Más de un siglo de pesca con explosivos

Los traiñeiros de Mugardos asaltaban con piedras y cuchillos a los xeiteiros que usaban dinamita.

Los traiñeiros de Mugardos asaltaban con piedras y cuchillos a los xeiteiros que usaban dinamita.

VIGO.  Llevamos ya más de un siglo extrayendo sardinas a bombazos, lo que otorga al uso de explosivos en la pesca la categoría de tradición.

Fueron los xeiteiros, derrotados en su lucha contra la traíña e incapaces de competir con la mayor productividad del nuevo aparejo, quienes empezaron a utilizar dinamita como una forma barata de aumentar sus capturas. En 1904, los traineros de A Coruña denuncian que "con este procedimiento claro es que la gran arribazón de pesca que había entrado en la ría y que podía ser sostén por mucho tiempo de toda la desvalida gente pescadora, no sólo durante el verano sino también durante gran parte del invierno, se ha malogrado de modo infame y por medios ilícitos" y acusan a los pescadores del xeito de lanzar sus aparejos aprovechando la oscuridad de la noche, lo que estaba prohibido, y valiéndose de explosivos.

Poco después, en represalia por el uso y el abuso de la dinamita por parte de los xeiteiros, los traiñeiros de Mugardos asaltaban con piedras y cuchillos a las embarcaciones sospechosas en una violenta lucha en medio del mar que acabó con varios heridos.

Pero el empleo de explosivos se había generalizado ya en toda la costa gallega y empezaba a notarse la escasez de sardina. En 1905, Faro de Vigo lamentaba que los marineros no acabaran de convencerse del inmenso perjuicio que ocasionaban a la industria pesquera, "preparando, con su torpe ceguera, un porvenir de hambre para ellos y para sus hijos".

En todas partes se sucedieron mítines y manifestaciones en contra del destructivo procedimiento, al tiempo que se reclamaba al Consejo de Ministros que el empleo de la dinamita fuera considerado como delito. En Vigo, Cámara de Comercio, Unión de Fabricantes de Conservas y otras instituciones ciudadanas exigían una estrecha vigilancia a las embarcaciones y de la pesca en los mercados, de cara a prohibir la venta de la sardina muerta con explosivos.

Sin embargo, los dinamiteros siguieron actuando de forma bastante descarada. El cronista de este periódico, Pío L. Cuiñas escribía en 1907: "Cuando los marinos rusos, surtos en el puerto, oyeron días atrás el seco estampido de la dinamita imaginaron que aquí empleábamos la artillería para la pesca y que esta pesca debería ser de cetáceos formidables o de pavorosos monstruos marinos. Después de enterarse de que todo aquel ruido era por la inofensiva sardina, los rusos se hacían cruces con las propias aspas de San Andrés".

La sardina, base y fundamento de la grandeza de la ciudad, daba sustento por entonces a ocho mil familias y cuando faltaba de las aguas de la ría, las consecuencias eran devastadoras. En 1909, tras una huida de seis meses que había llevado al paro de las fábricas de conservas y amenazaba con llevar al traste a la economía local, saltaron todas las alarmas y volvieron a alzarse las voces para que el Ministerio de Marina redoblara la inspección y la vigilancia. "Cada mano que lanza un explosivo en el mar o contribuye de cualquier manera a practicar esa clase de trabajo, es una mano criminal y debe simplemente cortarse", podía leerse en un manifiesto.

Existía un general convencimiento de que la causa del abandono de la sardina era el uso de dinamita, pero también se apuntaba a otro culpable: la práctica de la pesca a la ardora, que se realizaba de noche, aprovechando que las bandas de peces producen una apreciable fosforescencia al agitar las aguas. Por eso, los fabricantes de conservas se comprometieron a no comprar sardina pescada con explosivos o a la ardora y a proporcionar sus vapores al Ministerio de Marina para que intensificara la vigilancia de las faenas de pesca y persiguiera la tenencia de explosivos a bordo.

En los años siguientes, la polémica estuvo protagonizada por los ardoristas y los antiardoristas, con múltiples manifestaciones, mítines y hasta luchas callejeras. Mientras, los explosivos continuaron empleándose de forma masiva, hasta el punto de que, como señala el historiador Jesús Giráldez Rivera, Rodríguez Santamaría no dudó en incluirlo en su famoso Diccionario de Artes de Pesca de 1923: "… en algunas provincias marítimas se usa tanto que casi no hay pesca que no se efectúe con esos procedimientos… la región donde más se emplea es en Galicia, tanto en las Rías Altas como en las Bajas".
L. PIÑERO –

27/06/10
FARO DE VIGO

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