¿Usted sabía que las exportaciones de la industria pesquera contribuyen al fisco por valores casi tan altos como la exportación de carne vacuna? Apuesto a que muchos de los lectores de Fortuna, especializada en economía y negocios, no sabían de este dato que muestra la importancia de una industria que suele estar fuera del radar de la opinión pública y de los políticos. La industria pesquera atraviesa una crisis similar a la del Agro, pero llevamos un año largo sin encontrar interlocutores en el Gobierno Nacional.
¿Usted sabía que las exportaciones de la industria pesquera contribuyen al fisco por valores casi tan altos como la exportación de carne vacuna? Apuesto a que muchos de los lectores de Fortuna, especializada en economía y negocios, no sabían de este dato que muestra la importancia de una industria que suele estar fuera del radar de la opinión pública y de los políticos. La industria pesquera atraviesa una crisis similar a la del Agro, pero llevamos un año largo sin encontrar interlocutores en el Gobierno Nacional.
Argentina mira al mar, pero mira poco. Sin embargo, de Mar del Plata hasta Ushuaia muchas ciudades dependen en gran medida de la actividad pesquera, una actividad que debe actuar en la incertidumbre permanente de un mercado internacional con gran fluctuación de precios sin que exista todavía un plan estratégico de desarrollo del sector.
En primer lugar, es preciso que se aplique la cuotificacion establecida en la Ley Federal de pesca Con el método utilizado a la fecha se pone en riesgo la recuperación de la biomasa de peces cuya preservación es vital para asegurar el mediano y largo plazo de la actividad. Con la cuotificación, se genera un sistema en el cual todos los actores se controlan mutuamente y se premia la trayectoria comprobable de las empresas.
En segundo término, es necesario ordenar la relación de empresas y sindicatos. Hoy, el costo de la mano de obra insume entre un cuarenta y un sesenta por ciento de la facturación bruta, o, más de la mitad de cada pescado que pescamos. En una industria de mano de obra intensiva, pensamos en el personal como factor clave del negocio, pero necesitamos que el Estado intervenga para asegurar negociaciones colectivas, ordenadas y responsables con gremios reconocidos por sus representados y con las personerías correspondientes. El desorden en este campo, generó en 2007 los incendios de Puerto Deseado, que paralizaron una ciudad y que generaron pérdidas que todavía no está claro como van a ser subsanadas.
En tercer lugar, el Estado debe invertir recursos en proteger la milla 201, nuestra frontera marítima. Por allí pululan barcos factoría de distintas banderas, que emplean una mano de obra casi esclava y en la medida que no se los controle invaden nuestra Zona Económica Exclusiva para arrasar con los recursos naturales que nos pertenecen. Obviamente, estos barcos no contribuyen de manera alguna con las Arcas del Estado Argentino, y constituyen un feroz competencia internacional a nuestras exportaciones
En cuarto termino, la industria pesquera necesita una política impositiva acorde a la naturaleza de la actividad, que, como se dijo, está fuertemente intermediada con precios que fluctúan año a año y cuya evolución depende de factores pronosticables como los volúmenes de producción de los países que siembran pescado en cautiverio a factores tan aleatorios como las temperaturas del mar que inciden de manera directa en la reproducción de las distintas especies que ese capturan. Hoy, la industria pesquera paga derechos de exportación, pero no tiene reembolsos, mientras que una cantidad de productos, desde escobas a frutillas congeladas si lo tienen.
Pescar no es tirar una red, recoger lo que haya quedado atrapado en ella y venderlo en el puerto. La industria pesquera utiliza barcos congeladores y plantas procesadoras de alta tecnología, se sirve de una cadena de valor agregado humano que va desde marinos y pescadores a operarios en tierra. El cálculo es que por cada hombre embarcado se generan seis empleos en tierra. Cuando se exporta pescado se está exportando también valor agregado argentino, cosa que no se refleja en el Nomenclador aduanero argentino.
Por eso, los empresarios pesqueros buscamos tener de interlocutor a un Estado que haga suya la voluntad de tener una industria fuerte y en crecimiento, con capacidad para resistir campañas duras y para explotar al máximo las buenas. Necesitamos de funcionarios que estén dispuestos a normalizar un sector en el que conviven empresas argentinas y multinacionales que se desempeñan en la economía formal con empresas que tienen como modelo de negocio manejarse al costado del control del Estado.
Los empresarios pesqueros pedimos reglas de juego claras, compromiso con la transparencia que asegure que se compita en igualdad de condiciones y un marco de negociaciones salariales competitivo pero previsible.
Pero más que esto todavía, pedimos al Estado que miremos más el mar y veamos que, como la experiencia exitosa de muchos países muestra, en el mar hay una fuente de desarrollo sostenido y a largo plazo.
Por Daniel Molina Carranza
Director Ejecutivo de CAPECA, Cámara de Armadores de Pesqueros y Congeladores Argentinos.
26/04/08
REVISTA FORTUNA 77
