El turismo y la preservación ambiental en la Antártida (II)

El turismo y la preservación ambiental en la Antártida (II)

(FNM) La presente nota es la continuación de una seria de dos artículos publicados por NUESTROMAR con entrevistas a dos reconocidos marinos antárticos de nuestro país, cuya primera parte fuera publicada en pasado jueves 8 de enero.

(FNM) La presente nota es la continuación de una seria de dos artículos publicados por NUESTROMAR con entrevistas a dos reconocidos marinos antárticos de nuestro país, cuya primera parte fuera publicada en pasado jueves 8 de enero.

Como decíamos en la primera parte de esta nota, el incremento de la actividad turística en el delicado ámbito antártico, y la reiteración de accidentes protagonizados por buques dedicados al transporte de los visitantes, mantienen viva una polémica de creciente interés general, y de particular repercusión en países, que como la Argentina, son parte de la historia del continente, sobre el que exhiben antiguos y sostenidos intereses.

Consultamos a dos respetados y experimentados marinos antárticos de nuestro país. Aquí nuestro diálogo con Raúl Benmuyal, capitán de navío de la Armada Argentina, hidrógrafo y avezado navegante antártico. Entre otras responsabilidades, fue Comandante del Rompehielos “Almirante Irízar”, y de la Agrupación Naval Antártica. Desempeñando esta última función, protagonizó precisamente en el invierno de 2002 la recordada misión “Cruz del Sur”, de rescate del buque polar alemán “Magdalena Oldendorff”. Esto nos dijo:

NM: ¿Existe alguna relación entre los accidentes de los últimos tiempos y la inexperiencia de los capitanes que conducen los barcos en este contexto de nuevo turismo o turismo de aventura que está llevando cada vez más gente a la Antártida?

RB: Veamos, debemos diferenciar entre “turismo aventura” y turismo de cruceros. Dentro del “turismo de aventura” podemos considerar a diferentes grupos de navegantes a vela que llegan a la Antártida con sus embarcaciones, y que normalmente muestran un desconocimiento muy grande sobre las formas de proceder en la protección del medio ambiente antártico, ignorando por completo lo especificado en el “Protocolo para la protección del medio ambiente antártico, internacionalmente conocido como “Protocolo de Madrid”.

En general, se trata de muy buenos veleristas y bastante intrépidos, pero que desconocen cómo navegar en áreas de hielos. Aunque habitualmente no se internan en zonas excesivamente cubiertas por ellos, puede darse el caso  -como sucedió el verano 2007-2008-, que el hielo se extienda mucho más al norte de lo habitual, alcanzando áreas donde suele ser escaso o estar simplemente ausente en dicha época. Y esa es la zona adonde va el turismo, tanto el de aventura como el de cruceros.

Con respecto a los Cruceros de turismo, en general los capitanes de esos buques provienen del hemisferio norte. Son nórdicos, canadienses, rusos o de países próximos al casquete polar norte, y por lo tanto están  acostumbrados a navegar por zonas de hielo.

Sin embargo, es allí donde estriba la diferencia. ¿A qué me refiero?: navegar entre hielos en el Ártico es muy diferente a hacerlo en la Antártida, pues la constitución, dureza, forma y demás características de los hielos son diferentes.

El casquete polar Ártico está conformado por agua congelada, rodeado de continentes; en general esos hielos no están sometidos a presión y se renuevan periódicamente. Por el contrario la Antártida es un continente cubierto de hielo y rodeado por grandes extensiones de mares. Posee hielo extremadamente antiguo, varias veces milenario y de extremada dureza, proveniente de los glaciares -por ende de agua dulce-, desde donde se desprenden los témpanos gigantescos que circulan en general en derredor de la Antártida y por debajo de la convergencia antártica, si bien a veces se los encuentra más al norte.

Además hay hielo salado que se forma por congelamiento del agua de mar. Éste puede tener espesores y antigüedades variables, con fuertes acordonamientos debido a las importantes presiones que se producen en toda esa masa, que se mueve constantemente.

Este hielo al que en invierno se encuentra por sobre los 60º de latitud sur, en verano normalmente se lo halla mucho más al Sur. Pero como expresé anteriormente, el último verano ese hielo prácticamente ocupó gran parte del denominado Mar de la Flota, que se ubica entre las islas Shetland y la península Antártica, y que es la zona donde se mueven los grupos turísticos.

Retomando la idea, en general los capitanes de los buques de cruceros son eximios navegantes en los hielos del Ártico pero desconocen el comportamiento de los hielos antárticos. Es por ello, a mi juicio, que en condiciones glaciológicas extraordinarias, se han producido estos accidentes.

