Las incógnitas del langostino (Mar del Plata)

Las incógnitas del langostino (Mar del Plata)

Se abrió la temporada en aguas nacionales pero no habrá tanta abundancia como en 2015. Igual, buques fresqueros locales buscan más rentabilidad y se trasladan al sur para pescarlo y descargarlo. Se agudizaría la parálisis en muelles y mesas de corte.


Se abrió la temporada en aguas nacionales pero no habrá tanta abundancia como en 2015. Igual, buques fresqueros locales buscan más rentabilidad y se trasladan al sur para pescarlo y descargarlo. Se agudizaría la parálisis en muelles y mesas de corte.

El sábado se habilitó la jurisdicción de aguas nacionales para la pesca de langostino. Una zona delimitada por los paralelos 45º y 47º de latitud Sur, entre la longitud 62º00W y el límite de la jurisdicción provincial de Santa Cruz y Chubut.

El área de pesca queda lejos de Mar del Plata, pero impacta en estas latitudes porque barcos congeladores factoría y fresqueros de altura que operan desde este puerto se trasladaron hacia el sur y comenzarán a pescar este marisco que en los últimos años ha oxigenado muchos balances de empresas locales.

Si el letargo que mostró la industria pesquera local en estos primeros cinco meses del año, con decenas de barcos amarrados en muelle, aumento de la merluza en la estadística oficial pero desaparición del pescado en negro, sinceramiento del fin de la joda, que arrojó a la calle más de 400 trabajadores vinculados a su procesamiento, lo que está por venir con el langostino es la consolidación de ese modelo que requiere menos mano de obra.

Porque el marisco básicamente no genera trabajo en tierra. Su valor más alto en el mercado internacional es el congelado a bordo por los buques tangoneros. Y los cincuenta buques fresqueros marplatenses que migrarán para hacer la temporada en el sur lo descargarán fresco en los puertos de Camarones y Comodoro Rivadavia, Chubut.

Porque el langostino no ofrece la rusticidad de la merluza, capaz de aguantar 10 días encajonada, apretada y tapada con escamas de hielo hasta que el barco llegue a puerto. Es un producto más delicado y perecedero que hay que tratar con delicadeza.

Los barcos fresqueros que navegaron aguas abajo en búsqueda de mayor rentabilidad brillarán por su ausencia en los muelles del puerto marplatense. Como sus cajones que dejarán de descargar estibadores y la merluza o variado costero que no se cortará en el cuchillo veloz de los fileteros ni se envasará en las manos mágicas de las envasadoras.

En los últimos días el precio de la merluza se ha vuelto a desplomar y apenas superaba los $10 por kilo, acompañando el descenso del tipo de cambio oficial, que al borde de los $14, con subas en el combustible del 31%, paritarias en ese orden y la boleta de luz y gas con valores “sincerados”, transforman al langostino en una vía de escape. Los barcos que se quedan aspiran, con menos competencia, a que suban los precios del pescado entero en muelle.

El cajón de 18 kilos de langostino fresco, en estos meses que la flota costera de Rawson lo pescó en aguas del Golfo San Jorge, alcanzó los $380. Pero la sobre oferta que generará la apertura de Nación seguramente desplome el precio. Para los fresqueros marplatenses es rentable hasta los $330, porque consumen mucho menos combustible para completar y descargar bodega con pocas horas de navegación.

La mayoría del langostino que pesquen los fresqueros marplatenses se procesará en la misma Patagonia. Apenas una parte podría transitar el camino de regreso en camión hasta Mar del Plata donde algunas empresas le sumarán valor y ocuparán a sus recursos humanos ante la posible falta de merluza. El Soip no tiene especificado el valor del kilo de langostino pelado y devanado bajo convenio colectivo. Son arreglos particulares propensos a prolongadas y no siempre pacíficas negociaciones.

Por ahora el langostino alcanza para todos. La prospección de la que participaron 30 buques -ahora sin necesidad de pagar entrada-, arrojó buenos resultados. Rendimientos de entre 10 y 12 toneladas de langostino por día de buen tamaño comercial. A casi 6 mil dólares por tonelada…

Hasta hace unos años la apertura de aguas nacionales se hacía a principios de abril. Demorarla permite que los ejemplares de langostino aumenten de tamaño, de peso y por consiguiente, de valor comercial. El año pasado se declararon desembarques por 142 mil toneladas que generaron casi 750 millones de dólares. La sobre oferta sigue desmoronando los precios, pero nadie deja de pescarlo.

Lo singular de la prospección fue que la autoridad de aplicación autorizó a la flota de modo “experimental”, pescar sin el “Disela”, un mecanismo de selectividad supuestamente obligatorio (en realidad nadie lo cumplía a fuerza de “atenciones” para los inspectores) para no pescar merluza.

Gerpe mantuvo en el cargo de director del Inidep a Otto Whöller. El santacruceño tuvo que ponerle su firma al pedido para que no se use el Disela, aunque el acta no dice que fue una sugerencia suya, sino del Inidep. Y en el instituto que sigue ayuno de campañas desde hace más de 2 años, no todos piensan como el Director.

El Disela parece no haber sido necesario de acuerdo al balance de la prospección en la zona de veda permanente de merluza. Los buques pescaron muy poca hubbsi acompañante del langostino. ¿Por qué? Los investigadores creen que queda poca merluza y de un tamaño juvenil, que queda atrapada en la malla de la red.

La incógnita que sobrevuela al langostino es saber hasta cuándo se prolongará la zafra. En la prospección fueron 30 buques pero hoy en zona de pesca hay el doble. Y superarán los cien cuando terminen de llegar los fresqueros marplatenses y serán más cuando se sumen los costeros de Rawson.

En el Inidep sospechan que la sobre abundancia récord como la que mostró la pesquería el año pasado, terminó. Y muestran un dato: la flota tuvo que arrastrar sus redes casi el doble de tiempo bajo el agua para obtener los mismos rendimientos que en 2015.

Alcanzar el nivel de producción diario de langostino congelado y embalado, les está costando mayor esfuerzo a los barcos dentro del área habilitada el 28 de mayo pasado. Las marcas que refleja la ecosonda de los buques son muy suaves. No hay grandes concentraciones como el año pasado.

Tampoco campañas científicas sobre el recurso como para haber anticipado una temporada más real y menos extraordinaria como la de los últimos años. Los buques de investigación del INIDEP siguen sumando óxido amarrados en la Base Naval. Como desde hace 26 meses.

Por ahora nadie quiere apresurarse con sentencias anticipadas. Pero si el sinceramiento que provocó el fin de la subdeclaración de merluza arrojó a cientos de trabajadores a la calle, la merma en los desembarques de langostino podría generar un fenómeno singular: la evidencia que la infraestructura de la pesca en Argentina está sobredimensionda para la abundancia actual de todos los recursos pesqueros.

Asomaría un nuevo escenario, una nueva pelea, un nuevo desafío. Quién sobrevive pescando en el mar y quién vende el barco como chatarra. (Por Roberto Garrone; 0223)

03/06/16

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