Las Malvinas no están en la prioridad de la opinión pública argentina, pero es un tema que si se plantea -como está sucediendo- hace resurgir el nacionalismo tanto en la Argentina como en Gran Bretaña.
Las Malvinas no están en la prioridad de la opinión pública argentina, pero es un tema que si se plantea -como está sucediendo- hace resurgir el nacionalismo tanto en la Argentina como en Gran Bretaña.
Nueve de cada diez argentinos piensan que las Malvinas son argentinas y que deben ser recuperadas. Pero las prioridades pasan por otras cuestiones como la inseguridad, la inflación, la economía, etc., aunque si escala el conflicto, el primer valor puede relegar a los restantes por un tiempo, como pasó hace treinta años con la guerra.
El objetivo formal de la estrategia del gobierno argentino es forzar al gobierno británico a negociar sobre la soberanía de las islas. Pero en la coyuntura, el tratamiento del conflicto permite hacer resurgir el nacionalismo en momentos que hay fisuras dentro de la coalición oficialista y limitaciones que antes no existían en la economía (conflictos son sindicatos, diferencias por los aumentos salariales, incremento de tarifas de servicios públicos, protestas contra la minería, etc.).
Los discursos de la presidenta Cristina Kirchner van mostrando un sesgo nacionalista en este sentido y la denominación de Crucero General Belgrano al torneo de fútbol de primera división es una manifestación en este sentido. Que militantes oficialistas movilizados por la agrupación La Cámpora quemaran una bandera británica frente a la Embajada inglesa en Buenos Aires es un ejemplo elocuente en este sentido, sin que el hecho haya motivado ningún repudio o condena por parte de las autoridades argentinas.
La Presidenta sostuvo que se ha logrado globalizar el tema Malvinas, entendiendo por ello haberlo instalado en el plano internacional y ya no sólo en el regional. La denuncia de militarización ante la UN realizada en el discurso tiene muy pocas posibilidades de obtener una resolución favorable a la Argentina, pero sí contribuye a esta globalización del conflicto que la diplomacia argentina cree le conviene en este momento. Si el tema llegara al Consejo de Seguridad -lo que es improbable- y el Reino Unido ejerciera el veto, la Argentina lo consideraría una victoria diplomática que evidenciaría el aislamiento del Reino Unido.
En el ámbito regional, el apoyo del Mercosur y de Unasur ha tenido un efecto político y diplomático pero de limitadas consecuencias prácticas, dado que siguen atracando en puertos de América del Sur los buques británicos, los de la armada británica -como sucedió en enero con el rompehielos británico que hizo escala hacia Malvinas- y los buques de terceras banderas que se dirigen o retornan de las islas. Es una medida que no influye en realidad sobre la vida de las islas, pero que políticamente muestra respaldo regional a favor de la Argentina.
En cuanto a la suspensión de los vuelos de Chile hacia las islas que las abastecen de alimentos frescos que se esperaba anunciara la Presidenta en su último discurso, no hacerlo es una medida prudente.
Cabe recordar que la Presidenta ha firmado ya en 2010 un decreto que impide a los buques que se dirijan a Malvinas, de la bandera que sean, pasar por aguas argentinas y otro que impide los vuelos hacia las islas a través del espacio aéreo argentino. El primero lo aplicó por primera vez en diciembre con un pesquero español que salió de Montevideo, aunque las autoridades uruguayas impidieron la aplicación porque tuvo lugar en aguas binacionales de los dos países en el Río de la Plata.
La posibilidad de aplicarlo para el vuelo de la empresa aérea LAN que pasa por el espacio aéreo argentino sobre la provincia de Santa Cruz y une la ciudad chilena de Punta Arenas con Malvinas, es materia de análisis en el gobierno argentino. Pero el embajador argentino en Chile ha dicho que su gobierno no ha pedido la suspensión este vuelo y ello es un indicador de que la aplicación de este decreto se sigue postergando.
De aplicarse, si Chile decide mantener el vuelo sería necesario un trayecto más largo pasando al sur de Tierra del Fuego. Lo haría más caro y posiblemente tendría que realizarse utilizando aviones de mayor alcance que los utilizados hasta ahora. La decisión argentina complicaría el vuelo, pero no lo impide si no pasa sobre el territorio argentino.
Otra cuestión es la actitud que decida adoptar Chile en caso de que la Argentina le pida que suspenda el vuelo. La estrategia argentina es aislar a las islas logísticamente para obligar a Londres a negociar bilateralmente la soberanía. Por su parte, Gran Bretaña denunciaría el hecho como un intento de hostigar a los isleños.
Si la Argentina se limita a aplicar el decreto que impide que el vuelo pase por su territorio aéreo y Chile mantiene el vuelo haciéndolo más largo, esto podría ser visto por la Argentina como una voluntad de colaborar con la estrategia inglesa. Pero lo más lógico es que el tema se trate discretamente y se evite que, se adopte la decisión que se adopte, ello genere un conflicto. El diálogo directo entre los dos países es bueno y ello debería evitarlo.
No cabe duda que el gran tema de largo plazo en el Atlántico Sur son los recursos naturales de la Antártida, aunque ésta esté internacionalizada. No hay que olvidar que este Tratado está firmado sólo por 48 países y no lo han firmado más de dos tercios de los países, incluidas potencias importantes.
El Reino Unido reclama soberanía territorial sobre la Antártida a partir de su presencia en Malvinas y otras islas como las Georgias y esta pretensión de soberanía choca con las que sostienen la Argentina y Chile.
Hacia adelante, la Presidenta argentina el 2 de abril presidirá un acto en Ushuaia al cumplirse los 30 años del desembarco militar argentino en las islas que inició la guerra ganada por Gran Bretaña. El gobierno argentino busca que su mensaje sea leído al mismo tiempo en las principales ciudades del mundo, en actos convocados a nivel mundial para combatir el colonialismo. Una semana después llevará el tema a la VI Cumbre de Presidentes de las Américas, que se realiza en Cartagena, para lo cual tendrá el apoyo de la mayoría de los países latinoamericanos y en especial del Alba. En junio se haría presente en la reunión del Comité de Descolonización de la UN que trata el tema anualmente. Sería la primera vez en la historia que un Presidente argentino asiste a esta reunión.
Por Rosendo Fraga
15/02/12
EL LIBERAL.COM.AR