En mi opinión, todos los capitanes y oficiales de puente de los buques que van a la Antártida deberían efectuar en forma obligatoria una capacitación similar a la que brinda nuestro país hace más de 20 años a través del “Curso de navegación en aguas antárticas”. En él se han capacitado oficiales mercantes y de guerra de una muy importante cantidad de países con intereses en la Antártida. Además los buques de turismo de porte deberían contar con asesores antárticos en temas de navegación, los llamados “Ice Master” o capitanes de hielo.

NM: ¿Cómo afecta o podría afectar el turismo al Continente Blanco?

RB: Creo que el turismo de crucero está muy bien organizado. En ese sentido, la IAATO -institución no gubernamental dedicada a la organización y control del turismo antártico- realiza una excelente labor haciendo cumplir las normas que fijan los organismos del Tratado Antártico, además de las propias. En ese sentido no creo que el turismo organizado produzca afectación al ambiente antártico, salvo algún tipo de accidente por acción de los hielos, lo cual sí podría afectar en forma apreciables a ecosistema. Por ello reafirmo la necesidad de que estos buques lleven abordo expertos en navegación antártica, lo cual minimiza esas posibilidades. Cabe aclarar que hoy ninguna organización gubernamental o no, exige la presencia a bordo de dichos capitanes de hielo, si bien se está discutiendo el tema.

Por otra parte, entiendo que deben multiplicarse los esfuerzos por educar y concienciar a los protagonistas del turismo “de aventura”. Si bien son pocas personas, cada día hay más veleros recorriendo la Antártida.

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NM: El incremento de actividades en la Antártida lleva a pensar que en breve estará “densamente poblada”. ¿Será posible preservar su ambiente en tal escenario?

RB: Yo no coincido con esa aseveración. Hay dos períodos bien marcados en la Antártida.

El primero, el invernal que va desde abril hasta fines de octubre, tiene un nivel de actividad moderado y una cantidad de habitantes escasa, que incluso históricamente ha ido descendiendo. Sólo permanecen algunos grupos logísticos y científicos en aquellas actividades no afectadas por el invierno y la noche.

Pero desde octubre en adelante y hasta fines de marzo, las actividades científica (razón primordial de la presencia del hombre en la Antártida), logística y de turismo se incrementan sensiblemente. Sin embargo, esos grupos humanos se retiran mayoritariamente a fines de marzo.

Recordemos que hacia los años 50 nuestro país como varios otros, mantenía activas -es decir abiertas todo el año-, casi el doble de estaciones que en la actualidad. Por cierto, las motivaciones eran diferentes. Pero luego de la firma del Tratado Antártico y de su entrada en vigor en 1961, los ocupantes más antiguos disminuyeron sus bases permanentes y la cantidad de buques en el área, si bien aumentó la cantidad de países con presencia en la Antártida. Para tener una idea, nuestro país en la década del 50 y 60 ocupaba 7 estaciones y operaba con no menos de 4 buques, y anteriormente con más, incluso operaba en invierno efectuando estudios oceanográficos. Hoy mantiene 4 bases permanentes, y es el país que más estaciones de este tipo ocupa.

Con respecto a la preservación del ambiente, si se fijan las normas y cuidados que marcan los diferentes anexos del “Protocolo de Madrid”, y los responsables de los grupos preparan y forman a los visitantes, no deberían producirse afectaciones. Si se respetan las áreas especialmente protegidas, si se cumplen las normas ambientales previstas, y si no se molesta a la fauna – limitándose al disfrute de su contemplación -, no tiene porqué haber problemas de contaminación ni de alteración del hábitat con los cruceros, ni con quienes deseen conocer esa maravilla.

NM: ¿Qué podemos esperar en el futuro en lo que se refiere a contaminación en la Antártida, producto de las actuales  u otras actividades?

RB: Esto sí que es difícil de predecir. Creo que existe una manifiesta voluntad de todos los países miembros de este “club” por preservar y mantener a la Antártida prístina e inmaculada. Pero la realidad en el largo plazo puede ser otra en función de las necesidades de fuentes de energía o de minerales, alimentos, e incluso agua, que puedan existir en el mundo y que este continente pueda brindar.

Entiendo que por el momento y en el mediano plazo, no están dadas las necesidades ni las voluntades para ello, y por ende la Antártida continuará como una inmensa fortaleza de blancura y de disfrute a los ojos de todos los que tuvimos la dicha de navegar por sus mares y recorrer su inmensidad.

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08/01/09
NUESTROMAR

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