La consciencia de las cargas

Un caso reciente da cuenta de por qué es imprescindible que la carga tome consciencia -y hagan lo que esté a su alcance con las autoridades para que también apunten- de los conflictos e interrupciones que se suscitan en la cadena logística, más precisamente, en la llegada y partida de buques a puerto.


Un caso reciente da cuenta de por qué es imprescindible que la carga tome consciencia -y hagan lo que esté a su alcance con las autoridades para que también apunten- de los conflictos e interrupciones que se suscitan en la cadena logística, más precisamente, en la llegada y partida de buques a puerto.

Se extendió hasta la resignación la práctica del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU) de condicionar los servicios de remolque (el sindicato llama al contramaestre de las embarcaciones y le “indica” a qué barco prestarle servicio y a qué barco no) a la presentación de documentos y certificados laborales en nombre de la Federación Internacional de Trabajadores del Transporte (ITF).

La semana última, el buque “CMA CGM MOLIERE” llegaba con tres días de demora ya a Exolgan. Cuando solicita el servicio de remolque -contratado con Maruba- es rechazado. No por la empresa de remolque, sino por el personal a bordo, que recibió instrucciones del SOMU: el “MOLIERE” está embanderado en Malta, un pabellón de conveniencia, y el SOMU invoca un mandato internacional de la ITF en lucha permanente contra este tipo de banderas. (Dicho sea de paso, según la cámara que reúne en el país a los armadores internacionales, no existe en el mundo registro de una práctica de estas características). No obstante, el SOMU pidió por los certificados de trabajo del personal a bordo del Moliere. Le dieron los certificados, pero faltaba siempre alguna validación.

El “MOLIERE” traía carga sensible: piezas para el ensamblado de la línea Fluence de Renault, autopartes para PSA (Peugeot-Citroën) e insumos para Tierra del Fuego. Las líneas de producción de las automotrices y las ensambladoras de productos tecnológicos en el Sur debían esperar para ver cómo se dirimía un conflicto ajeno.

El armador, por su parte, presentó una queja en la ITF, en Europa. La comunicación desde la central obrera internacional llegó directamente al SOMU. Prohibía invocar a la ITF para condicionar el remolque por esta causa (constancia de certificado Azul de embarque). Esta advertencia se sumó a la queja de la delegación panameña (la bandera con más buques en el mundo) frente a la Organización Marítima Internacional por la misma práctica del gremio argentino.

En el plano local, el Centro de Navegación emitió una dura carta a la Cámara de Armadores de Remolcadores advirtiendo sobre reclamos inminentes.

El SOMU, finalmente, recibió al “MOLIERE”. Pero demoró la salida otro buque del mismo armador. Simple retaliación.

Toda la cadena se perjudica de este factor de presión sindical que genera una evidente impotencia de las empresas de remolque y provoca el hartazgo de las navieras. Es hora de que las cargas, cliente final, tome cartas en este asunto.

Por Emiliano Galli

13/11/12

LA NACION

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