Una reciente investigación, encabezada por una necochense, ratificó la interacción entre los animales de la colonia de nuestro puerto y el de Mar del Plata. Curiosidades.
Una reciente investigación, encabezada por una necochense, ratificó la interacción entre los animales de la colonia de nuestro puerto y el de Mar del Plata. Curiosidades.
Resulta apasionante el estudio de los animales que conviven con el hombre. Máxime si tenemos la posibilidad de verlos cada día, como ocurre con la colonia de lobos marinos que han empezado a trasladarse a la playa contigua a la Escollera Sur.
Estos mamíferos tienen una vida muy “sui generis” y a través de investigaciones se van descubriendo asombrosos comportamientos de los mismos, habiendo surgido últimamente una nueva serie de revelaciones a través de un estudio efectuado bajo la custodia de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
Efectivamente, un equipo de profesionales del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales-Conicet, de la casa de estudios marplatense, ha dado a conocer el grado de interacción entre los lobos de Necochea y Mar del Plata.
Gisela Giardino es necochense de nacimiento. Hoy en día cuenta con el título de licenciada en Ciencias Biológicas y en el marco de su tesis en busca del doctorado, inició 2003 el seguimiento de la colonia de estos peculiares animales marinos.
La primera conclusión de la investigación es que existe un fluido intercambio entre los ejemplares de lobos marinos de un pelo de la colonia marplatense, y la establecida en Puerto Quequén.
Sistema de marcado
Para poder estudiar el comportamiento de los animales, el grupo de investigadores encabezado por Gisela y el director del instituto universitario, Diego Rodríguez, utilizó un sistema de marcado económico e inocuo.
Sobre la técnica de marcación, la investigadora explicó que “usamos un sello compuesto por letras y números desmontables, donde se ubicó un decolorante, pudiendo instalarlo en la piel del animal a través de una vara extensible. Por su tamaño, la identificación es más que visible”.
Unos 900 ejemplares fueron marcados, en una tarea por cierto muy exigente. El “sello” sin ningún efecto para la salud del animal solo dura una temporada, ya que anualmente los lobos pierden el pelo entre mayo y junio. Así se garantizó un seguimiento de unos 10 meses.
A través de esta marcación se pudo ir monitoreando los desplazamientos de los ejemplares, sucediendo una inmediata sorpresa: en cada lugar aparecían y desaparecían lobos con los números en la piel. “Lo que pensamos que eran dos colonias, quizás sea una sola, con residencia oscilante en cada ciudad”, apuntó la licenciada en Ciencias Biológicas.
Gisela Giardino contó que en el caso de la colonia necochense, se trata de un grupo “muy dinámico”. Están en la playita contigua a la escollera Sur dos o tres días, emigran otras tantas jornadas y luego regresan.
A su vez se comprobó que el movimiento de los animales cumple el siguiente itinerario: Mar del Plata-Necochea-Patagonia o Necochea-Mar del Plata-Uruguay.
Todos machos
Uno de los aspectos llamativos de estas colonias, es que están exclusivamente habitadas por ejemplares machos.
En tanto, en el verano les llega la etapa de la emigración, con un claro destino: el mar de la Patagonia, con el fin de reproducirse.
La investigación efectuada por el equipo de la universidad marplatense, ratificó que la vida de los machos es muy distinta a las de las hembras.
Mientras ellos viajan y tras la temporada reproductiva emprenden en el 70 por ciento en los casos el regreso a nuestras costas, ellas permanecen estables en el Sur, gestando y amamantando a sus cachorros. En ambos sexos hay fidelidad al lugar en el que habitan el mayor tiempo de sus vidas.
Al decir de Giardino, el regreso no es con gloria. “Retornan flacos, cansados, con mordeduras y lastimados, a causa de las luchas reproductivas de todos los machos en busca de las hembras”. Un contraste de imagen con la melena impecable que lucían antes de partir en busca de aparearse.
La investigadora explicó que “se estima que la colonia de Necochea es un desprendimiento de la de Mar del Plata, que empezó a fines de la década del 60, trasladándose sus “pioneros” a Puerto Quequén 20 años después.
