Una selva bajo el hielo polar

El científico Josep María Gili habló en el IES Juan de Villanueva de la «enorme riqueza biológica» que hay en el océano antártico.

El científico Josep María Gili habló en el IES Juan de Villanueva de la «enorme riqueza biológica» que hay en el océano antártico.

Josep María Gili Sardá se trajo un trozo de hielo de la Antártida a este lado del mundo para que, quien tuviera unos segundos y ganas de mirar por un microscopio, comprobara que la vida se abre paso en condiciones que, en principio, parecen poco favorables.

El responsable del Grupo de Ecología del Ventos Marino del Instituto de Ciencias del Mar protagonizó la primera charla de ayer de las jornadas de Ciencia y Tecnología del instituto Escultor Juan de Villanueva de Pola de Siero.

Su conferencia despertó la curiosidad de los alumnos quelo tuvieron más de una hora respondiendo a todo tipo de preguntas y hablando de algunos de los ejemplares de pequeños animales marinos que también había traído para ilustrar su intervención.

Gili, buen conocedor de la Antártida, a donde ha viajado como director de expediciones en varias ocasiones, explicó que este continente acoge «el ecosistema vivo más antiguo de la tierra», una «especie de paleoocéano vivo».

Estudiarlo permite conocer mejor el origen de la vida en la tierra, y también es un buen ejemplo para el mantenimiento de la vida en el presente y el futuro. Porque es una reserva de biodiversidad que ayudaría a repoblar otras zonas.

Para Gili, el animal más particular es el krill, un pequeño crustáceo de entre 8 y 70 milímetros que se desarrolla por miles de millones de ejemplares, y cuya biomasa asciende a 1.500.000 toneladas. Esta cifra corresponde a tres veces la biomasa humana.

El krill es alimento de ballenas y pingüinos, entre otros animales, y con sus excrementos alimenta el fondo marino. «Es un animal perfectamente adaptado a la Antártida», aseguró.

En la charla surgió uno de los grandes temas del momento: el cambio climático. Gili dijo que los icebergs funcionan «como los incendios en la selva». Un paso de iceberg se lleva por delante miles de seres vivos. Sin embargo, al igual que los pequeños incendios en los bosques, esa destrucción obliga a la vida a regenerarse y el esfuerzo termina por ser positivo.

Se ha demostrado que el daño causado por un iceberg se puede recuperar en cuatro años. Pero, al igual que si se quema un bosque entero es difícil que se recupere, lo mismo ocurre con los desprendimientos de hielo. Si son constantes serán muy perjudiciales para la vida. Gili, con todo, cree que esto no ocurrirá, ya que la temperatura en el continente antártico incluso ha descendido dos grados en los últimos años.

Y para evitar ese peligroso cambio climático nada mejor que reducir de forma radical las emisiones de CO2 a la atmósfera. Una buena forma de hacerlo es convertir el hidrógeno en el combustible de los automóviles.

Buenos augurios

Este fue el tema de la segunda charla, impartida por el químico de la Universidad de Oviedo José Manuel Fernández Colinas, que le augura un buen futuro por tres razones: viabilidad científica, interés de la industria automovilística e interés de la clase política.

Para convertir el hidrógeno en combustible hay que separarlo del agua mediante una energía renovable y volverlo a unir al oxígeno para crear agua de nuevo y aprovechar el resultante de esa energía. Colinas cree que la clave es conseguir un mayor aprovechamiento de las energías renovables. Si termina por triunfar el coche movido por hidrógeno, el mundo será, sin duda, más limpio.

Por MANUEL NOVAL/POLA DE SIERO

25/04/07
EL COMERCIO DIGITAL

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