(FNM) A dos años del peor derrame offshore de petróleo en la historia estadounidense, la compañía petrolera estatal mexicana está a punto de iniciarse en la perforación a gran profundidad en el Golfo de México.
(FNM) A dos años del peor derrame offshore de petróleo en la historia estadounidense, la compañía petrolera estatal mexicana está a punto de iniciarse en la perforación a gran profundidad en el Golfo de México.
Si todo ocurre según lo planeado, en mayo la mexicana Pemex desplegará dos modernas plataformas en un área ubicada apenas al sur del límite marítimo con los EEUU. Una plataforma iniciará su perforación a 9.514 pies (2.900 metros) de profundidad de agua, mientras que la segunda lo hará en 8.316 pies (2.535 m).
Pemex no tiene experiencia previa en perforaciones a tales profundidades. Los organismos de regulación petrolera de México dieron señales de alarma, diciendo que la gran petrolera estatal no está preparada para lidiar con un serio derrame o accidente, en aguas ultraprofundas. Los críticos dicen que la compañía ha podado gastos de seguros descuidando negligentemente la cobertura frente a un potencial desastre de grande dimensiones.
Los planes mexicanos llegan a dos años de la catástrofe de la “DEEPWATER HORIZON”, el peor vertimiento de petróleo de la historia estadounidense. El 20 de abril de 2010, la mencionada plataforma semisumergible contratado por la petrolera británica BP para perforar un pozo denominado “Macondo”, explotó frente a las costas de Luisiana, matando a once operarios y liberando 4.9 millones de barriles de petróleo en los cerca de tres meses que les tomó a los ingenieros detener la fuga.
BP estimó que la cuenta por el derrame – incluidas las multas impuestas por el gobierno, los costos de limpieza y las compensaciones- podrían trepar a los USD 42.000 millones, para la compañía y sus contratistas.
Los planes de Pemex para perforar pozos a profundidades todavía mayores, pone de manifiesto la necesidad de sostener una producción petrolera menguante – las exportaciones en este rubro generan recursos equivalentes a la tercera parte de los gastos de operación del gobierno-, junto con el deseo de la compañía petrolera de fortalecer su tecnología y capacidad para perforar a profundidades cada vez más exigentes.
Carlos A. Morales, jefe del brazo de exploración y producción de Pemex, que da empleo a 50.000 personas, mostró su confianza en las capacidades de la compañía para perforar pozos en aguas ultraprofundas.
“Pemex está lista para afrontar el desafío, y para hacerlo con seguridad”, afirmó Morales en una entrevista concedida en su oficina del piso 41 de la sede central de Pemex, en el centro de Ciudad de México.
“Hay que tener en cuenta que Pemex es el mayor operador en el Golfo –incluyendo a todos-, tanto en producción como en la cantidad de plataformas en operación. Estamos operando más de 80 plataformas offhore”, enfatizó.
Morales explicó que en mayo, Pemex trasladará la plataforma petrolera semisumergible “WEST PEGASUS” (foto), construida en Singapur y de propiedad de la empresa noruega Seadrill, hacia la zona en la que se encuentra la formación conocida como Faja Plegada de Perdido, donde perforará un pozo denominado Supremus.
Casi al mismo tiempo, otra plataforma –conocida como “BICENTENARIO”, construida en Corea del Sur y propiedad de la mexicana Grupo R, perforará el pozo Trio, en aguas ligeramente más someras, y un poco al oeste del Supremus.
El área en cuestión se encuentra a unas 30 millas al sur del límite marítimo entre México y EEUU, en el Golfo de México.
Morales reveló que ambas plataformas “son de sexta generación, lo que implica que son las más modernas que existen. Poseen todos los sistemas de seguridad que las plataformas deberían tener”.
