Los mares están en permanente cambio. Su temperatura, salinidad o corrientes varían constantemente, de manera que las condiciones observadas hace una semana, por ejemplo, pueden ser bastante diferentes a las que existen en este preciso instante.
Los mares están en permanente cambio. Su temperatura, salinidad o corrientes varían constantemente, de manera que las condiciones observadas hace una semana, por ejemplo, pueden ser bastante diferentes a las que existen en este preciso instante.
¿Cómo tomar datos in situ de manera global en un medio donde se mezclan las variabilidades tiempo-espacio y que está en continuo movimiento? Este dinamismo de los océanos, unido a otros factores, como su profundidad, ha hecho que este espacio vital para nuestro planeta -más de un 70% de su superficie- esté lleno de enigmas.
El pasado 2 de noviembre, la Agencia Espacial Europea (ESA) lanzó el satélite SMOS (siglas inglesas de Soil Moisture and Ocean Salinity), que observa de forma periódica la Tierra y transmite información sobre dos parámetros que hasta el momento nunca habían sido medidos desde el espacio: la humedad del suelo y la salinidad de los océanos; factores claves para entender el ciclo del agua y la variabilidad del clima.
Se trata de un hito histórico, porque si bien parámetros como la temperatura, altura o color del agua se vienen controlando, en algunos casos, desde hace más de tres décadas, otros como la salinidad, por requerir técnicas de teledetección extremadamente complejas, nunca se habían llevado a cabo.
Prevenir ciclones
El conocimiento de la distribución de sal en los océanos y su variabilidad es fun-damental para entender el papel de éstos en el clima, ya que influye en la circulación de las masas de agua que provocan la formación de los fenómenos climatológicos como El Niño o La Niña.
La salinidad junto con la temperatura influyen en la densidad de las aguas. Una alta salinidad hace que el agua sea más densa mientras que una temperatura alta hace que sea menos densa. La combinación de ambas determina la densidad de una masa de agua y las diferencias de densidad entre las aguas provocan el movimiento de las corrientes marinas.
"Cuando se envía un satélite y se comienzan a recibir datos siempre existe un margen de error, comenta a www.elmundo.es, Ananda Pascual, científica titular de CSIC. En los primeros que se lanzaron al espacio para medir la altimetría, el error era de aproximadamente un metro, mientras que en los actuales -gracias al desarrollo del hardware, software e instrumentos asociados- se ha reducido a uno o dos centímetros. En el caso del SMOS, puede suceder algo similar.
19/01/10
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