El "puerto libre" de Montevideo significó en el 2008 ingresos por US$ 514 millones y se estima que esa cantidad podría duplicarse en el corto tiempo. Además, hay 36.000 personas que viven de ese sector, uno de los que emplea mayor mano de obra.

El "puerto libre" de Montevideo significó en el 2008 ingresos por US$ 514 millones y se estima que esa cantidad podría duplicarse en el corto tiempo. Además, hay 36.000 personas que viven de ese sector, uno de los que emplea mayor mano de obra.

El término comprende lo que se conoce como un enclave (algo similar a una zona franca), una área claramente delimitada y protegida de la zona portuaria, donde ingresan mercaderías en tránsito, que no tienen necesariamente a Uruguay como destino final y que, durante su permanencia, estarán exentas de todo tributo y recargos aplicables a la importación.

Mientras se encuentran en el enclave, puede cambiarse libremente el destino de la mercadería, el almacenaje no tiene plazo determinado, los usuarios extranjeros no pierden la propiedad de la mercadería, tampoco ésta pierde el certificado de origen, puede venderse sin pagar tasa o impuesto. Es decir, toda actividad comercial, con la excepción de modificar la naturaleza del producto, es absolutamente libre mientras se encuentre en esa zona y nuestro país cobre por servicios y logística que su mantenimiento, depósito, clasificación, fraccionamiento o movimientos internos exijan.

Opera las 24 horas los 365 días del año y desde 2002 se ha implementado una Web-cam con acceso desde cualquier parte del planeta, lo que asegura el seguimiento directo y en tiempo real de las cargas. Un puerto, limitado a las capacidades económicas del país, a nuestro mercado, sería de límites estrechos. Somos escasos tres millones y medio de habitantes. El "puerto libre" lo que hace es ampliar su espectro para recibir mercadería con destinos diversos: a Paraguay y Bolivia a través de la Hidrovía, el sur del Brasil y de Argentina (salvo que sea Buenos Aires para el resto del país se hace muy caro y es más económico el cabotaje desde Montevideo) y viceversa: los productos de ellos salen al mundo por esta vía.

Pero el puerto libre además tiene la ventaja de atraer a la región a más líneas navieras, lo que beneficia al país. Más del 50% de las mercaderías que pasan por el puerto de Montevideo no tienen como destino final a Uruguay. Nos dirán que todo es impecable y cuál es el problema de este esquema de funcionamiento. Muy simple, el mismo de siempre: los vecinos. Brasil y Argentina, sobre todo y por el momento Argentina, miran con envidia este florecimiento del puerto de Montevideo que incluso despachaba cargas de vastas zonas de ese país hasta que el gobierno obligó a concentrarlas en Buenos Aires.

Como Uruguay es libre y soberano de establecer en su territorio (frase que cada vez parece más vacía) sus normas y sus excepciones, se le busca alinear a través de los organismos internacionales que integra, sobre todo el Mercosur convertido cada día más en una entidad funcional a los intereses de los dos socios grandes. Eso se refleja en el Código Aduanero del Mercosur, aprobado con el voto favorable de Uruguay en el Consejo del Mercado Común realizado en la ciudad de San Juan (Argentina), el pasado 2 de agosto. Allí queda nuestro "puerto libre" en la cuerda floja y ese fue el fundamento de documentadas y calificadas exposiciones de los senadores Lacalle Herrera y Sergio Abreu en el Senado de la República hace pocos días, alarmados por las consecuencias.

No es para menos, más allá de una cuestión de principios sobre cuales son los legítimos (¿o devaluados?) derechos que tenemos en nuestro territorio, hay 512 millones de dólares de razones y pueden transformarse en mil millones que podemos perder. Porque la redacción del Código elimina directamente la distinción de enclave aduanero respecto del territorio del país; dejamos de tener una zona de operaciones libre. Para el oficialismo esta exclusión no significa que Uruguay haya perdido sus derechos a operar como puerto libre, ¿pero alguien tiene alguna duda que si hay una reglamentación confusa y con definiciones poco claras, la interpretación que se aplicará será la que convenga a Argentina y Brasil? ¿Qué garantías hay que Argentina -incumplidora reciente de un fallo del Tribunal del Mercosur y más reciente de otro de la Corte de La Haya, respete una decisión en su contra? ¿No leyeron la historia de la obsesión de Buenos Aires por el puerto de Montevideo? El "bi-reinato" Kirchner o el imperio brasileño ¿van a actuar de buena fe y contemplando las asimetrías o lo harán como lo hicieron siempre?

El Parlamento uruguayo tiene la palabra. Fuente: El País Digital

26/10/10
URUGUAY VISIÓN MARÍTIMA

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