Los desafíos de la perforación en aguas “ultraprofundas” – más de 5.000 pies de agua-, son todavía significativos, a causa de las altas presiones y de la complejidad de los sistemas de extracción en el lecho marino, semejante incluso a la puesta en órbita de naves espaciales, según los expertos. La “DEEPWATER HORIZON” estaba perforando a 5.100 pies cuando se produjo la explosión.
Desde 2004, cuando Pemex se decidió a expandir su actividad offshore desde las bajas hacia las altas profundidades, lleva perforados 16 pozos a profundidades crecientes, con dos en aguas ultraprofundas: Caxa y Kunah, este último en 6.500 pies.
La constitución mexicana impide a Pemex operar en asociaciones (“joint ventures”) con otras compañías que hayan tenido ya experiencia en perforaciones a muy grandes profundidades. Solo puede establecer contratos con compañías globales de servicios petroleros, ordenándoles la realización de funciones.
“Esto requiere experiencia gerencial de la que Pemex carece”, afirma Miriam Grunstein Dickter, experta en petróleo del Centro de Investigación y Enseñanza de Economía, un instituto de ciencias sociales de la Ciudad de México. “Cuando uno contrata a una compañía de servicios, ellos realizan las tareas que usted les manda. En este caso, Pemex no sabe cómo ordenarle a la compañía de servicios”.
“Al igual que con la ciencia espacial, usted puede encontrar la gente necesaria. Ellos están allá afuera, disponibles”, agrega Kirk Sherr, a cargo de las operaciones para América del Norte, de la consultora global Regester Larkin Energy. “Pero ¿quién los va a coordinar?”.
Es cuando golpean los desastres, que los recursos – o la falta de estos-, se ponen en marcado relieve, para una compañía petrolera o aún para un país.
Luego del desastre de la “DEEPWATER HORIZON”, BP, el Servicio de Guardacostas de los EEUU, y los funcionarios federales y provinciales reunieron alrededor de 3000 embarcaciones para ayudar en el despliegue de equipamiento, limpieza de humedales y recuperación del crudo derramado.
México no cuenta con semejante flota de barcos a su disposición. Su Armada tiene 189 barcos, y Pemex contrata alrededor de 180 embarcaciones.
Esta es una de las preocupaciones de Juan Carlos Zepeda, titular de la Comisión Nacional de Hidrocarburos de México, un cuerpo regulatorio creado en 2009, que batalló contra Pemex acerca de sus prácticas, demandando que adopte estándares internacionales en materia de seguridad y se prepare para enfrentar los peores escenarios.
Los dos lados han librado una lucha de poder. La compañía estatal, con 74 años de existencia, está acostumbrada establecer sus propias reglas, y no a seguir las imposiciones de otros reguladores.
“Pemex no está acostumbrada a sentirse mandoneada”, explicó Grunstein.
La de los seguros ha sido una cuestión polémica. Zepeda quiere que Pemex esté asegurada para pagar derrames catastróficos, como el del pozo Macondo de BP. Pero Pemex se muestra reacia a hacerlo.
“Probablemente ellos estarán pensando por qué van a darle todo ese dinero a las compañías aseguradoras”, sugiere David Shields, un consultor en energía de Ciudad de México.
Morales, de Pemex, dijo que la compañía estaba asegurada con una cobertura de USD 2.500 millones. “Estoy satisfecho con los que Pemex es capaz de hacer. Siempre se podrá argumentar que USD 2.500 millones no son suficientes. También podemos argumentar que 10.000 millones no serán suficientes”.
Aclaró, sin embargo, que Pemex tiene bolsillos particularmente profundos. “El propietario de la compañía, es el gobierno de México”, enfatizó.
Pero la posibilidad de que Pemex, o aun el Tesoro de México paguen ante el caso de un desastre en aguas profundas, es una cuestión abierta. Los grandes reclamos por daños no han sido planteados contra una compañía petrolera estatal. Dado que Pemex vuelca la mayor parte de sus ingresos al Tesoro, serán los contribuyentes mexicanos quienes terminarán pagando una buena parte de los costos de limpieza y de reclamos legales.
