No quieren perder competitividad. A pesar de la situación económica mundial, los puertos invierten en dragado y obras de infraestructura.
No quieren perder competitividad. A pesar de la situación económica mundial, los puertos invierten en dragado y obras de infraestructura.
La crisis internacional no detiene las inversiones en los puertos brasileños. Representantes del Puerto de Río Grande informaron que el complejo recibirá inversiones por aproximadamente u$s 1.110 millones. Se tienen previstas varias obras para modernizar el puerto, entre ellas el dragado y ampliación de las instalaciones.
Una de estas obras será la ampliación y modernización del muelle de Porto Novo en más de 1.125 metros. Esta inversión traerá diversos beneficios, como reducción de flete para las principales cargas movilizadas (fertilizantes y celulosa) en Porto Novo, y atracción de nuevas cargas al puerto público.
Por ahora, se tiene previsto el dragado para profundizar el calado del canal de acceso de 14 a 18 metros, y la construcción del dique seco de Wtorre Engenharia, que generaría unos 2.500 empleos para dar vida a un polo de construcción naval en la Región Sur de Brasil. A esto se suma el establecimiento de un astillero del Consorcio Quip y la modernización de la Terminal de Copesul/Braskem y Granel Química Ltda.
Santos es otro puerto en donde se está dragando. La autoridad portuaria paulista (Codesp) puso en operación una draga y dos embarcaciones para almacenar sedimentos y aumentar la profundidad del muelle en el corredor de exportación de granos y cereales, en los almacenes 38 y 39, en Ponta da Praia.
Los trabajos que habían sido interrumpidos por más de dos meses debido a la contaminación, buscan impedir la fuga de cargas del Puerto de Santos.
En Porto Alegre también hay buenas nuevas. De acuerdo con la Superintendencia de Puertos e Hidrovías, el puerto de la ciudad debería aumentar sus operaciones del 30% al 40% en el presente año, con un movimiento aproximado de 1,2 millón de toneladas en carga.
Para el secretario estatal de Transportes de Río Grande do Sul, Beto Albuquerque, el crecimiento de la terminal es resultado de la política adoptada por el gobierno que busca impulsar las vías hídricas del sur de Brasil.
No es casual entonces que el Centronave, entidad vinculada a armadores extranjeros, informara que la navegación de cabotaje en Brasil tuvo un crecimiento del 275% en tres años: 64.300 contenedores transportados en 1999 contra 240.000 de 2007. El aumento se generó a instancias de la Ley de Cabotaje, que en 1998 abrió el mercado a empresas extranjeras. De las cinco empresas que operaban hace tres años, apenas una continúa siendo 100% nacional, es el caso de Docenave, de la Compañía Vale do Rio Doce.
Por su parte, el puerto de Río de Janeiro inauguró una terminal especializado en el apoyo a la producción petrolífera en las bahías de Campos y Santos. El área recibió una inversión de 2,5 millones de reales para el inicio de sus servicios. El Puerto de Niterói también entrará en licitación próximamente con el objetivo de atender a la industria del petróleo.
Asimismo, las exportaciones de azúcar paralizadas hace un año en virtud del litigio entre la Compañía Docas y Servport, empresa que exportaba el producto, fueron retomadas.
El contrato firmado con la agencia marítima Francardes prevé un movimiento mínimo de 42.000 toneladas anuales. En la época de auge de los movimientos de cargas de azúcar pasaban por el puerto de Río 200.000 toneladas anuales.
A resolver
La deuda que queda en el sector tiene que ver con el crecimiento excesivo de sus plantillas de trabajadores. Un estudio de la Empresa Brasileña de Planeamiento de Transportes (Geipot) señala que los puertos brasileños tienen mucha gente, lo cual eleva los costos a niveles impensables. A pesar de ello, los muelles siempre se congestionan en los días hábiles.
En Santos trabajan 11.112 trabajadores para mover 48 millones de toneladas al año. En Río, donde la circulación de carga es igual a un sexto de la verificada en el puerto paulista, hay 4.197 trabajadores. Para tener una idea, en el puerto de Barcelona, que tiene el mismo movimiento que Santos, trabajan menos de 500 estibadores.
La coyuntura podría generar una fuga de cargas de los puertos brasileños, que ya operan con déficit. Santos, por ejemplo, cuenta con un pasivo de 357 millones de reales.
19/11/08
TRANSPORT & CARGO
EL CRONISTA
