La historia de Pablo Guilledo, 65 años después. Dos meses en una carpa en el medio de la Antártida; 14 meses casi sin bañarse; 2 navidades sin volver a casa; más de 400 días derritiendo nieve para tomar agua…

La historia de Pablo Guilledo, 65 años después. Dos meses en una carpa en el medio de la Antártida; 14 meses casi sin bañarse; 2 navidades sin volver a casa; más de 400 días derritiendo nieve para tomar agua…
El mano a mano con don Pablo Guilledo se detendrá varias veces. Es que a don Pablo, a sus 83 años, se le escapan algunas lágrimas. Es que los recuerdos de don Pablo emocionan.
Es que don Pablo formó parte de los primeros 9 expedicionarios que en el verano de 1947-48 fundaron la Base Decepción en la isla del mismo nombre en la Antártida Argentina.

–Los primeros 2 meses estuvimos en carpa –dice.

–Espere don Pablo ¿en carpa, en la Antártida?
Pablo mira. Sólo mira.

–Claro… no había nada ¿no?
–Nosotros llegamos y había que construir la cabaña de madera. ¿Dónde íbamos a vivir?

La temperatura más extrema que vivió Pablo fue de 26º bajo cero. Y él lo sabía bien:
–Yo estaba en el equipo de meteorología. Había que salir cada 3 horas a medir la temperatura y mandarla a Buenos Aires. Y el viento llegaba a 220 kilómetros por hora. Una vez arrancó el techo de los radiografistas. Pero igual el suelo de la isla era caliente, por el tema de la actividad del volcán. Si una vez me acuerdo que tembló todo.

* * *

Fueron 24 días arriba del Transporte Pampa hasta llegar a la isla Decepción de la Antártida. Fueron 24 días de no hacer mucho arriba del barco para don Pablo.
Antes fue la despedida en el Teatro Colón de Buenos Aires.
–Me acuerdo que Perón nos deseó suerte y nos dio la mano a uno por uno.
Lo primero que vieron, después de pasar el estrecho Los Fuelles de Neptuno, fue la neblina de una isla que parece hasta misteriosa. Es que se trata de una zona de volcanes y siempre hay alguna nube dando vueltas.
 Después hubo tiempo para que las focas, los lobos marinos y los pingüinos no les fueran tan ajenos.
 Todavía hoy, don Pablo se acuerda de sus compañeros y los nombra de corrido: –El teniente de navío (Eduardo) Trejo Lema; (Artemio) Chiesa; Víctor Orlando, que era el cocinero; (Dionilde) Lanza; (Raúl) Gontero; (Ricardo) Sinópoli; (José) Vega y (Luis) Otermín, esos fuimos los primeros, después a los 6 meses vinieron los reemplazos: (Roberto) Cabrera; (Jorge) Filippini y (Jorge) Tau.
–Pero usted se quedó.
–Sí. Yo estuve 14 meses, pasé 2 navidades. Nos tenían que venir a buscar al año, pero el buque se rompió y hubo que esperar 2 meses más.

En esos 14 meses don Pablo habló una sola vez con su mamá, que vivía en la sección Quintas de Trenque Lauquen.
 –Le dije que estaba contento.

* * *

Don Pablo nació en Trenque Lauquen, se crió en la sección Quintas y a los 16 años decidió que quería entrar a la Marina.
–Es que no había mucho trabajo y era una manera de hacer una carrera.
Fue a Río Santiago y cuando dijeron que necesitaban voluntarios para ir a la Antártida, no dudó.
–Quería prestar servicio al país –dice.
Por eso se bancó bañarse cada 3 días durante 14 meses, por eso se bancó salir a buscar nieve lejos para derretirla en un tambor con leña y así tener agua potable, por eso se bancó caerse en un jeep en medio de un pozo tapado de nieve en una de esas excursiones, por eso se bancó el miedo que le dio que se derrita el hielo cuando caminaba con los esquíes, por eso don Pablo fue a la Antártida.

* * *

Cincuenta años después de la travesía a la Antártida, don Pablo se presentó en una escuela de karate de la ciudad.
–Tengo 70 años ¿puedo aprender karate? –le dijo al profesor.
El hombre lo miró:

–Tiene que hacerse un buen chequeo médico.
–Bueno en 60 días, cuando vuelva de la Antártida, empiezo –le contestó don Pablo.

Don Pablo estaba a punto de volver al mismo lugar en el que había estado en el verano de 1947-48. Era un homenaje que le hacía la Marina a aquellos expedicionarios.

–Pusieron una placa con nuestros nombres… –dice mientras seca sus ojos.
Don Pablo volvió de la Antártida, se presentó en la escuela de karate con todos los estudios y empezó. Y llegó a cinturón negro, luego de rendir los exámenes.

–No abandonaba ni con lluvia, ni con frío –dice el profesor.

* * *

 Don Pablo llegó a Bahía después de aquella primera vez en la Antártida. Hizo el curso de aeronáutico y trabajó en Espora. Acá en Bahía se casó con Esther y tuvo 3 hijas.
Pero no todo iba a ser feliz para él.
–En el 55 me retiraron porque me mareaba en los vuelos… No sé… el olor a nafta…
–¿Por qué se pone mal?
–Porque no tuve suerte en mi carrera. Yo aspiraba a terminarla.
–Pero ¿se da cuenta de lo que hizo con sus otros 8 compañeros: ir a la Antártida, en el 47, vivir en carpas, fundar una base, comer mal, bañarse poco…?
–Sí, sé que fue importante. Lo supe desde un principio.

MAXIMILIANO PALOU
“La Nueva Provincia”

29/07/12

LA NUEVA PROCINCIA

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