Gisela Giardino hizo una diferenciación respecto a la alimentación. Mientras los lobos marinos de Necochea comen productos naturales como raneya, corvina o pescadillas; los “marplatenses” se alimentan con el producto del descarte de la pesca, es decir merluza y calamares.
En un relevamiento de hace años se estimó que la colonia de Necochea cuenta con unos 150 habitantes. Sin embargo el estudio cuyos resultados se han dado a conocer determinó que “además de los lobos que observamos descansando en la arena o piedras, hay otros tantos que se están alimentando en el agua”.
Lejos de poder ser manipulados por seres humanos, los lobos marinos de esta zona de la costa atlántica “hacen al suya”. Al respecto el Dr. Diego Rodríguez expresó en nota concedida al diario La Capital, de Mar del Plata, que “nosotros no manejamos la distribución de los animales. Ellos se reubican en forma continua y lo hacen por causas que aún no hemos podido dilucidar”.
Característicos de Mar del Plata- dos monumentos de generoso tamaño ubicados en el paseo costero central así lo atestiguan- los lobos marinos son los mamíferos marinos que por su estadía de meses en un lugar, son más fáciles de estudiar.
Doce años siguiendo a los lobos
Sobre su labor profesional, que ya lleva 12 años, Gisela Giardino contó a Ecos Diarios que “mi trabajo se inició en Necochea en el año 2002, como pasante del Laboratorio de Mamíferos Marinos de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Un año después comenzaron los muestreos que serían parte de mi tesis de graduación de la licenciatura en Ciencias Biológicas”.
“Mi director el Dr. Diego Rodríguez, conjuntamente con el director del laboratorio, el Dr. Ricardo Bastida, me propusieron trabajar con los lobos marinos de Necochea, porque se necesitaba una tarea intensiva en la zona, yendo todos los días para marcar animales y verificar su presencia o ausencia en la zona…. Y como yo soy necochense y tengo mi familia allá, qué mejor para poder quedarme”, acotó la licenciada, quien reside actualmente en Mar del Plata.
Luego confesó que “la verdad es que me enamoré de esos animales trabajando en Necochea, y una vez licenciada me presenté a beca doctoral de Conicet para continuar con el trabajo e integrarlo con las otras loberías de la Provincia de Buenos Aires, complementar con estudios de alimentación, reforzar la parte de los viajes y la estimación real del tamaño poblacional, entre otros”.
“En breve estaré defendiendo esa tesis y como post doctoral planeo seguir trabajando con las loberías de Necochea y Mar del Plata, para establecer los grados de asociaciones entre los animales”, culminó.
En el trabajo “de campo” realizado en el puerto local, los investigadores contaron con la colaboración de personal de Prefectura, delegación Quequén; Consorcio de Gestión y guardavidas de la Playa de los Patos.
Playa de los Patos nuevo asentamiento
En los últimos meses ha sorprendido a los concurrentes a la Playa de los Patos la permanencia de un cada vez más nutrido grupo de lobos marinos, que de esta manera han expandido su territorio a ambos márgenes de la escollera Sur.
¿Se trasladarán todos allí? fue la consulta de Ecos Diarios, y dos expertos coincidieron en que se trata de un comportamiento no definitivo.
El Dr. Luis Cappozzo es desde hace 17 años un estudioso de la colonia necochense de lobos marinos. Ex director de la Estación Hidrobiológica de Quequén, no dudó al decir que “los lobos buscan el espacio que necesitan en función de lo que les facilita el hombre. Siempre se desplazaron luego de la presión humana y esta disposición en Playa de los Patos es producto de la ausencia total de manejo del recurso de fauna por parte de las autoridades municipales y portuarias”.
Luego, aunque prefirió no profundizar, aseguró haber visitado en el reciente verano nuestra ciudad, donde durante cuatro días fotografió y filmó “el mal comportamiento” de los turistas para con los animales apostados sobre el Río Quequén. “Me fui muy mal. Es una vergüenza, porque luego de tantos años asesorando a administradores de la estación marítima, es inconcebible que permitan esta agresión a los lobos”.
