Severa denuncia lanzó uno de los autoconvocados de la pesca (Mar del Plata)

"Nadie cumplió con los que se comprometieron a hacer", dijo Alberto Rosas. El año pasado fue el líder de la protesta de los fileteros del puerto, pero hoy está enfrentado al resto de los dirigentes y acusa a la CTA de haber "usado a los trabajadores" para otros fines.

"Nadie cumplió con los que se comprometieron a hacer", dijo Alberto Rosas. El año pasado fue el líder de la protesta de los fileteros del puerto, pero hoy está enfrentado al resto de los dirigentes y acusa a la CTA de haber "usado a los trabajadores" para otros fines.

En agosto del año pasado Alberto Rosas se erigió como uno de los líderes de las protestas en el puerto de Mar del Plata protagonizadas por cientos de fileteros que exigían la registración laboral. Estuvo al frente de las marchas, de la toma de la sede del SOIP, la sede del Ministerio de Trabajo y del Concejo Deliberante. Recorrió despachos oficiales para tratar de hacer oír su reclamo.

Trabajó durante 36 años como filetero, aunque ahora está en un impasse. Hace algunos meses se tuvo que dedicar a la albañilería porque -según contó- su nombre es "mala palabra" en las fábricas del puerto.

Igual sostiene su causa. Aunque en varios sentidos, hoy Rosas no es el mismo que el que cobró notoriedad pública por ponerse al frente de la protesta.

De hecho, ya no comparte nada con los otros dirigentes que lo acompañaron como Roberto Villaola, Elda Taborda, o los líderes de la CTA. "Nos usaron, nos traicionaron", se quejó. Acaba de crear la Agrupación Peronista Primero de Agosto, que denuncia a la central obrera de "engañar a los obreros con promesas de subsidios y alimentos".

–Después del conflicto vivido el año pasado. ¿En qué situación están hoy? –le preguntó LA CAPITAL.
–En una situación de crisis porque se han producido fracturas en el movimiento de los trabajadores. Una de las más importantes la tuvimos con Raúl Calamante, Roberto Villaola y la CTA. Ellos en un principio dijeron que nos iban a ayudar, pero mostraron las uñas. Hicieron presentaciones en Buenos Aires con nuestras firmas con todas las actas suscriptas en el Ministerio de Trabajo para solicitar la personería jurídica de la CTA. Sin saberlo fuimos un instrumento, fue una traición. Usar a los trabajadores con intereses políticos mezquinos no es justo. Ellos aparecieron como los salvadores, pero quedó en claro que era todo un montaje inmoral para aprovecharse de nosotros.

–¿Usted compartía los términos en los que se hacía la protesta? Recordemos que hasta hubo heridos de bala…
–Lo que desató toda esa situación fue la agresión con arma de fuego al filetero Diego Algañaraz. Eso desató una bronca contenida. Antes de eso, la empresa Giorno se desentendió de las cooperativas que le reclamaban la registración laboral. Ahí determinamos que nos íbamos a manifestar en la calle. En un principio el SOIP se comprometió con nosotros, pero después se borraron, generando sospechas sobre su actitud. Ahí fue que salimos y hubo destrozos. Yo lideraba a un grupo, pero era imposible contener la bronca.

–¿No había infiltrados?
–En ese momento éramos trabajadores. Seguro que hubo trabajadores con un pensamiento político que no concuerda con el nuestro. Sé que había gente del Partido Obrero, del Partido Comunista. No me enorgullece que haya pasado algo tan feo en el puerto. Nosotros con eso nos ganamos una imagen de violentos y éramos trabajadores con bronca.

–¿Qué cree que lograron?
–El balance no es positivo. Terminamos el año rogándole al ministro de Trabajo una bolsa navideña y algo de dinero para subsistir. No hubo soluciones. Nadie cumplió con lo que se comprometieron a hacer. Hasta habían prometido no tomar represalias. Hoy yo fui despedido y soy mala palabra en el puerto. No registraron a nadie y eso es lo que reclamamos.

–Cuando dicen estar en contra de las cooperativas. ¿Las objetan en todas sus formas?
–No. Le dijimos claramente al ministro de Trabajo Carlos Tomada y al Inaes que no nos oponemos al sistema cooperativo bien constituido. Pero nos oponemos a un sistema en el que los trabajadores no participan en la elección de autoridades, en los balances, en nada.

