“Lo único que me decía es que no lo deje morir” (Rio Negro)

“Lo único que me decía es que no lo deje morir” (Rio Negro)

Dos de los marineros que rescataron a los sobrevivientes del naufragio del "Miguel I", relataron el salvataje.

Dos de los marineros que rescataron a los sobrevivientes del naufragio del "Miguel I", relataron el salvataje.

SAN ANTONIO OESTE (Especial).- Hay unos ojos que lo persiguen desde el miércoles pasado, abriéndose sin tregua sobre rostros ajenos a la mañana aquella en que la adversidad lo convirtió en uno de los protagonistas del rescate que a dos de los tripulantes de la lancha de pesca artesanal ‘Miguel I’ les salvó la vida. Dos ojos que destilan las imágenes esas que aún le erizan la carne al recordar la súplica de Marcelo Barboza, el marinero de 32 años al que acunó como a un niño, buscando que el calor de ese abrazo espantara de su cuerpo el temblor de la agonía.

"Lo único que dijo fue ‘no me dejes morir’ clavándome unos ojos que sigo viendo en todos lados desde ese día", contó Javier Altamirano, uno de los marineros del buque sanantoniense "Don Raúl", quién junto a Miguel Ángel Lobos y a otros tres compañeros comandados por Diego Sentofante, el patrón de la embarcación, lograron dar con los marineros que bogaron a la deriva, amarrados al salvavidas durante 14 horas.

"Estábamos pescando en Punta Villarino cuando por la radio del barco nos enteramos de la búsqueda. Y no dudamos. A un marinero lo matan si vuelve a puerto sin colaborar con un rescate porque ¿cómo no vas a ayudar? si en cada salida todos los que hacemos esto nos jugamos la vida", relató Lobos, quien detalló que "a las 9 de la mañana ya estábamos en el lugar, y ahí estuvimos navegando entre 20 y 30 minutos para tratar de ver algo".

Apostado al palo de la embarcación, fue Sentofante el que dio aviso a su tripulación al divisar lo que en un primer momento confundió con unas bollas en el agua. "Fue una cosa tan triste, teníamos que dar gracias porque los encontramos; pero darnos cuenta de que lo que se veía eran las cabezas de los muchachos, fue una imagen tan fea que por eso nos quedó grabada. Sobretodo, cuando nos dimos cuenta que uno venía abrazado al cuerpo del que estaba sin vida", recordó Lobos sin poder evitar la emoción.

"Cuando los subimos al barco debimos cortar los cabos con los que estaban atados al salvavidas para separarlos. El que después supimos que era el patrón de la lancha, Gustavo Aquino, era el que estaba mejor. Barboza se quejaba mucho y tenía partes del cuerpo en carne viva", agregó Altamirano.

Lamentablemente, Sergio Rodríguez, el tercer tripulante, murió antes que se efectuara el rescate. "Lo que contó Aquino es que el chico seguía vivo cuándo pasó la embarcación de Prefectura, pero entró a desesperarse cuando se fueron sin verlos", apuntó el marinero.

"Barboza parecía desmayado -recordó- pero en un momento se agarró del tubo mientras le masajeábamos las piernas y ahí nomás abrió los ojos pidiendo que no lo dejáramos morir".

"Después los envolvimos con mantas y a medida que se recuperaban les dimos té y galletitas. Tenían hambre y frío. No nos podíamos imaginar cómo aguantaron tantas horas en el agua, con la grandeza encima de no soltar el cuerpo del amigo", prosiguió Altamirano. "De lo demás se ocupó Prefectura cuándo tocamos tierra".

Los dos marineros se entristecen al detallar la falta de elementos de seguridad de los que según se supo carecía la lancha desaparecida. "A veces uno se olvida de exigir. Debe ser porque estamos acostumbrados a jugarnos todo, pero esa actitud puede costarnos la vida", dijo Lobos.

12/03/08
RIO NEGRO

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