Hace 92 años, en junio de 1918, naufragó en cercanías de la ría bahiense el pontón-faro "Bahía Blanca", una de las naves con más servicios prestados en nuestra región marítima.
Hace 92 años, en junio de 1918, naufragó en cercanías de la ría bahiense el pontón-faro "Bahía Blanca", una de las naves con más servicios prestados en nuestra región marítima.
La historia de los faros de nuestra ría se inicia en 1881, al instalarse el pontón-faro "Manuelita", una nave que sostenía en su mástil una elemental farola, única guía para los buques que pretendían ingresar al puerto. El "Manuelita" no soportó siquiera el primer temporal y fue destruido. Apenas se logró rescatar su farola, la cual se ubicó en el médano-colina llamado Monte Hermoso.
Esa fue la única señal costera hasta la habilitación, en 1906, del faro de recalada ubicado en Punta Catanga. A ese faro se sumaba el pontón-faro "Bahía Blanca", situado en el acceso al estuario. Con el tiempo, esa embarcación comenzó a tener problemas. "Hace mucho que se teme una catástrofe, pues al menor embate de las olas, aquel montón de maderas viejas cruje como pidiendo un relevo", señaló este diario, en 1918.
El final comenzó el 22 de junio de ese año, cuando una tempestad rompió la cadena del ancla. El capitán ordenó ponerse "a la vela" y "luchar hasta el último instante para salvar el buque". Así, vinieron horas angustiosas, a la deriva. Pero todo fue inútil: luego de 12 horas al garete, un definitorio golpe de mar los varó frente al faro Recalada, de donde fueron rescatados los tripulantes. "En el faro, encontraron estufas, buenas camas y comida para todos, mientras pudieron trasladarse a Bahía Blanca".
14/06/10
LA NUEVA PROVINCIA
