El «Artza», con bandera de las Seychelles, fue seguido por tres lanchas piratas a 250 millas de Somalia. El «BOE» publicó ayer los cambios en la ley que permitirán llevar armamento bélico en los buques españoles.
El «Artza», con bandera de las Seychelles, fue seguido por tres lanchas piratas a 250 millas de Somalia. El «BOE» publicó ayer los cambios en la ley que permitirán llevar armamento bélico en los buques españoles.
El segundo ataque en menos de 24 horas. El viernes fue la embarcación auxiliar Iria Flavia y, ayer, un grupo de piratas a bordo de tres lanchas rápidas hostigaron al atunero Artza , propiedad de la empresa vasca Atunsa, con sede en Bermeo, pero que navega con bandera de las islas Seychelles. Y puede que llevar ese pabellón haya sido, precisamente, lo que lo ha salvado de correr la misma suerte que el Alakrana . Ocurre que hace unas semanas, el Artza se convirtió en una de las primeras embarcaciones de capital español en hacerse a la mar con mercenarios a bordo después de que el Gobierno de las Seychelles cambiase la legislación para permitir embarcar vigilantes armados, un paso que España no dio hasta ayer, cuando el Boletín Oficial del Estado publicó los cambios en el reglamento de seguridad privada que permitirán llevar armamento bélico en los atuneros.
El pesquero bermeano, en el que hay marineros gallegos, navegaba sobre las ocho y media de la mañana de ayer en aguas internacionales, a unas 250 millas de la costa somalí, cuando la tripulación comprobó que los perseguían tres lanchas rápidas que no había detectado el radar. Según el patrón del atunero, los vigilantes armados que llevan en el barco lanzaron varios disparos de advertencia a la proa de las embarcaciones, con lo que consiguieron que los piratas dieran la vuelta y dejaran de acosarlos. El patrón del Artza explicó que los disparos se realizaron cuando los botes estaban a una distancia considerable, con lo que no hubo altercado ni problema alguno para los tripulantes. Fue, eso sí, el primer intento de ataque a un barco de capital español con protección armada a bordo.
Según fuentes del sector, el Artza no fue el único objetivo de los piratas. Otro atunero de bandera francesa, el Avel Vad , también con militares armados a bordo repelió un ataque horas después del protagonizado por el atunero vasco. Los tripulantes del Avel Vad contaron con la ayuda de otros dos pesqueros franceses, Trevignon y Cap Sant Vicent , que estaban cerca.
Sin zonas seguras
El Artza topó con los piratas a 250 millas de Somalia. Los atuneros galos dieron con ellos a 450. Y los diez tripulantes del Iria Flavia fueron acosados a unas 1.300 millas de Mogadiscio. Ya no hay zonas seguras. «Esto va a más», señaló ayer José Ángel Angulo, director gerente de la Asociación Nacional de Buques Atuneros Congeladores (Anabac), a la que pertenece tanto el Artza , como el Alakrana y el Playa de Bakio.
Va a más, y demuestra que hay que «cambiar de estrategia» y, aparte de permitir llevar armamento bélico a bordo y extender a los pesqueros la cobertura de una operación como la Atalanta, pensada para mercantes y buques de ayuda humanitaria, también hay que controlar las bases de piratas en tierra para erradicar el problema. Una lacra que no entiende ni de bandera, ni de dimensión del barco, ni de protección a bordo; los delincuentes se atreven con todo.
Sobre una decena de barcos están en manos de los piratas. A falta de que se confirme el secuestro de un pesquero yemení que los piratas anunciaron ayer a la agencia AFP , lo último en caer en sus manos ha sido un yate en el que navegaba una pareja británica. Según la prensa del país, los secuestradores han pedido 7 millones de dólares (4,7 millones de euros) por liberar a Paul y Rachel Chandler, una cantidad que el Reino Unido no pagará: «La política del Gobierno es clara: no haremos concesiones a los secuestradores, incluido el pago de rescates», dijo a Ef e un portavoz del Foreign Office.
02/11/09
LA VOZ DE GALICIA
