Son una plaga en el Pacífico. Van al ras del agua y llevan toneladas de cocaína.
Son una plaga en el Pacífico. Van al ras del agua y llevan toneladas de cocaína.
Es un juego del gato y el ratón que se repite con frecuencia en las costas del Pacífico de Colombia: un helicóptero de la marina de EE.UU. avizora una nave del tamaño de una ballena jorobada deslizándose justo debajo de la superficie del agua. La Guardia Costera despacha a un equipo armado para abordar la pequeña nave, al estilo de un submarino, en busca de cocaína.
Los tripulantes, sin chalecos salvavidas, saludan a los guardacostas y luego saltan al agua para ser rescatados, mientras abren una válvula inundando la nave y enviando el armatoste al fondo del mar junto con su carga.
Las fuerzas antidrogas colombianas esperan que una nueva ley de EE.UU. desaliente lo que se ha convertido en el medio favorito de los narcotraficantes para transportar toneladas de cocaína desde esta nación andina hasta las costas de México.
Las autoridades norteamericanas han hecho 12 arrestos desde octubre, cuando entró en vigencia la nueva ley federal de Naves Traficantes de Drogas, de 2008, que proscribió estas embarcaciones sin registro que plagan las aguas internacionales.
Los semisumergibles, hechos con un marco de madera y fibra de vidrio en astilleros artesanales de los narcotraficantes, se han convertido en la opción para grandes cargas. Un tercio de la cocaína transportada por el Pacífico hacia Estados Unidos viaja en estos sumergibles, dijo el contraalmirante de la Guardia Costera Joseph Nimmich, comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta del Sur, con sede en Cayo Hueso, Florida.
En Colombia se han capturado semisumergibles con entre cuatro y 10 toneladas de drogas.
Aunque el uso de semisumergibles para transportar cocaína no es nuevo, hace tres años surgió una versión de esos aparatos más grande y sofisticada, de hasta 18 metros de largo, al lado de la cual sus antecesores parecen juguetes de plástico.
Con apenas unos centímetros fuera del agua, los nuevos semisumergibles son casi imposibles de detectar visualmente o por un radar a unos 3.000 metros. Son impulsados por motores diesel de 250 a 350 caballos de fuerza y les toma un promedio de una semana a 7 nudos de velocidad para llegar a las costas de México. No necesitan recargar combustible. Llevan tanques con más de 11.000 litros de diesel. Y cada uno cuesta 1 millón de dólares.
Para los tripulantes no hay mejoras. Aunque utilizan GPS y teléfonos satelitales, la tripulación, de hasta cuatro personas, no dispone de mayores equipos de seguridad.
"Las condiciones son terribles”, explicó el capitán colombiano Luis Germán Borrero. "No tienen baños. Las camas son dos colchones sobre los tanques de combustible y el piloto apenas si puede ver a través de pequeñas ventanas” en la mini cabina, señaló. "El ruido y el calor deben ser algo infernal”.
En Bogotá, señalan al colombiano Tammer Portocarrero, de 45 años, como el "dueño" del invento, y a quien se le decomisaron dos de los semisumergibles en un astillero en la selva.
Portocarrero, sobre quien pesa una solicitud de extradición de EE.UU., comenzó a construir ese tipo de naves y reclutar a la tripulación a mediados de 2007.
Con todo, para el almirante Nimmich, no es el contrabando de drogas lo que lo preocupa sino el transporte de otras sustancias potencialmente más peligrosas: "Creo que lo que hace a los semisumergibles una potencial amenaza a la seguridad nacional es: ¿qué más pueden cargar?”.
06/04/09
CLARÍN
