Cuando naufragó el buque chileno Polar Mist, cerca de la boca oriental del Estrecho de Magallanes, el 18 de enero de 2009, muchos se preguntaron si iba ser posible rescatar su valioso cargamento, debido a lo complicado de la zona donde se hundió.
Cuando naufragó el buque chileno Polar Mist, cerca de la boca oriental del Estrecho de Magallanes, el 18 de enero de 2009, muchos se preguntaron si iba ser posible rescatar su valioso cargamento, debido a lo complicado de la zona donde se hundió.
Al comienzo se contrató a una empresa noruega y al buque Skandi Patagonia para realizar la operación de rescate, pero ésta fracasó y no pudieron bajar al fondo, tanto por razones operacionales como sindicales.
Fue aquí cuando entró en acción la empresa chilena de Obras Marítimas e Ingeniería Submarina (STS), con base en la ciudad de Quintero, en la Quinta Región.
El socio de la empresa STS y quien estuvo a cargo de las faenas de rescate, Claudio Castro, indicó que fueron contactados desde Holanda e Inglaterra para consultarles si tenían la capacidad de realizar una operación de este tipo, a lo que respondieron afirmativamente.
“Nosotros hemos estado trabajando en Punta Arenas los últimos 30 años en diversos proyectos y en los últimos 15 años comenzamos a desarrollar esta tecnología. En un primer momento se trabajó en conjunto con la Empresa Nacional del Petróleo (Enap), pero luego seguimos solos, desarrollando la tecnología de los equipos de alta profundidad de saturación y campana cerrada, que es lo que nos permitió realizar este trabajo, que hace 10 años no existía en Chile”, indico Castro.
Castro comenta que la capacidad de realizar este tipo de trabajos no existe en el resto de Sudamérica, salvo en Brasil. “No tienen tecnología para colocar a un buzo a más de 50 metros en el 90 % de los países sudamericanos. Esta tecnología permite poner a un buzo a 300 metros si quieres. Nosotros por nuestra cuenta hemos desarrollado durante los últimos años, con recursos propios, de manera de nivelarnos con respecto a lo que están haciendo en otras partes del mundo. Hace cuatro años que contamos con este sistema de buceo de alta profundidad, que es uno de los 64 que hay en el mundo”, señaló.
Complicada labor
La empresa STS sólo tuvo una semana para preparar el trabajo que se iba a realizar en las complicadas aguas del atlántico. “Nosotros nos dimos cuenta que nos habíamos estado preparando durante todos estos años para un desafío como éste y saltamos al proyecto”, dijo enfático Castro.
Se trató de una operación de envergadura, puesto que tuvieron que trasladar a Punta Arenas 120 toneladas de equipos y a más de 30 profesionales de la división de servicios submarinos de la empresa STS. Aquí los esperaba el buque C-Sailor para trasladarlos al lugar del hundimiento, hacia donde partieron el 8 de julio.
El rescate de la carga comenzó de inmediato. Las condiciones meteorológicas del lugar eran inclementes, con presencia de nieve, viento de 30 nudos, olas de 2,5 metros, corrientes submarinas de más de dos nudos de velocidad y escasa visibilidad en el fondo del mar.
Lo primero que se hizo fue identificar donde estaban las bodegas del Polar Mist. Se comenzó con la extracción de las cajas y después con los lingotes de las distintas bodegas del barco.
Castro explicó que la rutina de rescate fue muy dura, porque se trabajó 24 horas al día.
“Teníamos cuatro buceos al día, que duraban dos horas cada uno, con seis horas de descompresión entre medio. El proceso era muy continuo. Terminaba una descompresión y ya estaban bajando a los nuevos buzos. Durante los días de trabajo logramos recuperar el 100% de la carga”, dijo.
El encargado de la faena de rescate indicó que nunca se les cayó una carga de ningún canasto que se estuviera subiendo, que se recuperó el 100% de la carga y que no hubo accidentes.
“La experiencia de los buzos chilenos fue extraordinaria. No buceó ningún buzo que no fuera chileno, aun cuando teníamos en nuestra tripulación a mexicanos y argentinos. Sólo profesionales chilenos bajaron al Polar Mist. Eran 14 buzos de alta profundidad y más de 18 de soporte, que trabajaban en superficie”, indicó Castro.
La última inmersión se realizó el 1 de agosto, luego de lo cual el buque C-Sailor se dirigió al puerto de Punta Quilla, en la provincia de Santa Cruz, en Argentina, para entregar la valiosa carga recuperada. Se trató de 474 lingotes, con un peso aproximado de 9,5 toneladas.
Castro finalizó diciendo que “con el éxito de la operación de rescate se eliminaron muchas suspicacias en cuanto a falta de oro o pérdidas de éste en el proceso del hundimiento, por lo que nuestro trabajo contribuyó a esclarecer este hecho”.
12/08/09
EL PINGÜINO

