Un reputado investigador refuta un estudio local.
Un reputado investigador refuta un estudio local.
Los más de 40 años de experiencia en investigación y enseñanza, su contribución en más de 350 publicaciones científicas y los numerosos reconocimientos académicos internacionales por sus investigaciones hacen del doctor Keith Solomon un referente mundial en pesticidas y evaluación de riesgo ambiental.
El actual director del centro de toxicología de la Universidad de Guelph en Canadá y profesor emérito de la Facultad de Ciencias Ambientales de la misma universidad sostiene que "en la comunidad científica internacional el glifosato no es motivo de discusión sobre su toxicidad, ni es un tema que genere preocupación por sus efectos en la salud humana y el ambiente".
En diálogo con LA NACION, agrega que es el herbicida más vendido del mundo "y también debe de ser el más estudiado. Desde los años setenta se lo viene investigando", señala en forma tajante. Solomon brindó dos conferencias en el país, en la Asociación Toxicológica Argentina y en la Sociedad de Toxicología y Química Ambiental (Setac, según sus siglas en inglés), en las que el glifosato fue protagonista.
Luego, en una entrevista con LA NACION, el científico canadiense respondió a los habituales cuestionamientos que recibe el producto.
-Pero aquí se presentó un trabajo de técnicos del Conicet, liderados por Alejandra Paganelli y Andrés Carrasco, en el que se afirma que los herbicidas a base de glifosato producen malformaciones craneofaciales en embriones de anfibios y aves, y que esa comprobación se puede relacionar con malformaciones y abortos espontáneos en mujeres expuestas al producto durante el embarazo.
-La investigación de Paganelli y su grupo de trabajo no fue un buen trabajo de evaluación toxicológica. En él se utilizó una dosis que fue entre nueve y 15 veces superior a la concentración normal a la que se puede exponer a los anfibios en el ambiente y en el agua. Además, al realizar la experiencia en condiciones in vitro, en placas de Petri, no hay forma de que se lave el producto como ocurre en el medio ambiente. Son condiciones totalmente irreales. Y el hecho de que se haya inyectado directamente el glifosato en los embriones es totalmente estúpido, como el que decide tomarse un trago de plaguicida.
Que se haya publicado este trabajo en la Chemical Research in Toxicology, la revista de la Asociación Química de los Estados Unidos (American Chemical Society, ACS) ¿no significa un reconocimiento? ¿No es otorgarle una validez científica?
-No, de ninguna forma. No sé cuales fueron los criterios que se utilizaron para la publicación. Yo soy editor de varias publicaciones científicas en Estados Unidos y el criterio que utilizo antes de publicar es mandar primero los artículos a los referentes del tema.
Cuando leí el trabajo, encontré gruesas fallas de metodología. Lo charlé con Jim Seanborn, un colega que trabaja con la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA, según sus siglas en inglés), y concluimos que ese trabajo servía para mostrarlo a los estudiantes como todo lo que no hay que hacer en un trabajo científico. Las condiciones experimentales están muy alejadas de los escenarios de exposición realistas.
Usted debe de estar al tanto del trabajo de revisión de la doctora Sanborn, de la universidad de McMaster (Canadá), en el que asegura que hay una correlación entre los plaguicidas y los problemas de embarazo y cáncer.
-La doctora Sanborn habla de pesticidas en general, pero no toma en cuenta que hay cerca de 700 pesticidas, y no los especifica. En Gran Bretaña, dos instituciones de prestigio que revisaron su trabajo lo cuestionaron y terminaron descalificándolo para los fines regulatorios.
Se trata de la Royal Commission on Environmental Pollution, que tiene como máxima autoridad al príncipe Carlos, un entusiasta de la agricultura orgánica, y el Advisory Committee on Pesticides, que asesora al gobierno inglés. El trabajo de la doctora Sanborn no tiene rigor científico porque selecciona sólo una parte de los datos y descarta la información que contradice lo que busca afirmar. Obtiene, en definitiva, una información claramente sesgada. Esto ocurre con muchas personas que se enamoran primero de la respuesta y después buscan acomodar los hechos de tal forma de obtener la conclusión que están buscando. Pero eso no es ciencia.
Contra la biotecnología
-¿Qué explicación le da a la polémica que provoca el glifosato?
-Creo que es gente que tiene una posición tomada contra la biotecnología. Como les ha resultado muy difícil encontrar evidencias o cuestionamientos serios sobre las semillas genéticamente modificadas, atacan ahora al glifosato porque es una parte sustancial del paquete productivo que ofrece la biotecnología.
Un producto que no permanece en el suelo
Además de los potenciales peligros para la salud como efecto indirecto de su aplicación, el otro gran cuestionamiento que se le hace al glifosato es su impacto directo en el medio ambiente. Consultado al respecto, Solomon dice:
– No es motivo de preocupación porque no se acumula en el ambiente. Pensemos que todos los años hay que aplicarlo porque efectivamente no queda nada. De quedar algo en el suelo sin duda eliminaría a algo tan sensible como es una semilla de maleza y no se necesitaría aplicarlo año a año. Pero por lo visto no es así.
El glifosato no queda en el suelo porque es degradado por microorganismos naturales en el término de semanas o pocos meses y no tiene una gran persistencia biológica. En el caso de una aplicación directa sobre el agua la persistencia varía, pero en general no supera los dos meses. Y al llegar al agua las concentraciones normales no alcanzan los niveles de riesgo para el hombre o los organismos acuáticos. En el estudio que efectué del impacto ambiental que tiene el glifosato en la selva colombiana, donde se lo utiliza para combatir los cultivos de coca con concentraciones que triplican a las normales para un cultivo agrícola, concluimos que las consecuencias de este herbicida fueron inocuas. Presentó efectos moderados o casi nulos en organismos acuáticos, animales terrestres y seres humanos.
-¿Hay alguna investigación que relacione al glifosato con malformaciones congénitas y abortos espontáneos en mujeres expuestas al producto durante el embarazo, con cánceres en niños o en población rural?
-No hay ninguna correlación entre el glifosato y esos trastornos y enfermedades. Los estudios científicos indican que no produce efectos cancerígenos y que tampoco afecta el sistema nervioso ni la reproducción. El glifosato es uno de los herbicidas más ampliamente utilizados, se lo utiliza en todos los países donde se hace agricultura como Canadá, Estados Unidos, Australia, Japón o los países europeos. Obviamente está registrado en todos esos países y para su uso por los agricultores han intervenido los respectivos organismos de control. Y el permiso para utilizarlo se otorga luego de someter a cada producto a decenas de trabajos científicos que demuestran los efectos que tienen sobre las plagas, las personas y el ambiente.
Hay muchos estudios con el glifosato. En una experiencia con conejos en la que se los expone a dosis muy altas en los períodos más sensibles de la gestación no se encuentran problemas de ningún tipo. También hay trabajos en ratas en las que se las expone diariamente a dosis de glifosato en la comida durante tres generaciones. Estos estudios no muestran problemas de reproducción ni de malformación ni de cánceres. Hay altísimos márgenes de seguridad.
No se olvide de que a este herbicida se lo viene estudiando desde los setenta. Son muchos años de investigación y muchas las agencias de regulación que han intervenido. Y un dato significativo: ninguna agencia del mundo pidió que se generaran datos adicionales, que es lo primero que se pide cuando se detecta algún problema. El glifosato es uno de los herbicidas más compatibles con el medio ambiente.
Félix Sammartino
LA NACION
10/10/10
LA NACION
