En muchas oportunidades y en muchos ambientes se hace una especial cita y elogio cuando se alcanza la integración de exitosos equipos humanos para el logro de objetivos específicos, en deportes, en empresas comerciales, en oficinas gubernamentales…
En muchas oportunidades y en muchos ambientes se hace una especial cita y elogio cuando se alcanza la integración de exitosos equipos humanos para el logro de objetivos específicos, en deportes, en empresas comerciales, en oficinas gubernamentales…
Se define la condición de equipo, casi siempre cuando convergen voluntades de profesionales, en ocasiones desde diferentes organizaciones, debidamente incentivadas y agrupadas, sobre un objetivo o para el éxito de una gestión previa y claramente identificada.
Pero permítanme narrar un ejemplo diferente, que creo debe ocurrir en muy pocas ocasiones y del cual tuve el gusto de tomar parte en su origen y el dolor de tener que contar la pérdida de uno de sus protagonistas.
La Oceanografía en nuestro país es una de esas ciencias poco conocidas y desarrolladas apenas en torno a unas pocas instituciones.
Las intervenciones nacionales en los foros de esta disciplina no han sido producto de estrategias de largo plazo o planificaciones interagenciales o demandas comunitarias; nunca se llegó a conformar un foro estable y permanente de debate, análisis y gestión profesional en temas vinculados a las ciencias oceánicas. En la mayoría de los casos han sido producto de la pasión individual de un puñado de profesionales que ante la obligación de participar representando a nuestro país en organizaciones internacionales han procurado aplicar el criterio de alguna de estas escasas instituciones comprometidas con la temática.
La contrapartida de ser una comunidad chica es que los protagonistas institucionales han mantenido una relativamente larga estabilidad en su representación y con ello alcanzaron la conformación de equipos de trabajo, pero no sobre un objetivo común elaborado con matices realmente interinstitucionales, sino sobre la base del diálogo franco, honesto, acordado y elaborado entre la ética profesional de sus participantes.
De este modo la Oceanografía de nuestro país se puede decir que ha estado sobre representada internacionalmente, con una participación claramente superior a lo que debería haber sido si no hubiera mediado esta actitud de unos pocos.
Y es precisamente en la actual composición de este equipo, entre estos pocos que venían manteniendo viva esta ola oceánica nacional, que debemos lamentar la pérdida de uno de sus principales integrantes, Ariel Walter González.
Ariel se nos fue físicamente, pero dejó en todos los que lo conocimos muchas enseñanzas:
Apasionado en la defensa de sus ideas
Racional en el análisis de los hechos
Expeditivo en su accionar
Académico en sus fundamentos
Afectuoso en su trato
Siempre dispuesto para nuevos desafíos
Colaborador incansable
Reflexivo con los amigos
Nuestro equipo tuvo en él, durante reuniones muy complejas, su perfecto escudo y su más filosa espada para intervenir en forma oportuna y eficiente.
En las numerosas reuniones que compartimos, Ariel era para los demás una perfecta mezcla de admiración y respeto. Todas las comisiones querían tenerlo entre sus integrantes y muchos lo consultaban, aún en temas no incorporados en las agendas de las reuniones.
Ariel fue un digno integrante de nuestro Servicio Exterior, pero además fue un brillante profesional que supo ofrecer sus virtudes en pos del equipo que hoy ya lo está extrañando y lo mantendrá siempre como ejemplo de dedicación y hombre de bien.
Adiós querido amigo!!
Por Javier Valladares
12/08/11
NUESTROMAR
