Una nueva especie invasora en el Delta del Ebro, la medusa moteada australiana (Phyllorhiza punctata), ha puesto en alerta a la comunidad científica porque se contabilizan en cientos de miles en la Bahía de los Alfaques, en Sant Carles de la Ràpita.
Una nueva especie invasora en el Delta del Ebro, la medusa moteada australiana (Phyllorhiza punctata), ha puesto en alerta a la comunidad científica porque se contabilizan en cientos de miles en la Bahía de los Alfaques, en Sant Carles de la Ràpita.
“Detectamos por primera vez esta medusa en 2010, en Les Cases d’Alcanar, gracias a la colaboración de los ayuntamientos”, explica la investigadora del Instituto de ciencias del mar del CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas), Verónica Fuentes. “En el año 2011, hubo algunos otros avistamientos que no pudimos confirmar oficialmente, pero este 2012 hemos detectado cantidades muy altas, que se contabilizan en centenares de millares”.
El CSIC no ha podido determinar cómo ha llegado la medusa moteada al Delta, pero es seguro que “ha sido por influencia de la mano humana”. “Ha podido llegar a través de agua acumulada en embarcaciones o en el ‘fouling’ -elementos que se adhieren al casco de las embarcaciones- de los barcos que llegan a la zona”, según Fuentes.
El hecho es que esta nueva especie invasora, propia del Océano Índico, llega a la bahía justo dos años después del establecimiento de la ‘bombilla’ o Mnemiopsis leidyi, otro tenóforo invasor, catalogado como una de las cien especies más invasoras del mundo. “A priori, es muy difícil que el ecosistema pueda sustentar estas dos especies, además de todas las otras que viven en este espacio”, señala la investigadora.
La medusa moteada no es temida por sus picaduras, “no es especialmente urticante”, pero allí dónde ha invadido en grandes cantidades ha producido desequilibrios importantes en el ecosistema. Según esta investigadora del CSIC, esta medusa “tiene una tasa de alimentación muy alta” y por eso se teme que pueda provocar daños importantes en la bahía de los Alfaques, donde hay una importante industria mejillonera, especialmente si actúa conjuntamente con la Mnemiopsis leidyi. “El impacto lo tiene en el ecosistema, quizá tarde años, pero se verá. A niveles de plancton existe ya un antes y un después desde la aparición de la ‘bombilla’. Lamentablemente esto es lo que cuesta más de concienciar, porque son especies que actúan de forma lenta y silenciosa”, explica la investigadora.
Por todo esto, Verónica Fuentes reclama recursos urgentes para la aplicación de un plan que estudie los efectos y ayude a actuar sobre los efectos de la presencia de especie en la zona. “No hemos tenido recursos para comenzar estudios que impliquen directamente el impacto que podrían tener sobre los cultivos de mejillones”, comenta.
El CSIC lleva haciendo muestreos a la zona desde hace dos años, pero la investigadora subraya: “Este año estamos siguiendo con lo que podemos, los recursos son muy pocos. Con la aparición de esta nueva especie necesitamos apoyo para llevar adelante un estudio serio”.
18/08/12
MADRI+D
