En un viejo puerto del Litoral, los alumnos construyen embarcaciones

En un viejo puerto del Litoral, los alumnos construyen embarcaciones

Restauran lanchas que son usadas como transporte escolar en islas entrerrianas.

Restauran lanchas que son usadas como transporte escolar en islas entrerrianas.

PARANA.- El mundo inerte y oxidado de lo que fue uno de los principales puertos fluviales del Litoral es el paisaje en el que se erige la Escuela de Educación Técnica Puerto Nuevo, de esta ciudad, con alumnos que aprenden a construir embarcaciones y a repararlas.

El año pasado, los estudiantes de quinto y sexto año del secundario hicieron un trabajo notable: construyeron cuatro embarcaciones que ahora son utilizadas como transporte escolar de auxilio en el sur entrerriano.

Hoy, la práctica de los estudiantes consiste en devolverle vida a un viejo cascajo de 13 metros de eslora que data de la década de 1940 y que alguna vez fue un colectivo fluvial en el Tigre. También esa embarcación será destinada al servicio escolar en la zona de islas de esta provincia.

Con naturalidad, los chicos se trepan a tablas desvencijadas, mueven enormes moldes y manipulan la fibra de vidrio que para los ojos desacostumbrados no es más que un rollo de tela. Un par de jóvenes trasladan unos pesados tachos y responden sin detenerse más de la cuenta cuando LA NACION les pregunta qué es lo que llevan: Es resina.

Hace un año, el principal gremio de docentes entrerrianos denunció la falta de transporte en zonas isleñas, lo que afectaba directamente a cientos de alumnos y docentes. Nosotros aceptamos el desafío con los chicos y nos animamos a hacer las lanchas partiendo de la nada, con materiales y un molde, explicó Walter Müller, uno de los docentes, que sigue ligado a la escuela luego de su paso como alumno.

Varias etapas

La historia de la Escuela del Puerto como la conocen en la zona es el relato vivo de buena parte del devenir del país. Un pasado de esplendor, el desguace, la amenaza de cierre en la década de 1990 y el empecinamiento de un grupo de vecinos que se plantó para que la institución siga funcionando.

Hubo un año en que la inercia acelerada de los docentes y la colaboración de los pobladores de la zona garantizaron el futuro del colegio. La escuela siguió funcionando aun sin autorización ni reconocimiento del Estado entrerriano. Hoy es la única escuela que otorga el título de técnico naval.

Comenzó en los años 40 como una escuela de oficios, ligada al Ministerio de Obras Públicas de la Nación. Los alumnos salíamos con trabajo seguro en el área de Vías Navegables y de acuerdo con el oficio en que nos especializábamos, recordó Alfredo Milocco, vecino de la zona portuaria.

Milocco es docente y uno de los pocos dibujantes cartógrafos que registran con su pluma los rasgos del enorme río, en un tramo que se extiende desde Corrientes hasta la zona media entrerriana.

Por años, la Escuela del Puerto quedó flotando en medio de la deserción de los estados nacional y provincial. Aún permanecen en pie los enormes galpones de estilos arquitectónicos admirables que alguna vez atesoraron las funciones estatales. Pero en su interior no hay más que quietud.

Nosotros apostamos al milagro de la educación. Hay un momento en que puede hacer un clic en los chicos. Pero somos conscientes de que muchos vienen a la escuela por el comedor. Sin embargo, cuando ellos ven de lo que son capaces, en los años superiores, arreglando embarcaciones y construyendo otras, muchos emprenden un camino. Surge el interés por el oficio y hasta evidencian un gran entusiasmo, relató la directora, Viviana Sánchez.

Recuerdos y vivencias

Horacio Sabodelli asiente a su lado y sabe de lo que habla la docente. El mismo fue descubriendo el valor del aprendizaje en aquella escuela ribereña, y hoy despliega esos conocimientos en una empresa de capitales españoles, con sede en Buenos Aires, para la que realiza planos navales.

En su función de ex alumno y actual proyectista, de visita por las viejas aulas. LA NACION le preguntó si aplica en su actividad profesional lo que aprendió en esta escuela. Sí, porque aunque hoy se trabaje con computadoras, lo que aprendimos en el aula nos da las herramientas necesarias para comprender cómo se hace un proyecto, respondió con orgullo.

La verdad agregó es que le debo mi trabajo a esta escuelita, en la que entré sin saber bien qué quería hacer yo.

Tienen que estudiar, ¿eh?, dice Sabodelli a un par de alumnos que siguen cargando tachos sin reparar en diálogos ajenos. Uno de los alumnos asintió con la cabeza la recomendación sólo para acusar recibo de la frase y continuó enderezando tablas sobre el recuerdo de un lanchón desvencijado que mañana será un transporte escolar.

Por Jorge Riani

27/10/08
LA NACIÓN

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