LIVERMORE, Cal., EE.UU. Los compañeros de trabajo de mi amigo Carlos son, como Carlos, ingenieros. Cada día hacen un recreo y charlan de fútbol y de política. Pero los ingenieros son especiales: algunos días, para distraerse, hablan también de ciencia. Esos días, Carlos me escribe una preguntita, que yo me esfuerzo en contestar, para ser parte, al menos desde lejos, de una ronda, que imagino, de mate y medialunas.
LIVERMORE, Cal., EE.UU. Los compañeros de trabajo de mi amigo Carlos son, como Carlos, ingenieros. Cada día hacen un recreo y charlan de fútbol y de política. Pero los ingenieros son especiales: algunos días, para distraerse, hablan también de ciencia. Esos días, Carlos me escribe una preguntita, que yo me esfuerzo en contestar, para ser parte, al menos desde lejos, de una ronda, que imagino, de mate y medialunas.
Carlos pregunta desde la teoría de la relatividad general hasta el calentamiento global. Por eso contestarle no es fácil. Hoy comparto mi respuesta, porque aquello que tiene tan preocupados a esos ingenieros quizá le interese a todos.
Einstein en su teoría especial, además de demostrar su famosa proporcionalidad entre masa y energía, establece una relación entre el espacio, el tiempo y la velocidad de la luz. Esta relación, verificada hasta el cansancio experimentalmente, pone límites físicos muy estrictos a los viajes que podamos hacer fuera del sistema solar.
Posiblemente no podremos viajar siquiera a las estrellas más cercanas, a menos que podamos congelar a una persona por miles de años y luego revivirla y multiplicar por miles las fuentes de energía conocidas. Los viajes interestelares hoy son ficción: no ciencia. El planeta Tierra es, por lo tanto, el único sitio hospitalario con que contamos. Por ello sería prudente que lo cuidemos.
La teoría de la relatividad tiene muy poco de relativo: sostiene que las leyes físicas son absolutas: independientes del punto de vista relativo del observador. Einstein de ninguna manera justifica las opiniones que lo citan argumentando que toda postura es igualmente válida. La teoría de la relatividad sostiene que hay una sola realidad, aunque múltiples formas de verla; no que hay múltiples verdades. El universo es lo que es: no cada cosa distinta que cada uno de nosotros quisiera que fuera.
En la física hay principios básicos que siempre se cumplen, por ejemplo: es imposible obtener energía del universo sin modificarlo. Es por ello que, tarde o temprano, toda fuente de energía tiene consecuencias no deseadas desde el punto de vista ambiental. Los reactores nucleares producen residuos peligrosos, que deben tratarse con sumo cuidado un tiempo considerablemente largo. Los diques y los molinos de viento involucran cambios importantes en el paisaje y alteran fuertemente a los ecosistemas naturales. Las celdas solares aún son comparativamente caras.
Actualmente, la combustión de combustibles fósiles, carbón, petróleo y gas natural es la mayor fuente de energía. Pero esta combustión libera gases que los especialistas consideran responsables del calentamiento mundial de las últimas décadas; aunque algunas compañías petroleras promocionan la postura contraria. Pero no “todo es relativo”: estas dos posiciones excluyentes no pueden ser simultáneamente verdad. Los científicos separamos lo verdadero de lo falso, haciendo mediciones.
El esfuerzo por entender los cambios climáticos involucra a investigadores de todo el mundo. Los ejemplos del consenso científico mundial sobre el impacto humano en el calentamiento global son innumerables. Por ejemplo, en una carta publicada en la edición del 2 de agosto, en la revista científica Nature (volumen 448, página 575), científicos que trabajan para el Instituto de Oceanografía de la Universidad de California, en San Diego y en la NASA, establecieron una relación directa entre la concentración de los gases producidos por la combustión industrial en India y China y las tasas de calentamiento atmosférico sobre el océano Indico.
En dicho trabajo, la mitad de los autores posiblemente sea estado-unidense, mientras que el resto parece tener nombres de origen indio, chino y coreano. El artículo concluye que las nubes generadas en las industrias de China e India son posiblemente también responsables del retroceso de los glaciares del Himalaya.
Estos glaciares son la tercera fuente de agua dulce del mundo y tienen una importancia fundamental para la subsistencia de las poblaciones rurales de China e India sobre las riveras del Yangtze, el Indu y el Ganges.
Frecuentemente, se argumenta que los países en desarrollo deben sacrificar el medio ambiente a fin de asegurar el crecimiento económico.
En el caso de India y China, si bien han experimentado un crecimiento económico considerable en sus economías durante las últimas dos décadas, han puesto también en riesgo los recursos que permiten la subsistencia de la mayoría de la población pobre.
Es claro que países en desarrollo deben poner aún mayor énfasis en la protección del medio ambiente, ya que no cuentan con recursos económicos, tecnológicos y médicos para mitigar las consecuencias del deterioro ambiental en su población más expuesta.
En el caso analizado por la Corte Suprema Argentina en el mes de julio sobre el estado del Riachuelo, la sociedad toda sufre las consecuencias de la contaminación irresponsable que producen algunos en un recurso natural común, y debe hacerse cargo del costo.
Hubiera sido mucho más beneficioso, para el desarrollo económico argentino, cuidar el río que afrontar el pago acumulado en salud de los porteños durante un siglo.
El mundo recobra la esperanza cuando, finalmente, las respuestas de la ciencia dejan las revistas especializadas y llegan al público en general. Durante el pasado mes de julio, los precandidatos presidenciales de Estados Unidos por el partido demócrata contestaron una pregunta de un “muñeco de nieve” preocupado por el calentamiento global y el futuro de sus hijos (ver http://www.youtube.com/watch?v=-0BPnnvI47Q .)
El video fue elegido entre todos aquellos enviados por los usuarios de YouTube. Los candidatos coincidieron en que había que independizarse del petróleo y prometieron que todos los problemas iban a ser resueltos por los científicos.
Los políticos prometen lo que el público quiere escuchar: no necesariamente lo que es posible. Espero que al menos signifique que aumentarán el presupuesto en investigación y desarrollo. Una medida que hoy ningún país, rico o pobre, puede darse el lujo de no tomar.
Por Fernando A. Reboredo
Para LA NACION
El autor es Doctor en Física, trabaja como investigador científico en laboratorios de EE.UU.
01/02/08
LA NACIÓN
