La huella de los cuatriciclos

Si bien hasta ahora no hubo que lamentar muertes en la costa, continúa el uso indebido de los motovehículos, que también perjudica al ecosistema. El escenario de las dunas, típico de Pinamar, es testigo del descontrol, el ruido y el peligro que provoca la moda de los cuatriciclos, vehículos que no resultan aptos para ser utilizados en superficies pavimentadas como rutas, autopistas y calles, sino sobre tierra o arena, que se han convertido ya hace varios años en un boom de la costa atlántica.


Si bien hasta ahora no hubo que lamentar muertes en la costa, continúa el uso indebido de los motovehículos, que también perjudica al ecosistema. El escenario de las dunas, típico de Pinamar, es testigo del descontrol, el ruido y el peligro que provoca la moda de los cuatriciclos, vehículos que no resultan aptos para ser utilizados en superficies pavimentadas como rutas, autopistas y calles, sino sobre tierra o arena, que se han convertido ya hace varios años en un boom de la costa atlántica.

Lo peligroso de esta moda es la escasa toma de conciencia y la falta de responsabilidad de muchos padres que entregan estos vehículos a menores de edad, sin comprender que los están dotando de un arma potencialmente mortal. Más allá de las vacaciones y del relax en la imposición de límites, a menudo se olvida que los cuatriciclos son máquinas que requieren cumplir con mínimos requisitos de seguridad.

Sin embargo, la permisividad de los adultos se extiende hasta no obligar a los menores a utilizar los elementos imprescindibles de protección, como casco y anteojos, y les permiten conducirlos cualquiera sea su tipo o cilindrada. Tampoco es extraño ver más de dos y tres personas a bordo. Hace poco más de un año, los médanos de La Frontera, en el norte de Pinamar, fueron testigos de la muerte de un niño de diez años, producto de la negligencia de quienes deberían haberlo cuidado.

Es cierto que en la actualidad hay más controles que en los años anteriores con el fin de evitar que estos vehículos sean manejados por menores de edad, que se utilice el casco y que no viajen más de dos personas por vehículo pero, al pasar los puestos de control, la arena de las dunas se convierte en tierra de nadie y los motovehículos no son conducidos por los adultos que pasaron frente a los controladores, sino por niños y jóvenes que los utilizan sin precaución alguna. Por otro lado, poco se respetan las áreas donde se prohíbe la circulación de estos vehículos, que impactan en sitios sensibles donde a menudo anidan aves migratorias.

El hashtag #cuatri abunda en las redes sociales, pero pocos se detienen a mirar en profundidad la foto o el video que tomaron. Pocos reparan en las huellas que dejan los cuatriciclos en nuestros médanos, causando un impacto a veces imperceptible pero profundo en el ecosistema. Pareciera que se prefiere el ruido de los motores al sonido del mar y que el hecho de caminar ha sido reemplazado por la circulación de estos ciclomotores.

Pueden sancionarse nuevas leyes o modificarse las existentes, pero de poco servirá si la práctica muestra una realidad diferente. De escasa utilidad será imponer una multa o secuestrar el vehículo por algunas horas si, al poco tiempo, se olvida lo ocurrido.

Es bienvenido el control que se realiza y merece elogiarse, pero aún resulta insuficiente. Es necesario llevar a cabo una verdadera campaña de concientización para jóvenes y adultos, de modo de difundir los riesgos en que se incurre y los daños que causa el uso negligente e irregular de los cuatriciclos en las playas. (La nación)

05/02/15

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio