Ryde Pier, el embarcadero británico más antiguo, en la isla inglesa de Wight, cumplió ya doscientos años desde su construcción, en la era previctoriana, con la que se inauguró la moda arquitectónica que aún hoy define la costa el Reino Unido.
Ryde Pier, el embarcadero británico más antiguo, en la isla inglesa de Wight, cumplió ya doscientos años desde su construcción, en la era previctoriana, con la que se inauguró la moda arquitectónica que aún hoy define la costa el Reino Unido.
Este histórico muelle, que actualmente es propiedad de la empresa de transbordadores Wightlink y se utiliza como centro de transporte, fue, en su momento, un hito de la ingeniería que facilitó a los británicos el acceso al mar.
Diseñado por John Kent e inaugurado el 16 de julio de 1815, tenía originalmente una longitud de 527 metros, que se alargó a 681 en 1833.
A partir de 1864 se construyeron, en paralelo, dos vías ferroviarias y un ya extinto pabellón de conciertos.
Antes de las vacaciones en el extranjero, popularizadas en el siglo XX gracias a las ofertas de operadores turísticos, los británicos veraneaban, pese al mal tiempo, en sus costas, una costumbre implantada durante el reinado de Victoria.
En esa época empezaron a aparecer los “piers” o embarcaderos, unas construcciones alzadas sobre el mar, como anchas pasarelas, que permiten “adentrarse” en el océano al tiempo que ofrecen actividades de ocio a los visitantes.
Mientras que el Ryde Pier tiene hoy un uso práctico, la mayoría de los embarcaderos victorianos aún existentes conserva su atractivo lúdico, con las heladerías y las salas de juego recreativos que los hicieron famosos.
No faltan, sobre estas pasarelas, normalmente de madera y hierro forjado, los puestos de algodón de azúcar, las tiendas de recuerdos y los establecimientos de “fish and chips”, típico pescado rebozado con patatas fritas que es menú obligatorio en cualquier salida a la costa.
De Dunoon en Escocia a Falmouth, en Cornualles, la costa británica está llena de embarcaderos de este tipo, por los que todavía pasean visitantes y residentes, si bien algunos han caído en desuso o se han deteriorado tras incendios u otras catástrofes.
A principios del siglo XX había un centenar de “piers” en el Reino Unido, de lo cuales siguen en pie aproximadamente la mitad, con la desaparición, entre otros, del de Sheerness, en Kent, Aberavon, en Gales, y los de Redcar, Scarborough y Withernsea, en la zona noroeste de Inglaterra. (La Nueva)
14/09/15

