El langostino fresco que debe ser congelado en tierra, corre en el mercado internacional como un producto “comercialmente distinto”, de menor categoría y precio que el congelado a bordo y se vende generalmente cuando no hay oferta del “congelado a bordo”.
El langostino fresco que debe ser congelado en tierra, corre en el mercado internacional como un producto “comercialmente distinto”, de menor categoría y precio que el congelado a bordo y se vende generalmente cuando no hay oferta del “congelado a bordo”.
Sucede que tras la muy mala temporada del 2005 se inicia el 2006 con buenas capturas de langostino fresco que los armadores de los barcos venden a plantas de procesamiento en tierra o los hacen procesar para ellos. En el 2006 ese langostino salió con un precio muy alto –por su ausencia total en el 2005– pero rápidamente se derrumbó en cuanto salió la flota congeladora y se confirmaron las buenas capturas.
La consecuencia es que prácticamente todos perdieron mucho dinero, al haber comprado un langostino a un precio muy alto, que se vendió en el mercado europeo por debajo de su costo. Las pérdidas fueron tales que algunos optaron por no vender; guardaron los langostinos en cámaras, esperando que la pesca de los congeladores decayera, con la esperanza de recuperar al menos lo invertido, más el costo del mantenimiento en las cámaras.
La temporada 2006 de pesca de los langostineros congeladores fue mucho mejor que lo esperado, con lo que no salieron de las cámaras todos los langostinos congelados en tierra que siguieron acumulando gastos mensuales en frío. La temporada fue tan inesperadamente buena que aún los langostinos congelados a bordo no pudieron ser vendidos en su totalidad, su precio declinó rápidamente y muchos de esos langostinos continúan almacenados en Europa, esperando el inicio de la temporada de pesca 2007 que, de ser mala, permitiría la comercialización de todos los stocks europeos (primero del congelado a bordo y luego de congelado en tierra) con pérdidas menores.
Por el contrario, si la temporada 2007 de los congeladores fuera, como se supone, buena los stocks europeos impedirían precios altos para las nuevas capturas hasta liquidar lo que está almacenado. El langostino de tierra del 2006 y principio 2007 se derrumbaría definitivamente y debería ser vendido “por lo que den” asumiendo las importantes pérdidas como irremediables, ya que la conservación en cámaras por más tiempo, deterioraría aún más la calidad del producto.
Este es el panorama en la apertura de la campaña 2007, que no deja margen alguno a los armadores para incrementar sus costos porque sus ventas tendrán precios muy inferiores a los del 2006 y porque las tripulaciones y los trabajadores de tierra ya han conseguido aumentos muy importantes: El sector pesquero aumentó su coste salarial post devaluación en el 100%, cinco veces más que su inmediato seguidor el sector de “Transporte, almacenamiento y comunicaciones” (18,7%) según datos INDEC 2006.
También en salarios reales promedio los trabajadores de la pesca disputan codo a codo la cabeza en importancia de su valores a los de “Explotación de minas y canteras” ($ 4.672 mensuales promedio de la “Pesca y servicios conexos” contra $ 4.740 de los de “Minas y Canteras”) muy superiores a las dos siguientes actividades del “ranking”: “Electricidad, gas y agua” e “Intermediación financiera” con promedios ambas de $ 3.000 mensuales (fuente: Ministerio de Economía).
El sector pesquero es hoy en día, sin duda alguna, el que mejores salarios paga en la Argentina.
Cierto es que una parte de esa calidad económica está directamente relacionada con la cantidad y valor de las capturas de la pesca. Pero no es menos cierto que las empresas pesqueras tienen altísimos costos de ineficiencia, por la falta de previsibilidad, debido a la no aplicación integral de la Ley Federal de Pesca 24.922 y a los vaivenes del acuerdo del Golfo de San Jorge, que obligan a grandes paradas de los barcos, de las que se enteran los armadores días antes de la apertura de la temporada. Urge dotar al sector de seguridad legal y previsibilidad.
La lógica reacción gremial, frente a tantos períodos de inactividad y escasez de cupos de pesca, fue tratar de asegurarse remuneraciones importantes para los períodos de inactividad, mediante importantes aumentos de las remuneraciones fijas y mínimos asegurados que hacen que hoy un barco langostinero normal tenga que capturar 1.500 kilos de langostinos diarios para empatar económicamente.
Las presiones sindical y fiscal, nacionales y provinciales, pesan en demasía sobre los costos fijos al fijar “mínimos y garantías” incluso sin trabajar ni producir. Esta situación es más evidente en la Patagonia donde las plantas de procesamiento han llegado a ser inviables por tener que pagar a sus trabajadores aunque carezcan de suficientes cupos de pesca. La inmensa mayoría de las plantas patagónicas tienen todo su personal en relación de dependencia y no pueden eludir esa obligación, que de mantenerse, hará que cunda el ejemplo de Mar del Plata donde el trabajo en negro supera al legal.
La transferencia de beneficios, propiciada por el Gobierno de Kirchner, se ha producido exitosamente en el sector pesquero. El reparto del "pastel" más justo y solidario existe. Toca ahora consolidar lo conseguido y mantener "el pastel" para que pueda seguir siendo repartido. No se puede seguir con tan alto costo de imprevisibilidad e ineficiencia empresaria debido a la precariedad del marco legal de la actividad. Ahora hay que cuidar al "pastelero".
29/01/07
PESCA & PUERTOS
