La mayoría de las personas aprende a nadar siendo niño, a menudo en clases que terminan con un bonito certificado. Gracias a ello no tienen mayores problemas a la hora de tirarse a una piscina o nadar en un lago, pero muchas veces lo hacen de manera incorrecta, lo que tiene efectos negativos sobre el cuerpo. La mayoría de las personas aprende a nadar siendo niño, a menudo en clases que terminan con un bonito certificado. Gracias a ello no tienen mayores problemas a la hora de tirarse a una piscina o nadar en un lago, pero muchas veces lo hacen de manera incorrecta, lo que tiene efectos negativos sobre el cuerpo. “La gran ventaja de la natación es que de alguna forma anula la fuerza de la gravedad”, señala el profesor Herbert Löllgen, presidente de Además, refuerza el sistema cardiovascular si se nada al menos un par de cientos de metros y puede tener un efecto tranquilizador para la mente debido a la inspiración y expiración consciente. Muchas personas conocen estas ventajas y por eso practican regularmente la natación en piletas cubiertas. En general, el estilo más popular es nada pecho. “Suele ser el más extendido porque es el primero que se aprende”, afirma Andreas Bieder, experto en natación de “Pero a menudo la gente nada en una posición demasiado vertical”, señala. Es decir: como un pato, la cabeza siempre queda fuera del agua y el trasero apuntando también hacia la superficie. “La consecuencia de ello es que la nuca está muy doblada y las cervicales muy comprimidas, lo que genera tensión en la zona”, explica Bieder. “Las cervicales están ya muy cargadas en muchas personas por el trabajo en la oficina y en el escritorio. Por eso no es bueno que también se las someta a presión durante la natación”. Lo correcto es meter y sacar la cabeza constantemente del agua. “Se inspira al sacar la cabeza y se expira bajo el agua”, explica Bieder. La ventaja es que “las cervicales se curvan al inspirar, pero se estiran al echar el aire”, algo que es muy bueno. Pero, muchas personas “tienen miedo de meter la cabeza bajo el agua”, señala Beate Ludewig, entrenadora de Es un problema que tiene fácil solución, practicando uno o en cursos para mejorar el estilo, que se ofrecen en muchos clubes y piscinas. Una manera de practicar es en casa, en la bañera. “Uno puede meter la cara por un corto tiempo, luego cada vez más, bajo el agua”, indica Ludewig. O directamente en la piscina. “Hay que practicar al lado del borde y acostumbrarse a la sensación de tener la cabeza bajo el agua”. Solamente una vez que uno haya ganado seguridad, conviene probarlo nadando. “Hay que darse tiempo y hacerlo poco a poco”. Por su experiencia, lo normal es que se necesiten unas diez horas para estar listo. “Y si alguien necesita 20, tampoco pasa nada”, añade la experta, “en cualquier caso nunca hay que avergonzarse por tener miedo”. Muchos creen que nadar de espaldas es mejor para la columna. Bieder señala que no está científicamente comprobado, pero que suena plausible, porque el agua mantiene a flote la nuca y no hay tensión. “Pero es importante estar realmente relajado y no tener miedo constantemente a que salpique agua a la cara”, porque este temor puede causar tensiones, también en las cervicales. El estilo crol es algo diferente, “porque uno tiene que inspirar fuera del agua y expirar dentro, lo que alivia la columna”, señala Löllgen. Pero a veces puede resultar difícil, porque en las piscinas con mucha gente y sin una calle especial para los nadadores de crol, éstos pueden resultar molestos para los demás. Y para otros esta combinación de movimiento de brazos y piernas, más la respiración, resulta difícil. Löllgen recomienda por ello ir variando los estilos, “así no se sobrecarga ninguna parte del cuerpo”. Un buen consejo es probar con unas gafas de natación o goggles. De ese modo, el agua con cloro no irrita los ojos. Además, tener los ojos abiertos ayuda a orientarse incluso metiendo regularmente la cabeza bajo el agua. 10/10/12 RÍO NEGRO.COM