–¿Hay cooperativas bien constituidas?
–No lo sé, son las menos. En los papeles pueden estar bien constituidas pero los trabajadores en los hechos no tienen participación en nada.

–¿Establecen una diferencia entre las cooperativas y las plantas que simulan serlo y no lo son?
–Por supuesto. No son ni siquiera una empresa. Son fábricas que hacen fasonería. Reciben el pescado de terceros para cortarlo. En la verdadera cooperativa se compra el pescado para venderlo. Pero en estas fasoneras se truchan las boletas para justificar eso. Lo que decimos y dice la ley es que cuando pasa eso, la empresa que tiene que hacerse cargo es la que provee el pescado.

–Pero debería ser sencillo detectar a estas plantas clandestinas, ¿no?
–Los empresarios más grandes dicen que trabajan totalmente en blanco y que por otra parte hay plantas clandestinas. Pero le cuento cómo es la cosa. Yo trabajé en una planta a la que le llegaba pescado de otra planta que, a su vez, se lo compraba a un tercero. Esa es la denuncia que hacemos, hay que ver cómo se manipula el pescado. Mucho del pescado que llega al puerto pasa de planta en planta hasta llegar a sucuchos insalubres.

–¿Trabajó en algún lugar de ésos?
–Usted ni se imagina en los lugares en los que yo trabajé. Una vez fui a trabajar a un sucucho donde no había luz. El baño estaba arriba de una losa, a la intemperie, no tenía agua y la puerta la teníamos que sostener con la mano para que no se nos cayera. Plantas como esas son clandestinas y muchas otras tienen la habilitación del Senasa, pero ¿qué es lo que ellos controlan? Pensábamos que cuando le contáramos todo esto al ministro de Trabajo iba a intervenir en serio, pero nos llevamos una gran desilusión.

–La Municipalidad dice que hay 250 plantas dedicadas a procesar pescado fresco en la ciudad. ¿Es cierto?
–¡¿Que?! ¡Recorran los barrios! Hay galpones, hay garajes. Está lleno. Entiendo que ahí hay laburantes, yo no voy a ir a un garaje a sacar a 5 tipos que están ganándose el mango. Acá hay que buscar al dueño del pescado. No es que esté bien trabajar así, pero hay que ser un poquito pensante y no enfrentar a la gente.

–Hoy se propone la reconversión laboral de los trabajadores del sector, ¿está de acuerdo?
–El secretario de la Producción de la Municipalidad. Horacio Tettamanti, dice muy suelto de cuerpo que hay que capacitar a la gente en otros oficios. ¿Por qué? ¿Qué culpa tenemos los trabajadores de que no haya merluza? Lo que él plantea va a en contra de la Constitución. Yo hace 36 años que soy filetero, tengo una profesión. Ahora resulta que porque a este señor se le ocurre, mañana tengo que trabajar de otra cosa para ganar 30 pesos por día cuando como filetero puedo ganar 120 ó 130. Esto va en desmedro del salario y de la profesión. Tettamanti debe manifestarse de modo coherente y pensar que no todos tenemos la suerte de ser un empresario y vivir como él.

–¿En qué situación está hoy el reclamo?
–El intendente habla, pero no decide nada. Esto se resuelve en Buenos Aires, pero el Gobierno nacional no nos atiende. No seremos del campo, pero somos de la pesca y también tenemos un problema. Nosotros nos oponemos a que se aplique el Anexo Pyme para los trabajadores y queremos que se respete el convenio colectivo de trabajo del ’75. Sí somos conscientes de que el convenio se tiene que discutir, pero para mejorarlo y no para degradar al trabajador.

–Bien..
–Otra cosita, si me permite…

–Sí.
–Les digo a los empresarios, a la Cámara de Armadores y a Darío Socrate que nos oponemos a pedir más cupos de merluza. No nos va a volver a usar como en el ’99. Por mí que saque a los congeladores, pero si quieren usar a los trabajadores para defender sus intereses primero nos tienen que registrar a todos. La verdad es que ya nos tienen repodridos.

11/04/08
LA CAPITAL

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