La polémica sobre la exportación de pescados de río lleva una década. Entretanto las tallas y las poblaciones disminuyen como demuestran los estudios, incluidos los oficiales. Los ejemplares son cada vez menos y más chicos, y esto perjudica a dorados y surubíes.
La polémica sobre la exportación de pescados de río lleva una década. Entretanto las tallas y las poblaciones disminuyen como demuestran los estudios, incluidos los oficiales. Los ejemplares son cada vez menos y más chicos, y esto perjudica a dorados y surubíes.
Durante años, millones de sábalos situados en el sur del río Paraná dieron de comer a los pobladores costeros y a las familias de pescadores artesanales y comerciales, que los vendían para el mercado interno. Sus huevos y larvas eran el alimento de surubíes y dorados, motor de quienes viven de la pesca deportiva.
Pero a mediados de los ‘90 comenzaron a instalarse factorías que llenaron el río de pescadores noveles, para exportar decenas de miles de toneladas. Como consecuencia, no sólo se han reducido los sábalos, en cantidad y en tamaño, sino también los surubíes y dorados, que son cada vez más chicos.
Los primeros frigoríficos se manejaron con volúmenes relativamente bajos de exportación. Pero con el fin de la convertibilidad, las cifras se dispararon.
Los dueños de las factorías –hoy son 17 sumando Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires-, comenzaron a ganar casi 1.000 dólares por tonelada, mientras a los pescadores les siguieron pagando 50 y hasta 25 centavos (de pesos argentinos) por pieza de dos a tres kilos.
Los pescadores se endeudaron por el bajo precio, porque el acopiador les adelantaba dinero para futuras capturas, y así fueron perdiendo sus artes de pesca y sus embarcaciones.
Como los dueños necesitaban cada vez más gente, contrataron a desocupados, como peones rurales desterrados de sus campos por el monocultivo; mientras que otros compraron una lancha y pescan para las empresas.
Cambio de talla
En 2004 se llegó al récord de exportación de 35.000 toneladas de sábalo ya eviscerado y sin valor agregado. Al sumar las 12.000 toneladas para el mercado interno, y lo que sale país “por izquierda”, ese año se extrajeron unas 60.000 toneladas, estima la Fundación Proteger.
Empezaron a mermar los peces, y también su tamaño: en 15 años, la talla media del sábalo comercial se redujo de 46-48 centímetros a 42. A veces es incluso menor, “lo que indica que nos estamos quedando sin reproductores”, destacó el biólogo Norberto Oldani.
En consecuencia, también comenzaron a reducirse los surubíes, en cantidad y calidad: “La talla de primera reproducción del surubí es de 95 centímetros, y se los está capturando de 60. El fin del surubí está a la vuelta de la esquina”, agregó.
Un pez clave
El sábalo es una especie clave en el sistema, ya que cumple una función ecológica: come materia orgánica particulada que está contenida en los sedimentos y, a su vez, es alimento de otros peces, ya que los juveniles de surubí y dorado se alimentan de los huevos y las larvas de sábalo. En la base de la pirámide trófica está este vertebrado, algo que no sucede en los demás ríos del continente.
En primavera el sábalo remonta el Paraná para desovar; puede nadar hasta 400 kilómetros aguas arriba. Se reproduce por primera vez en el segundo año de vida, cuando alcanza entre 40 y 42 centímetros. Las hembras ponen de 400.000 a 800.000 huevos. Como la cantidad de huevos aumenta con la talla y la edad, la sobrepesca implica pérdida de diversidad genética, es decir, de los ejemplares que pueden trasmitir los genes de los peces de mayor tamaño. Los huevos miden de uno a tres milímetros.
En cifras
– 42 centímetros es la talla media de las piezas de sábalo que se capturan actualmente. En 1989, en Victoria la talla era de 46 a 48 centímetros.
– 11.000 toneladas de sábalo se podrán exportar este año. Ya salieron 8.000 a Colombia, Brasil, Bolivia, Sudáfrica, Nigeria, Holanda y Rusia.
17 frigoríficos congelan y exportan pescado de río sin valor agregado: 11 en Santa Fe, 4 en Entre Ríos y 2 en Buenos Aires.
01/10/09
EL DIARIO DE PARANA
