La fundación y el nacimiento de la puerta del sur

231º aniversario de Carmen de Patagones y Viedma 

231º aniversario de Carmen de Patagones y Viedma 

La Argentina Patagónica, en términos políticos, geopolíticos y culturales, nació a orillas del río Negro hace exactamente 231 años, que se cumplen hoy, marcando un nuevo aniversario de las ciudades de Viedma y Carmen de Patagones.
    
El origen de ambas comunidades, que nacieron juntas pero que por un desatino de las autoridades porteñas fueron escindidas en 1878 para pertenecer a jurisdicciones distintas, cifran los momentos más significativos de una Argentina distinta y singular que comprende la región más vasta del país.
    
La fundación reconoce sus causas a partir del momento en que el río de la Plata y sus zonas adyacentes adquirieron con el correr del siglo XVIII una importancia estratégica y económica que no pudo soslayar la Corona.
    
España, que había sido desplazada del lugar hegemónico que ocupó en el dominio de los mares, comenzó a atender con cierta preocupación el comportamiento de algunas naciones europeas –especialmente el de Inglaterra– que no ocultaban su voluntad de infiltrar económica y militarmente los puntos más alejados del globo.
    
En Manchester, en 1774, el sacerdote jesuita Tomás Falkner publicó su libro Descripción de la Patagonia y lugares adyacentes de Sur América que sirvió de alerta y estímulo para la decisión que más tarde adoptaría España con relación a la ocupación de los territorios patagónicos.
    
España interpretó que era una invitación para que Inglaterra adoptara una política de ocupación de la Patagonia y comprendió, con buen tino, que era hora de articular una política activa que atendiera sus intereses sobre el sur del Virreinato.
    
El ministro Universal de Indias, José de Gálvez, fue el encargado de redactar la real orden que materializó la nueva política que el Virreinato del Río de la Plata debía aplicar en su jurisdicción.
    
Este fue el primer paso dado por España para ocupar la Patagonia de modo permanente. El Virreinato del Río de la Plata, creado hacía dos años, necesitaba este auxilio de la Corona para poner fin a las acechanzas que experimentaba en sus territorios. 
Recién en 1779 prosperaría este objetivo, especialmente a partir del descubrimiento del río Negro y la fundación del Fuerte y Población Nuestra Señora del Carmen.
    
El 20 de junio de 1778, a bordo del buque correo "La Diana", parten de España los hombres designados por la Corona para la difícil empresa de afianzar los dominios patagónicos.
    
Sesenta y nueve días les demandó la travesía hasta el Nuevo Mundo. El 7 de enero de 1779 los expedicionarios desembarcaron en la Patagonia. Los aguardó un paisaje árido y desolador, sin agua. Emprendieron largas marchas hasta dar con la primera fuente, pero "era tan salada que nadie pudo beber de ella".
    
Las duras condiciones del medio empujaron a la deserción. Muchos abandonaron la partida para tener que regresar al poco tiempo expulsados por el desierto.
    
El 22 de febrero de 1779 Villarino descubre el río Negro y Viedma ya no duda: intuye que allí lo aguarda el destino para concretar el proyecto de poblar la Patagonia.
    
El andaluz había nacido en Jaén el 11 de enero de 1737. Nunca debió haber sospechado que sería elegido para la misión que le confió su país, tal como queda revelado al enterarse de la noticia.
    
El ministro universal de Indias –el arquitecto de la expedición a la Patagonia– entendió, como lo señaló Pedro de Angelis, que la condición de agricultor de Viedma lo hacía el hombre más indicado para viajar a los últimos confines del imperio.

El nacimiento
El 22 de abril de 1779 Francisco de Viedma llega a la ribera de la ciudad que tomaría su nombre para hacer "un muro incontrastable a los enemigos de la Corona, de seguridad de esta Capital, de fomento a su comercio y de medio para propagar nuestra religión…".
    
Pero la empresa apenas comenzaba. Las limitaciones materiales, la hostilidad del clima, la alteridad del indio sublevaban los ánimos de los primeros colonos.
    
Reclamaban una mejor paga, más alimentos, herramientas para cumplir las tareas de labrantía, seguridades de que su esfuerzo no era en vano.
    
Las autoridades no le prestaron eco pero continuó su trabajo. Dispuso la construcción de embarcaciones para remontar el río. Alguien avisó al Virrey de estos propósitos.
    
Se lo impidieron. Él acató la orden inexplicable: paralizó las obras del rústico astillero y volcó todo su fervor en los trigales.
    
Envió granos a Buenos Aires, sal, ganado salvaje. Demostró que su proyecto estaba en marcha. Nadie, allá, en Buenos Aires, lo admitió. El Virrey escribe a Gálvez: "…nada se ha determinado en cuanto a levantar los establecimientos, hasta la resolución de Su Majestad, dejando reducidas las obras a lo que ya he dicho…". Y agrega: "… parecería como preciso que subsistiese el de Río Negro por lo mucho que se ha gastado en él y porque de allí puede conducirse la sal, pero reducido el Fuerte a la cortísima población que se pudiere mantener a su abrigo".
    
