El pingüino de Magallanes (Spheniscus magellanicus), fue avistado por los primeros europeos en el viaje de Magallanes en 1520, y descrito por el cronista Antonio Pigafetta como "extraños gansos".
El pingüino de Magallanes (Spheniscus magellanicus), fue avistado por los primeros europeos en el viaje de Magallanes en 1520, y descrito por el cronista Antonio Pigafetta como "extraños gansos".
Tiene su hábitat natural desde la Patagonia hasta el norte de Chile en el Pacífico y el sur del Brasil en el Atlántico, pudiendo llegar en invierno hasta Río de Janeiro, en un viaje de más de 3.000 kilómetros. Estos pingüinos pesan entre 2,7 y 4,8 kilogramos y miden entre 50 y 70 centímetros, son excelentes nadadores, pasan la mayor parte de sus vidas en el agua e incluso duermen en ella. Pueden alcanzar una velocidad de nado de 19 km/h y son capaces de mantener una velocidad de natación constante de 8 km/h por largos tramos.
La contaminación con hidrocarburos
La organización SOS Rescate de Fauna Marina, encontró a comienzos del mes de junio, al menos 65 pingüinos muertos y otros 34 vivos pero contaminados con hidrocarburos en las playas de los departamentos de Canelones, Maldonado y Rocha, en el sudeste de Uruguay.
Richard Tesore, director de la ONG, indicó que se trató de pichones de la raza Magallanes que en estas fechas realizan su viaje migratorio entre el sur de Argentina y las costas del sudeste de Brasil, y se sospecha que podrían haber atravesado, la mancha de 20 kilómetros de extensión, de combustible que derramó el carguero griego Syros, que sufrió una avería en el casco a la altura de sus depósitos de combustible cuando colisionó con el buque mercante Malta Sea Bird a la entrada del puerto de Montevideo.
El experto cree “que factores climáticos y las corrientes marinas incidieron en el adelantamiento, en casi un mes, de las olas migratorias de los animales provenientes del Atlántico sur”.
La Niña y las corrientes marinas
En los últimos cuarenta días, casi un millar de pingüinos juveniles, en su mayoría, agonizantes o ya muertos, han encallado en las cálidas costas del noreste brasileño, a dos mil kilómetros de su ruta habitual de migración arrastrados por corrientes marinas más calientes de lo habitual.
"Es algo nunca visto dijo Sheila Serra, bióloga del Instituto de Mamíferos Marítimos de Salvador, sólo en julio llegaron a las playas de Salvador de Bahía más de 650 pingüinos de Magallanes, muchos de ellos muertos”. El límite natural de las corrientes marinas es el litoral del estado de Río de Janeiro, en el sureste de Brasil, y no es inusual encontrar alguno en las playas cariocas. Sin embargo, este año la migración llegó mucho más al norte y a otras regiones turísticas vecinas como Ilheus, la Bahía de Todos los Santos, el Morro de Sao Paulo y el litoral norte del estado de Bahía y algunos ejemplares fueron encontrados en Natal, capital del estado de Grande do Norte, bien cerca de la línea del Ecuador.
Serra explicó que “Llegaron en estado de hipotermia y el primer cuidado fue estabilizar la temperatura del cuerpo en 39 o 40 grados centígrados. Luego fueron hidratados y colocados al calor de lámparas. En los primeros dos o tres días recibieron por sondas pescado y vitaminas y luego comenzaron a comer pescados enteros. Cada animal come un kilo de sardinas o anchoas por día”. Según Serra, el fenómeno climático La Niña, vinculado al calentamiento del planeta, sería la causa de esta llegada de pingüinos al noreste brasileño.
"Con el cambio de la dinámica de las corrientes marinas, la de Malvinas, que recorre el sur de Brasil, la temperatura del agua está actualmente tres grados centígrados más fría que lo normal, subió hasta el noreste y los pingüinos perdieron su ruta".
Las autoridades brasileras han realizado incluso campañas informativas para evitar que, como venía ocurriendo, algunas personas en un intento de salvarlos los coloquen en cubas con hielo o hasta en la heladera. A fines de septiembre serán llevados en avión desde Salvador hasta Arraial do Cabo, en el estado de Río de Janeiro, para que emprendan el regreso a la Patagonia. A ellos se unirán unos 200 pingüinos encontrados en Río y rehabilitados en un zoológico local.
Opinión de los expertos
Los científicos creen que, debido al calentamiento global y el derretimiento de los polos, la corriente de las Malvinas está fluyendo con más fuerza y llevando a los pingüinos mucho más al norte. Algunos estiman que se debe al calentamiento global y otros a la falta de falta de peces para alimentarse. Thiago Muniz, veterinario del zoológico de Niteroi, cree en cambio que el aumento de pingüinos tiene que ver con el incremento de la pesca y opinó que "El hecho que lleguen tantos demuestra que han de alejarse más de las costas para encontrar comida porque hay demasiada pesca aquí, así que son más vulnerables a las fuertes corrientes". Según Eduardo Pimenta, guardacostas jefe de Cabo Frío, un complejo costero del estado de Río de Janeiro, reportó que unos 400 pingüinos, en su mayoría juveniles, han llegado muertos a las costas durante los últimos dos meses, lo que supone el número más alto registrado hasta ahora.
Otras causas: basura e hipoxia marina
Las corrientes oceánicas llevan la basura producida en los países y dos de sus fuentes principales son los Estados Unidos y Japón, quienes aportan la mayor cantidad de ella.
Este gran “caldo” está compuesto principalmente de pequeños pedazos de plástico, y es consumido por animales como peces, tortugas, pingüinos, ballenas, y todo tipo de fauna condenada a morir de inanición.
Los restos de plástico en el mar están dispersos, es prácticamente imposible limpiarlo, y ningún gobierno estaría dispuesto a costear una operación de tal envergadura de su bolsillo.
Algunos estudios indican, que su densidad se duplicará en menos de una década. Los bajos niveles estacionales de oxígeno, conocidos como hipoxia, han aumentado dramáticamente en aguas costeras del mundo entero en las últimas décadas, en gran parte como resultado de la creciente actividad agrícola e industrial. El impacto a largo plazo de la hipoxia en poblaciones animales marinos es desconocido.
A comienzos del siglo XX sólo había cuatro zonas de «mar muerto» en el mundo, a mediados de los años sesenta ya había 49, que se habían convertido en 87 en los años setenta, y en 162 en los ochenta.
Desde entonces la progresión no ha decrecido. En 1995 ya había 305 burbujas inertes en las aguas cercanas a las costas en todo el mundo. En estos momentos se estima que hay 405, y que entre todas suman 245.000 kilómetros cuadrados, casi como la superficie que ocupa Nueva Zelanda.
El peligro viene de una actividad humana tan aparentemente inocente como la agricultura. El vertido al mar de fertilizantes agrarios ricos en nitrógeno y en fósforo, más la quema exacerbada de biofósiles, envenena hoy en día el mar tanto o más que las agresivas plantas industriales del pasado.
Esta destrucción del medio ambiente marino por hipoxia (falta de oxígeno) ocurre preferentemente en las aguas calmas y poco revueltas de estuarios, fiordos y mares interiores.
Los cambios en la circulación de las aguas que acompañarán el cambio climático incrementarán la estratificación y la temperatura de las aguas, condiciones propicias para generar una disminución del oxígeno y una desaparición de la fauna marina.
Si el calentamiento global y la destrucción de los hábitats arrasan con animales y vegetales, la salud de los seres humanos estará seriamente comprometida.
26/10/08
BARCOS MAGAZINE
