos del presente.
08/02/08
DIARIO EL CHUBUT
