Argentina exporta fueloil de alta calidad e importa uno con contaminantes para alimentar a las centrales eléctricas de la ciudad de Buenos Aires. Nota de opinión de Alieto Guadagni para el diario La Nación.
Argentina exporta fueloil de alta calidad e importa uno con contaminantes para alimentar a las centrales eléctricas de la ciudad de Buenos Aires. Nota de opinión de Alieto Guadagni para el diario La Nación.
La Constitución de la ciudad de Buenos Aires procura sabiamente preservar el medio ambiente. Es así como su artículo 26 establece: "El ambiente es patrimonio común. Toda persona tiene derecho a gozar de un ambiente sano, así como el deber de preservarlo y defenderlo en provecho de las generaciones presentes y futuras. Toda actividad que suponga en forma actual o inminente un daño al ambiente debe cesar. El daño ambiental conlleva prioritariamente la obligación de recomponer? Toda persona tiene derecho, a su solo pedido, a recibir libremente información sobre el impacto que causan o pueden causar sobre el ambiente actividades públicas o privadas". Además, el artículo 30 establece "la obligatoriedad de la evaluación previa del impacto ambiental de todo emprendimiento público o privado susceptible de relevante efecto y su discusión en audiencia pública". Todo esto parece ser letra muerta para el gobierno nacional en lo que hace al combustible utilizado para producir energía eléctrica en las grandes centrales térmicas instaladas en la ciudad. (Costanera y Puerto Nuevo).
Es sabido que la combustión de insumos que contengan azufre genera dióxido de azufre, susceptible de transformarse en la atmósfera en ácido sulfúrico, que puede retornar bajo la forma de lluvia ácida. Este tipo de precipitación causa importantes daños ambientales y perjudica la salud humana, por eso, en el mundo, desde hace años se ponen topes a la cantidad de azufre que pueden contener los combustibles derivados de los hidrocarburos.
Esto ya había sido considerado por nuestra secretaria de Energía, que en 2006 había dispuesto que, a partir de junio de 2008, el fuel utilizado por las centrales eléctricas no podía contener más de un 0,7% de azufre. Pero poco antes de la entrada en vigor de la norma, la misma autoridad la derogó. Este injustificado retroceso regulatorio no tiene ningún nuevo fundamento técnico, sino que, simplemente, alude a que "la necesidad de importar fueloil para las usinas eléctricas vuelve conveniente ajustar las especificaciones de éste".
Dicho en otros términos, como importamos fueloil perjudicial para el medio ambiente, anulamos la norma protectora de la salud en lugar de procurar fueloil de buena calidad, que abunda en el mundo.
Como se expresó en el pedido de informes presentado por un grupo de diputados, encabezados por Eduardo Macaluse, "los productos petroleros venezolanos suelen presentar alto contenido de azufre. No es lógico que para comprarle a Venezuela debamos bajar nuestros estándares ambientales. Lo lógico sería requerir al vendedor que nos provea de combustible que cumpla con la normativa argentina. Nuestro país ya utilizó combustible de Venezuela en las centrales Puerto y Costanera, y produjo una lluvia ácida en plena Capital Federal, tal como lo investigó la Defensoría del Pueblo de la Nación, en 2007".
En esta oscura historia del fueloil, constatamos ya la primera insensatez regulatoria para convalidar la importación de fueloil contaminante; veamos ahora otra insensatez adicional, tan inexplicable como la primera, referida a nuestro comercio exterior de este combustible, que pone en duda toda la justificación de esta enorme operatoria de compras de fueloil a Venezuela sin licitaciones internacionales de precios y calidades.
Si se examinan las cifras del comercio exterior, se observa que la Argentina no es importador neto de fueloil, sino justamente todo lo contrario, ya que exporta más de lo que importa, con el agravante de que exporta fueloil menos contaminante que el que el Gobierno compra a Pdvsa. Durante 2006 el Gobierno compró a Pdvsa casi un millón de toneladas de fueloil; al mismo tiempo, el país exportó 1,6 millones de toneladas. Hubo casos en que el mismo barco que traía fueloil vendido por Pdvsa, volvía a cargar fueloil rumbo a otros países.
La pérdida anual entre diferencias de esta operación se ubica en más de 50 millones de dólares. Recordemos que el Gobierno es el que importa (en opacas operaciones sin competencia pública de precios) y las refinerías privadas son las que exportan. En 2007, importamos 930.000 toneladas y exportamos casi 1,5 millones de toneladas, y se originó con esta inexplicable operación un quebranto por fletes innecesarios. Las cosas son bastante parecidas este año: seguimos trayendo fueloil altamente contaminante y mandamos al exterior un volumen superior de productos de mayor calidad ambiental.
Para tener una idea de la magnitud financiera de estas operaciones, que se vienen realizando directamente con Pdvsa desde 2004, digamos que las exportaciones de fueloil alcanzarán este año unos 800 millones de dólares. A la luz de estos datos, la importación de fueloil tiene muy difícil justificación y parece motivada sólo para maximizar transacciones financieras con la empresa estatal venezolana, que, insistimos, son opacas y sin licitación pública.
Desde ya, el gobierno local de la ciudad de Buenos Aires no tiene nada que ver con estas confusas e insensatas operaciones de compras a Pdvsa, pero tiene mucho que decir, y, además, la obligación de actuar en defensa del medio ambiente de la ciudad, deteriorado por la combustión contaminante, ya que las autoridades de la ciudad son responsables por el respeto a la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Por Alieto Guadagni
Para LA NACION
El autor fue secretario de Energía (2002).
15/01/09
LA NACIÓN
