Sólo en cumplimiento del protocolo político, un día antes de la publicación del decreto que lo nombraba subsecretario de Puertos y Vías Navegables, el empresario naval Horacio Tettamanti, negaba todo. “Sólo estoy en el Consejo Federal Pesquero por Buenos Aires”, decía.

Sólo en cumplimiento del protocolo político, un día antes de la publicación del decreto que lo nombraba subsecretario de Puertos y Vías Navegables, el empresario naval Horacio Tettamanti, negaba todo. “Sólo estoy en el Consejo Federal Pesquero por Buenos Aires”, decía.

El espasmo de la noticia le dura a varios empresarios y sindicalistas del sector. Nadie entiende muy bien por qué designaron al presidente de los astilleros SPI (que factura US$ 16 millones anuales por reparaciones navales) y Alnavi (construcción de barcazas), amante del yatching, en un cargo crítico para un país cuya columna vertebral, el río, no soportará mucho tiempo más el peso de su economía. Es la política, estúpido.

Tettamanti ama al Relato y es un apasionado del “discurso por y para los trabajadores”. Su presencia en su sector no pasa desapercibida: la industria naval, totalmente olvidada y con sus tres caras. Está la Federación, tibia en sus reclamos; la Cámara Santafesina, impulsada por el Astillero Punta Alvear, más crítica, y la Asociación Bonaerense (ABIN), presidida por Tettamanti, que canoniza al Modelo como el Lázaro de la industria naval.

Este ingeniero naval y mecánico es director de la Liga Naval, institución multiconvocante, que le dio una medalla de oro, a fines de mayo. “Visten ropa de trabajo y casco, no deambulan por escritorios en busca de prebendas”, provocaba la institución que tiene entre sus filas a los jefes de la Prefectura, la Armada, capitanes y patrones de río, empresarios navales y navieros (y hasta el gobernador Daniel Scioli) que también reconoció semanas atrás Omar Suárez.

A propósito, y contra todos los pronósticos del sector, la ordenación de Tettamanti confirma la máxima peronista de que la relación entre un gobierno de ese signo, y los sindicalistas del mismo signo, es efímera y traicionera. Suárez tenía ideas diferentes respecto del cargo. Nadie arriesga qué ideas tendrá a partir de ahora.

Por Emiliano Galli | LA NACION

03/07/12

LA NACION

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