El ministro universal, que cinco años antes había dispuesto la empresa de Viedma, oyó los consejos del Virrey. El 1 de agosto de 1783 dictó la Orden Real: dispone el abandono de la costa patagónica y la remoción de Francisco de Viedma. Seis días después le asignó un nuevo destino: lo nombra gobernador e intendente de Santa Cruz de la Sierra y Cochabamba, en el Alto Perú, donde terminará sus días el 28 de junio de 1809.
    
Pero ya había nacido el Fuerte y Población Nuestra Señora del Carmen, el único establecimiento que los españoles lograron sostener de los cinco que estaban dispuestos a mantener sobre la costa patagónica.
    
Su importancia, desde el punto de vista geopolítico, es relevante y su función, la que dio origen a la fundación, se mantuvo hasta bien entrado el siglo XIX.
    
En 1827, en un hecho no del todo conocido, la población tuvo que armarse en defensa del Fuerte para enfrentar a una poderosa escuadra del Imperio del Brasil que pretendió sin éxito dejar fuera de operaciones el puerto del río Negro en el contexto de la guerra que debieron librar las Provincias Unidas del Río de la Plata. Este hecho, a juicio de la gran historiadora maragata, Emma Nozzi, significó el momento en el que la Patagonia se bautizó de Argentina.
    
Hasta esos días Viedma y Carmen de Patagones no existían como tales y constituían una sola población unificadas bajo el gobierno que residía sobre la margen norte del río.
    
Recién en 1878, al crearse la gobernación de la Patagonia, ambos pueblos se separaron en jurisdicciones distintas.
    
Viedma, que hasta ese momento guardaba el nombre de Mercedes de Patagones, pasó a ser la capital del nuevo territorio nacional que se extendía hasta el extremo sur de la Patria y, Carmen de Patagones, fue designada como la población cabecera del partido más austral de la provincia de Buenos Aires.
    
En 1882, el gobierno nacional dispuso una nueva división territorial de la Patagonia y Viedma comenzó a ejercer el rol de capital del flamante Territorio Nacional del Río Negro.

La gran inundación
En el invierno de 1899 Viedma enfrentó uno de los momentos más críticos de su historia.
    
Una inundación arrasó por completo las precarias viviendas de sus pobladores y, con la excepción de unos contados edificios públicos, y de manera emblemática, el edificio de los padres Salesianos, la pequeña ciudad quedó totalmente destruida.
    
Es justamente este edificio donde funciona en la actualidad la unidad de trabajo de la sede Viedma de la Universidad Nacional de Río Negro, uno de los sitios del patrimonio de los viedmenses de mayor relevancia desde el punto de vista de su identidad.
    
Fue el lugar desde donde los salesianos comenzaron a concretar el proyecto evangelizador de Don Bosco, con fuerte énfasis en la educación inicial –a través del Colegio San Francisco de Sales– y, a posteriori, con la creación de la Escuela de Artes y Oficios.
    
Fueron también los creadores de la primera biblioteca pública de la Patagonia, inaugurada el mismo día en que entró en funciones el primer faro de la región más vasta del país, en 1887, sobre el litoral atlántico de Viedma.
    
La educación y la cultura tuvieron durante muchos años en Viedma un rasgo superlativo, cuyos beneficios se proyectaron hacia toda la Patagonia.
    
Ya en los orígenes del Fuerte y Población Nuestra Señora del Carmen, en 1782, Juan Gómez de la Pinta, creó la primera escuela de la Patagonia. Pero sin duda, la creación de la Escuela Normal Mixta, decidida en una asamblea de vecinos que se lleva a cabo el 22 de febrero de 1917, convocada por el presidente de la Municipalidad de Viedma, y de la que surge una comisión para concretar el proyecto integrada por E.I. Schieroni, C. López y el presbítero Luis Pedemonte, es uno de los hechos más significativos de la función que cumple Viedma en el campo de la educación.
    
En 1922 la escuela es reconocida por el Estado y durante décadas formó maestros que llevarán sus saberes a cada rincón del sur del país.
    
Los jóvenes de Río Negro y la Patagonia tenían en Viedma el único centro para acceder a la escuela media y así llegaban de todos los puntos de la región para formarse como maestros normales.
    
Pero en Viedma también se publicó el primer periódico de la provincia, "El Río Negro" , de los hermanos Guimaraens, que apareció el 15 de junio de 1879 y el primer libro impreso en la provincia, en 1864, Apuntes históricos del Río Negro, del historiador J.J. Biedma.
    
La lista de hechos fundacionales vinculados a la educación y a la cultura es extensa. Más cercanos a nuestro tiempo podemos apuntar la creación del Instituto Superior del Profesorado de Río Negro (1962), creado por iniciativa del gobernador Castello y que nutrió, años después, la naciente Universidad Nacional del Comahue y su asentamiento local.
    
En nuestros días, la elección de Viedma como sede del rectorado de la Universidad Nacional de Río Negro se constituye –en esta línea– en un reconocimiento al rol que cumplió la ciudad como un faro de cultura en la Patagonia, rol que debe servir para repensar a Viedma como la gran ciudad universitaria del siglo XXI.
Por Pedro Pesatti ( Legislador de Río Negro)

22/04/10
LA NUEVA PROVINCIA

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