El ausentismo en las pesqueras cuesta en Chubut más de 40 millones por año

El ausentismo en las pesqueras cuesta en Chubut más de 40 millones por año

Las cifras en las plantas pesqueras chubutenses siguen siendo escandalosas: superan los porcentajes medios de cualquier otra actividad productiva, incluso otras que suponen mayor índice de accidentes laborales.

Las cifras en las plantas pesqueras chubutenses siguen siendo escandalosas: superan los porcentajes medios de cualquier otra actividad productiva, incluso otras que suponen mayor índice de accidentes laborales.

Las estadísticas señalan que el punto de inflexión desde que se comenzaron a registrar estos guarismos de ausentismo, que rondan el 30 por ciento, fue cuando se estableció el régimen de sueldos mínimos garantizados. A partir de ese momento, lo que era excepción se transformó en regla y comenzó a institucionalizarse un aceitado mecanismo que, a decir de los empresarios, involucra a sindicalistas y profesionales de la medicina.

Lo cierto es que en Puerto Madryn, principalmente, el grueso de los trabajadores de las plantas pesqueras, cada mes, falta más de siete días. En principio se circunscribía a un determinado grupo que reiteraba sus inasistencias; pero el resto, al ver que tales “faltazos” no significaban menores ingresos a fin de mes, hizo que la práctica se fuera extendiendo y generalizando.

Bien vale aclarar que el trabajo que se realiza en las plantas de procesamiento exige de un gran esfuerzo, permanecer ocho horas a bajas temperaturas en contacto con agua y hielo y utilizando elementos cortantes supone un elevado riesgo laboral, y no es menos cierto que de ese 30 por ciento de ausentismo hay quienes efectivamente no concurren por razones de salud.

Ahora bien, lo que resulta poco convincente es que las dolencias y afecciones sean recurrentes y se produzcan con la periodicidad y precisión de un reloj suizo. Cada día y por cada turno, de cien trabajadores, treinta no concurren. Quienes están en las áreas de Recursos Humanos saben que al terminar el día deben revisar el fax, y de antemano saben que allí encontrarán numerosos certificados médicos avisando de la ausencia al día siguiente.

Las empresas no han tenido éxito en sus métodos persuasivos o en la implementación de premios e incentivos que pudieran reducir sensiblemente esos porcentajes de inasistencias. Sostienen que el problema sólo podrá ser revertido con una toma de conciencia de parte del sector del trabajo y la colaboración del sindicato para que no aliente estas prácticas.

Asistencia perfecta

Como el músculo más sensible suele ser siempre el bolsillo, es que se ha intentado en las negociaciones salariales atar los aumentos a conceptos como “presentismo” o “asistencia perfecta”. En el acuerdo de 2008 se fijó una mejora en las remuneraciones del personal de planta de 280 pesos, de los cuales la mitad quedó como un monto fijo que percibían todos los empleados y la restante mitad se estableció como un premio a quienes no registrasen faltas.

En el acuerdo de este año ese monto de 140 pesos fue elevado a 330 pesos para las empresas agrupadas en la CAPIP y a 380 pesos para los trabajadores de la planta de procesamiento de Alpesca. Desde las empresas se aspira a que este concepto de “asistencia perfecta” permita hacer descender el ausentismo y hacer crecer la productividad.

De cien, treinta no trabajan

El impacto económico que representa para las empresas este mecanismo de inasistencias es importante, ya que el primer razonamiento que hacen es el siguiente: por mes, de cada cien sueldos abonados, se pagan treinta por días no trabajados. Sólo a Alpesca le sale 5 millones de pesos al año el ausentismo en su planta de Puerto Madryn.