Por su parte la licenciada en Ciencias Biológicas, Gisela Giardino, apuntó que “en mis estudios de los lobos de Necochea he percibido que una o dos veces al año los lobos se trasladan a Playa de los Patos, sobre todo luego de una sudestada”.
Luego, sobre la observación de Luis Cappozzo del maltrato a los animales, la profesional comentó que “es cierto que la gente no respeta a los lobos. Ante ello sería prudente poner un vallado alambrado o algo que aleje a las personas de ellos. Hay que recordar que son animales salvajes y se debe mantener la distancia de los ellos para evitar problemas mayores…”
Un derrotero continuo
El pensamiento de los profesionales está estrechamente relacionado a lo que ha ocurrido con estos mamíferos desde que se afincaron en la estación marítima local, en la década del 80.
Primero ocuparon el sector del muelle, por entonces habilitado al paso de vehículos, más precisamente en el amarradero del buque Kabryl, que posteriormente fuera hundido en la costa necochense del Océano Atlántico, con el fin de crear un parque acuático para la práctica del buceo.
Posteriormente, ya con el puerto “cerrado”, la colonia de mamíferos se fue corriendo hacia la zona de la escollera Sur, que al ser alargada posibilitó la creación de una playa relativamente ancha, de cara al canal de ingreso. Allí han sido protagonistas de cientos de fotos y filmaciones de quienes visitan nuestra ciudad a lo largo de todo el año.
El biólogo marino Cappozzo, quien también es investigador independiente del Conicet, consideró que este desplazamiento a la playa puede ser pasajero, pero impredecible a la vez. Lo único cierto es que los lobos marinos se ubicarán siempre en un sitio cercano a la desembocadura del río”.
En coincidencia, Giardino opinó: “Si bien los lobos cambian drásticamente su ubicación, no creo que en Necochea cambien la playa del río por la de enfrente”.
Viven unos 60 años
La especie de los lobos marinos que habitan la zona de la escollera presenta animales que llegan a pesar 350 kilogramos. Su piel es gruesa, recubierta de pelo corto y duro y debajo del mismo poseen una gruesa capa de grasa. Esto último les permite no sufrir las variantes térmicas.
Se los llama de un pelo, porque el mismo es homogéneo, corto y duro. Su denominación científica es “otaria flavescens”, que significa foca con orejas.
Según explicara oportunamente a Ecos Diarios el Dr. Luis Cappozzo, los lobos o leones marinos pertenecen al grupo de mamíferos llamados Pinnipedio, y descienden de formas carnívoras terrestres relacionadas con la familia de los úrsidos, a los que pertenecen los osos actuales.
Los machos pueden alcanzar los 3 metros de longitud, mientas que las hembras miden en promedio 1,8 metros y pesan unos 120 kilos.
El tiempo de gestación de las hembras es de aproximadamente un año. Al parir permanecen una semana receptivas para poder ser fecundadas nuevamente.
En lo que atañe a la lactancia, también es de un año, coincidente con el nacimiento del nuevo ejemplar. En ese momento las madres empiezan a alimentarlos y destetan al anterior cachorro.
En cuanto al alejamiento de los machos de los sitios de reproducción, la licenciada Gisela Giardino sostuvo que “como no tienen más responsabilidades ni con la madre ni con la cría, se desplazan hacia otras zonas para no tener que competir por el alimento con las hembras y cachorros. Así surgieron Necochea y Mar del Plata como sitios ideales para asentarse”.
Luego apuntó que “las hembras a partir de los 3 años quedan embarazadas y ligadas siempre a un cachorro que queda en tierra, mientras ellas salen a comer. Por eso no pueden desplazarse muy lejos”.
Gardino puntualizó que “los machos maduran más tarde, entonces también se congregan en colonias del mismo sexo o colonias de “solteros”, para “entrenarse” y luego poder ir a competir al Sur por las hembras”.
Los lobos marinos de la variedad de un pelo viven aproximadamente 60 años, desconociéndose aún hasta qué edad hacen el largo viaje para reproducirse.
(Por Raúl Jáuregui, Ecos Diarios)
19/03/14

