En las islas algunos viven de la pesca, pero quienes tratan de conservar su biodiversidad dicen que hay muchas especies marinas en peligro de extinción y piden a los pescadores dedicarse al turismo.
En las islas algunos viven de la pesca, pero quienes tratan de conservar su biodiversidad dicen que hay muchas especies marinas en peligro de extinción y piden a los pescadores dedicarse al turismo.
Todos los pescadores de la zona dicen que dejar la pesca comercial y modificar sus barcos para usarlos en el turismo es algo costoso y complejo, y que no tienen el dinero ni la capacitación para hacerlo.
Ya han hecho concesiones para proteger las especies marinas: emplean embarcaciones pequeñas y usan sedales y señuelos sencillos, que les permiten atrapar los pescados con las manos.
De todos modos, algunas especies de la Reserva Marina de las Galápagos han sido diezmadas, como la langosta y el pepino de mar, lo que hace que aumenten las presiones para que los pescadores recojan cargas cada vez más pequeñas.
El caso de estos pescadores refleja lo difícil que es proteger la biodiversidad del archipiélago y conseguir que quienes la destruyen, ayuden a preservarlas.
”Quiero comercializar más, pero ahora, así como son las reglas, es imposible”, expresó uno de los pescadores.
La reserva, que alberga más de 3.000 especies, ha sido dañada en años recientes por pescadores que desean explotar los mercados locales, nacionales e internacionales, según las autoridades.
Edwin Naula, director de turismo y ex director del Parque Nacional de las Galápagos, dijo que no es fácil hacer que los pescadores cumplan con las normas.
”Es como cuando tienes a tus niños en la casa y está todo desordenado y llega el papá y les dice, hay que poner orden en la casa y tienen que dejar de jugar, tienen que dejar de desordenar”, señaló. ”Claro que se enojan un poco los chicos cuando vienen los padres a la casa con esa actitud. Creo que en Galápagos, a lo mejor puede pasar eso. A lo mejor hay actividades que no estaban reguladas que necesitaban regularse y el Parque tiene la facultad de regularlas”.
Las especies de esta isla fueron la base de la teoría de la evolución de Charles Darwin, de cuyo nacimiento se cumplen 200 años el 12 de febrero. Las especies atraen más de 150.000 turistas anuales a estas islas a 1.000 kilómetros (600 millas) del océano Pacífico.
La UNESCO las declaró patrimonio de la humanidad en 1979 por su combinación singular de plantas y animales, y en 2007 las incorporó a la lista de sitios que peligran por su excesiva explotación o por peligros derivados del medio ambiente.
La pesca es la segunda industria más rentable de las Galápagos y genera unos 3 millones de dólares anuales, comparado con los 63 millones del turismo, de acuerdo con la Fundación Charles Darwin y el Instituto Galápagos.
Luis enrique Bonilla, tiene 43 años y vino a las islas a los 11 años, se ha dedicado a la pesca la mayor parte de su vida. Tiene una licencia para pescar y es presidente de la cooperativa de pesca de la isla Santa Cruz, que agrupa a más de 200 pescadores de la zona.
La pesca industrial está prohibida desde 1998 y los pescadores, o por lo menos los que respetan las leyes, deben contentarse con lo que pescan con métodos tradicionales. Bonilla, quien a veces es acompañado por su hijo Luis, de 12 años, realiza excursiones de pesca que pueden durar hasta cuatro días.
Usa un barco de fibra de vidrio llamado ‘Eagle Ray’ y no tiene dinero para invertir en equipo que facilite métodos más modernos.
Los miembros de la cooperativa opinan que los reguladores de la industria son innecesariamente severos. La captura de cantidades excesivas de peces, no obstante, hace que cada vez resulte más difícil vivir de esa actividad.
La población del pepino de mar se redujo enormemente en la última década, de acuerdo con Matthias Wolff, director de ciencias marinas de la Fundación Charles Darwin.
En el 2001, indicó, se vendieron unos 8 millones de pepinos de mar a Taiwán, que pagó hasta un dólar por cada uno. En el 2008, no se logró cubrir la cuota de 1,2 millones que se había fijado.
Ante la escasez de pepinos de mar y langostas, los pescadores buscan otras especies, como tiburones, cuya pesca es ilegal.
Bonilla asegura que él cumple con las leyes, pero que la mayoría de los pescadores las violan de vez en cuando.
Los funcionarios del servicio forestal opinan que el turismo ofrece una forma alternativa de ganarse la vida a los pescadores, que pueden organizar salidas para mostrarle al visitante los métodos tradicionales de pesca o paseos para bucear o caminar por la naturaleza.
Bonilla, sin embargo, dijo que la primera opción no le deja dinero alguno y que la segunda es demasiado costosa, pues requiere chalecos salvavidas, toldos, baños y permisos muy caros.
Los pescadores, por otra parte, tienen embarcaciones tan pequeñas que no podrían atraer suficientes turistas como para generar un buen ingreso. Y la mayoría habla solo español.
09/02/09
EL TIEMPO