Estudios internos de las pesqueras señalan que tomándose como base que en la provincia hay unos 4.500 puestos de trabajo en las plantas, y las remuneraciones con aumentos están en promedio de los 2.100 pesos mensuales. Si ello se multiplica por doce meses, y se suma el aguinaldo, el total arroja una cifra de 122,8 millones de pesos, que es lo que se paga en salarios anualmente. Claro que esos 122,8 millones son solamente la parte que reciben los trabajadores, a lo que debe sumarse el resto de las cargas sociales, que significa para las empresas otra cifra similar adicional.

Si a ese monto se le calcula el 30 por ciento, la resultante es de casi 37 millones de pesos anuales, teniéndose en cuenta sólo lo que se paga de salarios de bolsillo, sin contabilizar las cargas sociales. Por ello es que desde las empresas se indica que en Chubut el costo del ausentismo supera los 40.000.000 de pesos anuales.

“Es un cáncer terrible”

Con todo, distintas voces han venido alertando sobre esta situación a lo largo del tiempo, sin que tuvieran eco, pero a las luz de los indicadores no deja de ser alarmante que la actividad siga con estos porcentajes de ausentismo.

Según el presidente de Harengus, Mario Ordiales, esta práctica “es un cáncer terrible en todas las fábricas de la Patagonia”, y ha advertido sobre sus posibles consecuencias indicando que en cierto modo “también puede haber dado lugar al sistema viciado de trabajo en negro que existe actualmente en Mar del Plata”. Es decir, que esta película otros ya la han visto y prácticas abusivas como ésta han abierto la puerta a regímenes de extrema precariedad laboral en otros puertos del país.

“El ausentismo es un cáncer tremendo, nosotros soportamos entre el 25 y 30 por ciento de ausentismo constante en nuestra planta. Quiere decir que pagamos 100 sueldos y trabajan 70 personas. En estas condiciones es absolutamente imposible competir ni con Mar del Plata ni con nadie del exterior”, declaró Ordiales algún tiempo atrás, pero tales dichos tienen una vigencia incontrastable. “Y este sistema, no puede funcionar si no hay un mecanismo engrasado que suponga la obtención de fáciles certificados médicos, que suponga un cierto ‘vistagordismo’ sindical en beneficio de los ausentes. La única solución posible, es cumplir la ley a rajatabla”, reclamó.

“Vicio instalado”

Por su parte, el ahora ex presidente de la CAPIP, Damián Santos, en plenas negociaciones salariales indicaba que “se podría dar un aumento salarial, pero se debería dar el compromiso de reducir los escandalosos porcentajes de ausentismo que se registran en las plantas pesqueras. Tenemos que bancar a tantos que no trabajan, entonces es imposible”, afirmaba entonces. “Ese porcentaje que hoy las empresas deben destinar a pagar el ausentismo se podría volcar a mejorar salarios, si existiera el compromiso de la parte laboral en terminar con ese vicio instalado”, aconsejaba.

El gerente general de Pesquera San Isidro sostuvo que “nosotros eso lo explicamos al gobierno y al sindicato, lo entendieron, pero cuando llega el momento no lo firman. Y no se trata de que venga a trabajar gente que está enferma, sucede que hay personal que todos los meses falta entre 10 y 11 veces”, precisó. Santos considera que “se debe terminar esto de darle aumentos a todos, sino sólo a los que se lo merecen y cumplen”.

“El Sindicato no ayuda”

En tanto, el CEO de Alpesca, Alejandro Ocampo, ha reiterado en cuanta entrevista le han realizado el impacto económico que esta metodología representa para la empresa. “Todos los días doscientos tipos no vienen a trabajar y eso es un costo gigantesco”, graficó.

El ejecutivo reveló que “eso me significa cinco millones por año, lo que equivale a que todos los años le podría regalar a cada trabajador cinco mil pesos. Ése es el costo que tenemos por un ausentismo que el propio sindicato no nos ayuda a combatir. El año pasado, y con más gente, trabajábamos 131 horas promedio y este año 120”, reveló.

Por Nelson Saldivia – Fotos de Diego Izquierdo / Pablo de la Villa

05/10/09
REVISTA PUERTO

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