Treinta marinos intentan sofocarlo; hasta anoche no se sabía si el navío podría ser reparado; avanza la investigación judicial.
Treinta marinos intentan sofocarlo; hasta anoche no se sabía si el navío podría ser reparado; avanza la investigación judicial.
Todavía anoche había focos de incendio en el interior del rompehielos Almirante Irízar, que comenzó a arder el martes último a las 22, mientras navegaba a 140 millas náuticas de Puerto Madryn, y que obligó a la evacuación de sus 240 tripulantes.
Ayer regresó a la embarcación su comandante, el capitán de fragata Guillermo Tarapow, tras haber permanecido algunas horas en el destructor Almirante Brown, que se encuentra a una milla de distancia del rompehielos, junto con otras naves militares como las corbetas Robinson y Granville y el aviso Gurruchaga.
El clima en la zona, marcado por fuertes nubes, temperatura menor a los 17° C, vientos constantes de 45 kilómetros por hora con ráfagas de hasta 76 kilómetros por hora y olas moderadamente altas, complicaron el desarrollo del operativo de auxilio para la nave que incluía el acercamiento del aviso Suboficial Castillo para poder usar su sistema hidrante para acelerar el proceso de enfriamiento de la nave.
Al buque accedió en las últimas horas un contingente de 30 marinos entre buzos tácticos e integrantes del Servicio de Salvamento de la Armada que despliega dos tareas simultáneas: luchar contra el fuego que aún se detecta en la nave y a controlar las averías generadas por el incendio.
Entre las primeras acciones que se desarrollan en el buque, la Armada destacó ayer que funcionan cuatro motobombas que alimentan de agua a dos líneas de mangueras para refrigerar las secciones externas de la nave.
El Ministerio de Defensa dispuso ayer que el manejo de la difusión de la información sobre el estado de la embarcación pase a manos de la Armada, tras haber sido responsabilidad del Estado Mayor Conjunto.
En Rawson, en tanto, el juez federal Ricardo Sastre anticipó que la investigación que ya tiene en sus manos procurará determinar qué fue lo que sucedió, pero descartó que vaya a impulsar sanciones a los eventuales responsables del siniestro.
Sastre no descartó que el incendio en el rompehielos haya sido originado por "un error humano". Sin embargo, sostuvo que "el objetivo no es investigar circunstancias ni actitudes sino saber por qué comenzó el fuego". Dejó la responsabilidad de aplicar sanciones a la Armada al decir que [esa fuerza] "realizará su propia evaluación para determinar eventuales responsabilidades".
La Justicia ya tomó declaración a 13 suboficiales que estaban de guardia en el barco, en la zona de la sala de máquinas y en el puente [de mando] que fueron los primeros en advertir que el buque empezaba a incendiarse en la noche del martes último mientras navegaba hacia su destino habitual en el Apostadero Naval Buenos Aires.
El magistrado no descartó citar al capitán de fragata Tarapow y a otros marinos que están embarcados en el Irízar. También dijo que los peritajes judiciales se harán cuando la nave llegue a puerto.
Evaluar daños
Mientras en la Capital, la diputada nacional Nora Ginzburg (Pro-Capital) impulsó ayer un proyecto de resolución para que Tarapow sea distinguido en el Congreso por su "apego a los derechos humanos poniendo ante todo a sus subordinados a salvo", el comandante del rompehielos sigue ajeno a los reconocimientos por su acción en favor de la rápida evacuación de los tripulantes y su decisión de no abandonar el buque.
Tarapow supervisa las tareas que se efectúan para poder apagar el incendio y determinar si la nave podrá ser remolcada a la base naval de Puerto Belgrano.
La cantidad de marinos que abordaron el Irízar permite que las tareas de enfriamiento de la estructura y de control de daños se efectúe prácticamente sin interrupciones, ya que funcionan por turnos de trabajo y de descanso que les permiten mantener un ritmo continuo de labores.
Hasta anoche, ni oficial ni extraoficialmente ningún marino se animaba a calcular cuándo estará controlada la situación y de qué manera el rompehielos será trasladado a Puerto Belgrano, donde en marzo del año último el rompehielos británico Endurance ingresó para que le repararan una avería en el timón, producida justamente en su regreso a las islas Malvinas tras efectuar su campaña antártica de verano.
Por María Elena Polack
De la Redacción de LA NACION
14/04/07
LA NACION
