(San Diego, California). Esta ciudad surcada por autopistas de asfalto impoluto y en la que es casi imposible llegar a algún lado sin disponer de un auto parece un escenario improbable para preocupaciones ambientales.
(San Diego, California). Esta ciudad surcada por autopistas de asfalto impoluto y en la que es casi imposible llegar a algún lado sin disponer de un auto parece un escenario improbable para preocupaciones ambientales.
Sin embargo, después de que cinco estudios independientes confirmaron que no existe ningún tipo de evidencia sólida que respalde las acusaciones de ocultar información y manipular datos para fortalecer los argumentos a favor del cambio climático que padecieron científicos británicos durante el llamado "climategate" (y de que este domingo un editorial de The New York Times se refiriera a la historia como una "controversia manipulada"), la geóloga Naomi Oreskes capturó la atención de los participantes en el VII Taller Jack Ealy, que esta semana realiza el Instituto de las Américas en la Universidad de California, con sus investigaciones sobre cuál es la raíz de estos ataques a la ciencia.
En su libro Mercaderes de la duda (Merchants of Doubt, Bloombsbury Press, 2010), escrito con Erik Conway, ella desteje la trama que echa a rodar la incertidumbre sobre este consenso científico y llega a la conclusión de que se origina en la acción de un puñado de científicos de ideología fundamentalista, alimentados por algunas decenas de millones de dólares y oscuros intereses de corporaciones ligadas, entre otros, a los intereses del tabaco.
Este tipo de teorías conspirativas que hoy minan los acuerdos sobre cambio climático, pero que en otras ocasiones intentan negar que el VIH cause el sida o que existe la evolución “aunque las evidencias sean abrumadoras”, no son nada banales y desnudan la carencia de pensamiento científico y racionalidad crítica que impera en una sociedad donde se asigna el mismo valor a una prédica trasnochada que a consensos de cientos de investigadores logrados tras años de estudios arduos y rigurosos.
No hace mucho, Martin McKee, epidemiólogo de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, detalló en New Scientist algunas de las estrategias de las que se valen los "negadores" profesionales: utilizar a falsos expertos que tengan una fachada de respetabilidad; resaltar ciertas evidencias y criticar otras, o respaldar datos que ya fueron desacreditados; exigir estándares imposibles a sus oponentes diciendo que la evidencia existente no es suficiente; emplear falacias lógicas, y crear la duda sobre conocimiento establecido.
La investigación de Oreskes vuelve a confirmar que en un mundo que depende crecientemente de nuestra capacidad de tomar decisiones informadas cada día es más importante que seamos capaces de despejar la paja del trigo.
Por Nora Bär
15/07/10
LA NACION
