Los dueños de los pesqueros de Puerto Rawson de eslora inferior a los 9,90 metros habían propuesto ponerle precio al cajón de langostino, en lugar de pagarlo por kilo y por tamaños. Los marineros rechazaron la oferta. El paso del tiempo aleja cada vez más el acuerdo.
Los dueños de los pesqueros de Puerto Rawson de eslora inferior a los 9,90 metros habían propuesto ponerle precio al cajón de langostino, en lugar de pagarlo por kilo y por tamaños. Los marineros rechazaron la oferta. El paso del tiempo aleja cada vez más el acuerdo.
La flota de buques pesqueros artesanales que opera desde Puerto Rawson había acercado un esquema de pago diferente al que se venía discutiendo entre el SOMU y la flota amarilla que le ponía precio al cajón de langostino y no por kilo y por tamaños. Los marineros volvieron a reunirse en asamblea y esta vez la votación fue unánime en rechazo de la oferta de los dueños de los barcos menores de 9,90 metros de eslora.
Si bien había cierta coincidencia en el precio, no se estipulaban mejoras en los salarios “básico”, ni “mínimo garantizado”, por lo que la asamblea del SOMU resolvió no aceptar el ofrecimiento y se cayó así otra alternativa para destrabar el conflicto que a esta altura ya supera los dos meses de huelga y reporta pérdidas millonarias para el sector.
“La oferta está muy lejos de lo que los marineros pedimos, por eso la asamblea la rechazó”, dijo Ricardo Soto, delegado del sindicato tras la votación.
“A pesar de lo que se dice, estamos muy unidos y así vamos a seguir hasta las últimas consecuencias. Es una lucha que consideramos justa y la vamos a defender”, precisó el dirigente gremial al informar sobre el fracaso del acercamiento con los representantes de la flota artesanal que integran unas 35 embarcaciones.
Soto además reveló que “el mandato de la gente es seguir pidiendo los 11 pesos, hemos aguantado hasta acá y vamos a seguir en esta postura”, dijo. “En la asamblea quedó claro que la marinería de Rawson está unida en esta pelea”, reiteró.
En tanto, aseguró que no hay diálogo por el momento con los armadores de la flota amarilla. “No nos han llamado, ni nos atienden los llamados”, dijo el referente local del SOMU.
Con los dientes apretados
No se descarta que después de los escraches a las casas de los empresarios esta semana se retomen las marchas y movilizaciones por la ciudad capital para hacer oír el reclamo ante la comunidad y las autoridades provinciales.
Se han explorado las más diversas alternativas para salir de este conflicto, pero cada una de las opciones ha caído en saco roto. Ya nadie arriesga a ciencia cierta cómo va a terminar esta situación que por sus características es inédita en puerto Rawson.
La autodenominada Coordinadora de Gremios Marítimos, Pesqueros y Portuarios tuvo su debut frustrado porque intentaron un acercamiento de las partes que se frustró por la no concurrencia del SOMU, según admitieron.
Es que si bien en público tratan de no mostrar diferencias ni cuestionar el paro del SOMU, desde los otros gremios, especialmente el de la Alimentación, hay un creciente malestar por las consecuencias directas que están teniendo sus afiliados de las plantas procesadoras. Las últimas quincenas los fileteros han cobrado solamente el salario mínimo garantizado ya que por el desabastecimiento de materia prima del fresco los turnos se han reducido al máximo.
Desde el STIA alentaron la creación de la intersindical para que todos los gremios analicen qué medidas de fuerza se van a tomar ante un conflicto sin que ello signifique perjudicar a trabajadores de otras actividades conexas.
Juego para unos pocos
Los observadores consideran que el paso del tiempo conspira contra la posibilidad de que se llegue a una salida rápida, porque si no se logra un acuerdo antes de que termine la temporada de langostino a fines de febrero, después será aún mucho más difícil acordar precios sobre un recurso que ya no se pescará en las cantidades habituales. Las empresas tampoco están dispuestas a pagar garantizados altos si durante la temporada no se lograron rendimientos financieros para sostener esos salarios durante los meses de inactividad.
Al final del camino habrá que ver quiénes han podido soportar mejor el parate tan extenso, porque si bien la flota amarilla es una sola, está compuesta por empresas extranjeras de gran solvencia económica, también por armadores independientes que operan exclusivamente para esas empresas grandes, y además están los otros armadores que venden sus producciones en banquina al mejor precio. Hay realidades diferentes: para los más débiles esto puede significar un tiro de gracia, y desfinanciados y fundidos podrían verse obligados a vender sus embarcaciones a las empresas que progresivamente han ido concentrando barcos.
Texto y fotos de Nelson Saldivia
18/01/10
REVISTA PUERTO