Para Shields, “la ocurrencia de un desastre grande impactaría duramente a la economía de México, y resultaría catastrófico para la relaciones con los EEUU”.
Para algunos expertos de la industria, Pemex no está tomando riesgos mayores que los que las compañías petroleras estatales toman a veces.
“No se trata de algo necesariamente temerario”, opina John Rogers Smith, experto en perforaciones offshore de la Universidad del Estado de Louisiana. “Ellos pueden emplear contratistas competentes. Pueden adquirir equipamiento de vendedores reputados. La pregunta es…¿a quiénes han contratado para trabajar para ellos?”.
Pemex firmó un contrato la semana pasada con Wild Well Control, una compañía de Houston con experiencia en control de explosiones en pozos. Morales dijo que Pemex estaba negociando un contrato con una segunda firma de Houston, Cameron International, que tiene sofisticadas herramientas que ayudaron a BP a controlar su pozo Macondo, bajo la plataforma “DEEPWATER HORIZON”.
A mediados de febrero. EEUU y México firmaron un acuerdo marco sobre desarrollo transfronterizo de yacimientos de petróleo en el Golfo. El compromiso incluye términos para la cooperación en materia de seguridad, incluidas la autorización para realizar inspecciones conjuntas encaminadas a asegurar que las plataformas cumplan con las reglas clave de seguridad y protección ambiental, para prevenir los peores escenarios de derrames.
“Yo no creo que nosotros debiéramos estar más preocupados por lo que ellos están haciendo, que por algunas de las cosas que nosotros estamos haciendo en nuestro lado del Golfo”, afirmó Jeremy Martin, director del programa de energía del Instituto de las Americas, una organización sin fines de lucro con sede en La Jolla, California, que promueve la cooperación y el desarrollo económico.
Con todo el desastre de la Deepwater sigue rondando como una prolongada pesadilla.
“Macondo fue un hito en materia de perforación en aguas profundas. Hay un antes y un después de Macondo”, sostiene Fabio Barbosa, economista de la Universidad Autónoma Nacional de México, especializado en la industria petrolera.
Barbosa explicó que Pemex estaba profundamente preocupada por mantener la producción de petróleo en un contexto de declinación de las reservas comprobadas, el 50% de las cuales yacen bajo el mar en aguas profundas.
La producción de PEMEX ha caído de 3,4 millones de barriles diarios en 2004, a alrededor de 2,55 millones en la actualidad.
“Ellos consideran su obligación aumentar la producción de crudo. Y están haciendo todo lo que pueden, de todas las formas posibles para lograrlo”, agregó Barbosa.
Para Shields ese es uno de los factores, pero también lo es el hecho de que las autoridades mexicanas han observado el rápido desarrollo de pozos petroleros estadounidenses en el Golfo, y quieren establecer una presencia propia en las áreas cercanas de su jurisdicción, aunque ellos implique una mayor exigencia a sus capacidades.
“Quieren plantar la bandera allí”, explica Shields, que es mexicano naturalizado. “La industria petrolera tiene mucho de eso. Ellos quieren enfrentar desafíos cada vez mayores. Una vez que escalan un pequeño monte, quieren subir a una montaña más alta”.
Shields agrega que: los riesgos son masivos, y los beneficios potenciales comparativamente pequeños”.
Morales, el ejecutivo de Pemex, disiente con la afirmación de que su compañía no pueda manejar ese riesgo: “Vamos allí porque hay recursos que pertenecen a la Nación. Nosotros tenemos el mandato de explorar y producir para la nación”.
“Somos capaces de cumplir todas nuestras obligaciones”, concluye.
Por Tim Johnson (McClatchy Newspapers)
Adaptado al español por NUESTROMAR. Fuentes: The Miami Herald y Maritime News; 09/04/12
10/04/12
FUNDACIÓN NUESTROMAR

