Una lucha que pasa por generaciones

¿Discriminación ideológica, portación de apellido militar setentista o peleas internas en las fuerzas? ¿O todo junto y mezclado para aprovechar la situación? Las trabas para los ascensos de oficiales de las Fuerzas Armadas se han complicado en los últimos años, más precisamente desde que Nilda Garré llegó al Ministerio de Defensa.

¿Discriminación ideológica, portación de apellido militar setentista o peleas internas en las fuerzas? ¿O todo junto y mezclado para aprovechar la situación? Las trabas para los ascensos de oficiales de las Fuerzas Armadas se han complicado en los últimos años, más precisamente desde que Nilda Garré llegó al Ministerio de Defensa.

Si bien siempre hubo carreras militares truncas por distintos motivos justificables hasta ante la justicia federal -desde haber sido carapintada en los inicios de la democracia hasta haber participado en la represión ilegal en los 70-, desde la llegada de Néstor Kirchner al gobierno, la vara de los ascensos pasó por el tema derechos humanos.

Por una cuestión de calendario, cada año cuesta más encontrar en las filas militares oficiales que hayan tenido participaciones decisivas en la lucha antisubversiva por dos razones: o porque ya han abandonado la carrera o porque en aquellos días recién empezaban a estudiar en las escuelas castrenses.

Es importante tener en claro que el gobierno militar terminó hace 26 años y que prácticamente todos los oficiales que aspiran a ascender a la cúpula militar, para lo cual es indispensable el acuerdo del Senado, estaban todavía en el Colegio Militar o en las escuelas naval o aeronáutica y se graduaban con el retorno de la democracia.

Como ejemplo, vale mencionar a Edgardo Calvi, que actualmente tiene 48 años y egresó del Colegio Militar el 26 de noviembre de 1983, es decir, 14 días antes de que Raúl Alfonsín asumiera la presidencia. Toda su carrera la realizó en democracia. El único inconveniente es que es familiar del general Edgardo Calvi, que integró la cúpula del Ejército durante la Guerra de las Malvinas y está denunciado por delitos vinculados con los derechos humanos.

Para contraponer argumentos, la autoridad política podría mostrar varios ejemplos de oficiales que llegaron a altos cargos en estos últimos años y que también "portan apellido". Ex edecán de Fernando de la Rúa, el contraalmirante Carlos Castro Madero es el actual subsecretario de Relaciones Institucionales de la Armada y es hijo del ex director de la Comisión Nacional de Energía Atómica de los días de la dictadura.

Y, en medio de ese enfrentamiento entre buenas fojas de servicio de militares jóvenes cuyos apellidos "hacen ruido" en las oficinas gubernamentales, hay un tercer elemento que no es menor y que parece no tener el control adecuado: las peleas de poder en la intimidad de las Fuerzas Armadas.

Los filtros internos pueden deberse no sólo a cuestiones estrictamente profesionales, sino también a luchas por el liderazgo dentro de las cúpulas. Así, en los últimos años, es frecuente escuchar quejas de altos oficiales porque las listas de ascensos ya no reflejan cualidades profesionales, sino cuán cercano está un militar a aquellos que dominan la lucha palaciega en las fuerzas. En eso, la política tiene poco que ver.

María Elena Polak

28/09/10
LA NACION

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