Camaronera Patagónica no volverá a abrir en San Antonio Oeste. Los ex empleados agredieron a funcionarios y empresarios exigiendo el pago de las indemnizaciones. Se pierde otro centenar de empleos en el sector. Lo peor es que esta no será la última en cerrar.
Camaronera Patagónica no volverá a abrir en San Antonio Oeste. Los ex empleados agredieron a funcionarios y empresarios exigiendo el pago de las indemnizaciones. Se pierde otro centenar de empleos en el sector. Lo peor es que esta no será la última en cerrar.
La inviabilidad económica de la industria pesquera en la Patagonia se creyó en un principio que era atribuible sólo a malos manejos de los empresarios de pequeñas plantas de procesamiento. Hasta hay quienes todavía siguen negando la existencia de una crisis y endilgan la pérdida de puestos de empleo a cuestiones de coyuntura.
La luz de alerta ya pasó de amarilla a roja en la pesca patagónica, aunque todavía mu-chos prefieran negar la realidad. Otra planta pesquera decidió cerrar definitivamente, esta vez fue el turno de Camaronera Patagónica, una empresa ubicada en San Antonio Oeste en la provincia de Río Negro.
Ciento cincuenta familias pasan a engrosar las estadísticas de los trabajadores expulsados de la actividad pesquera, sumándose a los miles de empleos perdidos en los últimos tres años en el sector. En las circunstancias actuales, definitivamente no podrán reubicarse en otras empresas de la pesca.
El final de Camaronera Patagónica fue violento, aunque previsible. El lunes los obreros despedidos pugnaban por acordar los términos del pago de sus indemnizaciones y todo terminó con funcionarios provinciales y empresarios agredidos en un clima de tensión social para una comunidad chica como la de San Antonio Oeste, en la que la pesca supo ser uno de los pilares de su economía.
La empresa arrastraba un largo historial de malogrados intentos de sostenerla. Su último dueño ha sido el empresario marplatense Francisco Di Leva, que exploró diversas alternativas para mantener abierta la fábrica, pero finalmente no logró su cometido. Fue a comienzos de año cuando se anunció el cierre de la pesquera, y allí se pusieron en marcha una serie de gestiones políticas ante el gobierno de la Nación en busca de auxilio financiero.
Durante semanas se habló de un posible empréstito del orden de los 20 millones de pesos que serían canalizados por el ANSES, pero la llave de la solución la tenía el polémico secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. El funcionario le bajó el pulgar a la idea de que Di Leva reciba el millonario préstamo y presionó a la Cámara de Armadores de Mar del Plata para que se hicieran cargo de esta planta rionegrina, lo cual no mereció ni el menor análisis por parte de los empresarios agrupados.
A comienzos de febrero las rutas de SAO fueron el centro de operaciones de los ex trabajadores de la pesquera, que en realidad no abrigaban casi ninguna esperanza de que la empresa pudiera ser reflotada, y reclamaban de manera airada y cada vez más violenta el cobro de sus indemnizaciones.
Un día violento
La oferta de la empresa de abonar las indemnizaciones en 12 cuotas crispó los ánimos de los obreros que tuvieron el lunes su ‘día de furia’: el reclamo derivó en la toma de las instalaciones de la delegación del Ministerio de Trabajo de la provincia de Río Negro, donde hubo golpes y agresiones directas a funcionarios y representantes de la firma que terminaron heridos y con contusiones varias. Las dependencias destruidas fueron el corolario de una jornada violenta en San Antonio.
La irascible reacción del personal despedido de Camaronera Patagónica incluyó la amenaza de no dejarlos salir del edificio hasta que no firmaron un acuerdo en el que los directivos de la malograda empresa aceptan pagar los montos indemnizatorios en sólo tres cuotas.
Se pactó además que en caso de incumplimiento, los plazos caducarán y los traba-jadores podrán perseguir por la vía ejecutiva el pago de las sumas totales, poniéndose en garantía los barcos pesqueros “Golfo Azul” y “Don Vicente”.
Sin horizonte
Desde el gobierno de Río Negro no le hallan una salida al problema de fondo, aunque ayer el intendente de SAO, Javier Iud, esgrimió una propuesta que no guarda demasiada lógica para potenciales inversores. Dijo que en vez de que haya una sola empresa con el cupo de merluza que tenía Camaronera Patagónica se debería generar cinco empresas que tengan un cupo máximo de 1.500 toneladas cada una, a los efectos de que la crisis de una no haga temblar a todo el sistema.
Una empresa con más de 7.000 toneladas de merluza de cuota no logró ser rentable, mucho menos lo serán PyMEs pesqueras que se repartan entre cinco ese cupo. La respuesta ensayada por Iud pone de manifiesto la falta de horizonte que existe por parte de los funcionarios en materia pesquera.
El cierre definitivo de esta empresa en Río Negro no viene más que a confirmar el estado de la pesca en la Patagonia. No es la primera que baja las persianas y le pone fin a la actividad, y lamentablemente, no será la última.
Por Nelson Saldivia / Fotos de Walter Rodríguez – Guillermo Nahum
17/02/10
REVISTA PUERTO

